Tristeza

La triste muerte del popular vidente Octavio Aceves

Olvidado, presa del Alzheimer e ingresado en una residencia geriátrica

Se codeó con lo más granado de la sociedad española, con los rostros más populares, era el vidente de los famosos, un hombre querido y respetado… hasta que un buen día desapareció de escena cuando el alzheimer se adueño de sus actos y su mente.

Octavio Aceves tenía 73 años y vivía desde el 2018 en una residencia geriátrica de Almonacid, un pequeño pueblo de Guadalajara.

AGATHA RUIZ DE LA PRADA Y OCTAVIO ACEVES EN EL RASTRILLO DE NUEVO FUTURO
AGATHA RUIZ DE LA PRADA Y OCTAVIO ACEVES EN EL RASTRILLO DE NUEVO FUTUROJavier Fernández LargoLa Razón

Octavio murió ayer sábado, a las siete y media de la mañana y será incinerado en un tanatorio de la capital, cumpliendo así sus deseos.

Era un hombre bueno, un ser de luz, un amigo incondicional al que la vida le dio la espalda y le llenó de deudas injustas, de préstamos utilizados para mantener una consulta que cada vez contaba con menos clientela.

Aquellos que le adulaban, personajes populares a los que hoy no merece la pena ni nombrar, le dieron de lado al enterarse de su decadencia. Algunos eran amigos ocasionales, de esos que acuden al olor del dinero. Porque Octavio era un ser generoso que pensaba más en los problemas de los demás que en los suyos.

VICTORIA VERA Y OCTAVIO ACEVES
VICTORIA VERA Y OCTAVIO ACEVESConnie G. santosLa Razón

La última vez que nos vimos, y mira que fuimos grandes amigos, ya no se acordaba de mí. Le entrevisté en su habitación de la residencia, un dormitorio y un pequeño salón en el que reunía toda una vida plagada de recuerdos. Ese día le dieron un homenaje porque cumplía setenta y un años. Todos le querían en el centro geriátrico, aunque muy pocos conocían el extenso curriculum de un vidente que podía presumir de su amistad con la mismísima reina Sofía, de la que fue profesor de una asignatura relacionada con las filosofías orientales.

Futurólogo, escritor, psicólogo, modelo de desnudos en su juventud, cantante lírico, se ha ido de este mundo casi en soledad, con la sola compañía de su secretaria Macarena, Cesar, esposo de la anterior, y su gran amigo Rubén. El resto, incluytendo a su madre, hermana y sobrina, recibieron la noticia del fallecimiento en Palma de Mallora, y no han viajado a Guadalajara para darle su último adiós.

Macarena habla para La Razón y desvela que “Octavio no se merece que le hayan olvidado todos aquellos a los que tanto ayudó, esos que se llamaban sus amigos y solo lo eran por interés. Murió por un fallo multiorgánico, tras sufrir una fuerte infección de orina, y le van a incinerar este domingo a las cuatro y media de la tarde en el cementerio de Guadalajara, que era lo que él quería.

Curiosamente, tras estar mes y medio ingresado en un hospital, su estado de salud había mejorado, a mi marido y a mí nos reconocía, el alzheimer le hizo olvidar muchos recuerdos de su pasado, pero todavía le venían a la mente otros.”

A la fiel e incondicional amiga y secretaria le duele que “la gente no le llamaba, era como si no existiera, los que le ofrecieron su amistad solamente para sacarle el dinero, desaparecieron cuando lo perdió todo. Me da mucha rabia.”

Cuando esta semana le ingresaron en el hospital llegó con la tensión muy baja, la infección le pasó a la sangre y no pudo remontar.

“El dinero de la venta de su piso de la madrileña calle Princesa sirvió para pagar deudas y su estancia en la residencia. Que se sepa no ha dejado testamento. Hay poco que heredar, recuerdos de un pasado ilustre, fotografías, algún cuadro, documentos, libros y poco más. Quien lo tuvo todo ha muerto sin nada.