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Andrés Pajares: “Tuve mi primera experiencia sexual con 4 años”

Lo ha visto y vivido casi todo y tras años de tormenta le ha llegado la calma a su vida. Tiene sus memorias listas y un monólogo de teatro le espera. Hoy cumple 79 años.

Lo ha visto y vivido casi todo y tras años de tormenta le ha llegado la calma a su vida. Tiene sus memorias listas y un monólogo de teatro le espera. Hoy cumple 79 años.

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Nació un 6 de abril de 1940, justo un año y cinco días después de que acabara la Guerra Civil. Las bombas se habían callado meses atrás y él vivió una infancia dura pero fue un niño feliz. Adoraba a sus padres, Andrés y Mercedes, que le dieron todo lo que tenían a la mano. Andrés Pajares ha entregado sus memorias, un libro en que cuenta lo que ha sido su vida, sus primeros años, los trabajos de pueblo en pueblo, los ocho años en el club Biombo Chino, las noches del Florida Park, la muerte de su querida Maby, la madre de su primogénito, Andrés Burguera. ¿La familia? Bien, gracias. Por ahí prefiere pasar de puntillas.

Demasiado ruido y un color amarillo limón que tiñó una parte de su vida hace diez años. Andrés, María y Eva, sus hijos, están ahora lejos de los titulares que buscaron durante un tiempo. «A veces me pregunto qué he hecho mal como padre», dice. Se ha especulado con su estado de salud y a sus 79 años que cumple hoy es únicamente la espalda lo que le crucifica. No hay demencia senil, ni bipolaridad. «Se han dicho tantas mentiras... No entiendo esa necesidad de quererme hacer daño, esa inquina por parte de una prensa que no sé ni qué color tiene, porque si digo que es amarilla me quedo bastante corto», asegura.

Además de «Mis memorias, antes de que se me olviden» un nuevo espectáculo de teatro le espera quizá para mayo o septiembre, depende de su espalda. Será un día a la semana: «Yo no puedo hacer lo de Arturo Fernández, que es la leche el tío. ¿Has visto cómo se pone los pantalones en escena sin tambalearse?».

–¿Desde cuándo se dedica al espectáculo?

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–Desde hace más de 50 años. Tenía cinco cuando gané mi primer dinero. Fue en Radio Madrid por contar una historia.

–Qué bárbaro. Precocidad es eso.

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–He sido muy precoz, sí. Mi primera relación sexual la tuve a los cuatro años.

–¿Perdón?

–Sí, a los cuatro años. Fue algo muy bonito, pero no te puedo contar nada más porque lo digo en mis memorias.

–Por lo menos le haría más llevadero el colegio Jaime Balmes, al primero que fue...

–Ay, el colegio. Era un pésimo estudiante. Si por mí hubiera sido... pero mi madre se empeñó en que tenía que estudiar para llegar a ser director de banco. Y mira...

–Sus padres siempre han estado muy presentes en su vida.

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–Siempre. Él era un hombre estupendo, muy divertido, que trabajaba de camarero en lo que antes se llamaba un colmado. Triana estaba en la calle Aduana. Allí iban toreros, futbolistas, intelectuales... y no sé si políticos, pues no me imagino a Franco alternando por la zona. Mejor que no lo frecuentaran porque no me interesan nada.

–Pues no está poco agitado el panorama...

–Yo tengo el voto ya preparado. Pero es secreto. Ahora, lo que tengo claro es que hay que votar.

–¿Le invitaron alguna vez a ir al Pardo a los festivales que organizaba el Caudillo?

–Nunca, pero si me hubieran llamado habría ido como un loco. Cualquier decía entonces que no...

–Se me escapa. Estábamos hablando del colegio. ¿Cómo fue su Primera Comunión?

–Lo que recuerdo es el traje horroroso que me puso mi madre, oscuro, y con el pelo para atrás. Parezco el niño de los Addams. Yo lo único que quería es haberla hecho de blanco y de marinero.

