Entrevista

Carmen Lomana: «El satisfyer me parece un pingüino de goma»

Ha participado en «Supervivientes», no tiene pelos en la lengua y es una diosa para la legión de lomanistas

CARMEN LOMANA
CARMEN LOMANALA RAZONLA RAZON

«No creo en Dios, creo en Lomana: Así rezaba el primer mandamiento de los Lomanistas, la logia secreta que decidió, al contrario de lo que normalmente sucede con los ídolos del Olimpo, acercar a su diosa al vulgo para que todos participaran de su grandeza inalcanzable. Así, de repente, la diosa estaba descalza en «Supervivientes», la diosa no tenía «cash» o la diosa se tiraba de los pelos con la princesa del pueblo. Pero no por eso, dejó de ser menos diosa. Diosa que escribe (en estas páginas), diosa que va a la tele y habla con angeles caídos (Miguel Bosé) y diosa con redes sociales que arden. La por siempre bendita y alabada, Carmen Lomana.

–¿Si Carmen Lomana no existiera, habría que inventarla?

–No creo que fuera necesario. Alguien dijo una vez que a la calle Ortega y Gasset habría que cambiarle el nombre por el mío. Aunque solo fuera por eso...

–¿Siempre quiso ser una «celebrity»?

–Nunca se me pasó por la cabeza la idea. Más que «celebrity», me considero una persona popular.

–¿La frivolidad es un estado de ánimo o una postura política?

–La frivolidad forma parte de la inteligencia para sobrellevar la vida.

–¿Se puede ser «fashionista» sin interrupción?

–Se debe. Se debe vivir con un sentido de la estética, de la belleza, de estar rodeado, no de zafiedad, sino de todo lo contrario: sofisticación.

–¿Cuando cayó enamorada de la moda juvenil?

–Tenía 2 o 3 años. Ya de niña era muy tremenda con la ropa. Mi primer desfile fue un desfile de abriguitos de piel para niña.

–¿Barbie y usted se llevaron bien de pequeñas?

–No. Barbie me parecía una cursi. Supongo que si eres pequeña y te dan una muñeca con cuerpo de mujer, con tetitas y con todo, no te identificas.

–¿Soportó ir vestida de uniforme durante toda su infancia o tomaba lexatín infantil?

–Le daba mis toques… No aguantaba la corbata. Era superior a mis fuerzas. Siempre he sido muy femenina y eso me parecía una cosa de hombres.

–¿En su armario podría encontrar un chándal, un calcetín de tenis, unas frogg?

–Podría encontrar unas Ugg que me encantan; el chándal típico no, porque te hace gorda y me horroriza, pero este año, con el coronavirus y el confinamiento, me he hecho con ropa sport bastante bonita y con calcetín, claro.

–Coco Chanel dijo: «El acto más valiente es pensar por una misma. En voz alta». ¿Usted no cree que más de uno/a debiera callarse un poquito?

–Debieran de callarse muchos. El por qué no te callas del Rey emérito se lo diría a tanta gente…

–Dicen que Marilyn Monroe pensaba que era invisible hasta que le salieron las tetas, usted cuando se dio cuenta de que la tomaban en serio?

–El verano en que cumplí 13 años. Ese verano pasé de ser la niña que nadie mira, a ser «la wow», me llamaban «La Promesa». Fue mi verano triunfante. Todos los chicos andaban detrás de mí.

–¿Sus amigos ya tienen cash?

–Cada vez menos. Cuando estaban recuperándose, llegó esto.

–Otra de Coco: «Si estás triste, ponte más pintalabios y ataca» Basta con el «lipsticki».

–Unos labios rojos te cambian la vida. Muchas veces digo: «hoy me voy a poner morritos rojos». Y eso que ahora solo sé yo que los llevo. Con la mascarilla, es psicológico, pero sirve: te dan poderío.

–Más de Chanel: «Una mujer debería ser dos cosas: elegante y fabulosa». ¿No cree que las nuevas feministas se le echarían a la yugular?

–Estoy totalmente de acuerdo con Coco. Las nuevas feministas no me representan. Muchas veces me avergüenzan.

–La última: «Nunca se está suficientemente delgada ni se es suficientemente rica». Corrija si es necesario.

–Suficientemente delgada, lo corrijo. Hay que estar en su punto. Y el dinero, depende de la ambición de cada uno.

–Otra más: «La elegancia implica renuncia». ¿A cuántas cosas ha renunciado usted para serlo tanto?

–Yo creo que no he renunciado a nada… La elegancia no es forzada. Es algo que se lleva dentro y no depende de lo que lleves puesto. Y más importante incluso que la elegancia es el estilo.

–Moda y política y televisión… Warhol habría enloquecido con usted…

–Y yo con él. Hubiéramos enloquecido mutuamente porque a mi me gusta mucho la gente con un punto extravagante, transgresor, bohemio.

–Esa prenda y ese diseñador que jamás ha entendido…

–Procuro entender a todos los diseñadores. No he tenido ninguna fobia. Y en cuanto a la prenda: las plataformas. No las puedo soportar. Me parecen la antielegancia.

–¿Su prenda fetiche?

–Soy muy de sueter de cuello alto negro con un pitillo

–¿Y su fetiche (sin prenda)?

–¡Uy! Yo soy sosísima… Me regalaron un satisfyer y, cuando lo ví, me pareció un pingüino de goma. Como no sabía qué hacer con él, lo metí en la caja fuerte. Y ahí debe seguir.