–¿Fue un chico sobreprotegido?

–Totalmente. Tuve un hermano 11 años mayor que yo que murió. Mis padres no quisieron volver a tener más hijos, pero, lo que son las cosas, vine al mundo. Para mí ha sido muy jodido ser hijo único. Decía Gila que «la bufanda es la prenda que se pone a los hijos cuando los padres tienen frío». A mí me pusieron además guantes, abrigo, jerseys, gorro..., todo lo que podía llevar encima. En el colegio me llamaban «El guerrero del antifaz» porque solo se me veína los ojos.

–¿Cuándo firmó su primer contrato?

–En 1957. Fue para actuar en el York Club.

Nos enseña una foto. Menuda facha tenía. «Era un chico que empezaba y tenía muchísimas ganas. Siempre me he cuidado bastante», comenta. Debe ser cuestión de genes, le digo al tiempo que le guiño un ojo. ¿Cómo no lo va a pillar? Si empieza a hilvanar anécdotas hay que frenarle. ¿Te cuento lo que me pasó con Mel Brooks?

Sí, pero vamos por orden.

Con él es batalla perdida. Son cientos de recuerdos. De los primeros años de trabajo y de los segundos, pero sin rastro de vida privada. «Mis memorias son eso, las mías, lo que yo he vivido. No he inventado nada que ya bastante me han inventado». Las galas por los pueblos pagadas con una gaseosa, las pensiones de menos de medio pelo, el carnet de «Animador de espectáculo» para la XIV Vuelta Ciclista a España de 1959.

–¿Qué pasó la primera vez que actuó en televisión?

–Quise hace un chiste y dar las gracias a Franco por haber puesto un puerto a mi nombre, el de Pajares. Necesitaba saber si había tenido repercusión porque era una ocasión de oro y me fui a Sepu, el Primark de hoy de la Gran Vía, para ver si alguien me decía algo, si me reconocían. Caray, claro que me reconocieron.

–Llegamos a Mel Brooks. Cuénteme.

–Le conocí en el Hotel Don Pepe de Marbella después de que él hubiera rodado «Las locas aventuras de Robin Hood». Me invitaron a sentarme a su mesa, estaba con Anne Bancroft, su esposa. Acababa yo de terminar «Ay, Carmela», con todo lo que supuso, y él cayó rendido. Yo no dejaba de hablarle de la película de Saura, pero a él le importaba una higa. «Cristóforo Colón», me decía con aspavientos, y venga a reír. Lo que le había gustado era «Cristóbal Colón, de oficio descubridor», para que veas. Algunos de los gags de «Robin Hood» estaban cogidos de ella. Es un genio.

–¿Quién fue Mariano Ozores?

–El hombre que supo más de comedia en España. Un tipo sencillamente estupendo al que quiero, que sabe rodar en tiempo récord, un currante. Lo pasamos en aquella época de maravilla.

–En los 80, cuando hacía pareja con Esteso.

–Él y yo nunca hemos sido pareja. Lo fueron Tip y Coll o Cruz y Raya. Nosotros hicimos 9 películas juntos más un cameo el uno en el filme del otro. Buen tiempo aquel.

–Debió ganar mucho dinero.

–Con el humor he ganado muchísimo, y lo he sabido administrar. De ello sigo viviendo. Sobre todo gané con las galas, lo que hoy llaman bolos.

–Después de obtener el Goya con «¡Ay, Carmela!» ya nada fue igual. ¿Por qué no se marchó a Hollywood?

–Porque mi Hollywood estaba aquí. Me trataban bien, ganaba bastante. No me arrepiento de haberme quedado.

–Hay quien le ha visto siempre como un actor dramático más que cómico.

–Llorando me siento muy bien. Lo hago sin trucos, a lágrima viva, pero el drama da menos dinero que hacer reír.