Belén Esteban: «A muchos les gustaría que me rompiera; no lo conseguirán»

Publica «Ambiciones y reflexiones». La primera edición de sus memorias se agotó a las pocas horas de salir a la venta: «Hay cosas de mi vida que no revelaré jamás»

Belén Esteban
Belén Esteban

Llega vestida de su libro, «Ambiciones y reflexiones» (Espasa), y con un fuerte acento de emoción: «¡Dos ediciones en un día y número uno en ventas! Si me viera mi padre...». Habla de los kilos que le sobran, del traje que lleva («de la tienda de Raquel Bollo») y no le hace falta ser nadie porque es ella misma. Si uno espera a una «crioesfinge» ponderada después de sus confesiones a Boris Izaguirre, pronto se descubre que es una mujer que continúa sin trastiendas. Eso sí... ahora, «tras recuperarme de lo mío» –que evita nombrar–, sí disfruta de patios interiores. Belén, por enésima vez, ha vuelto a sobrevivir a Belén. A reinventarse. Transcurre un corto café con la mujer que cuando tiene algo que decir, lo dice, y cuando no, también. Se marcha a hacerse las fotos como llegó, sin regresar de ninguna parte: más guapa y equilibrada que nunca, sincera como siempre... Con su par de enormes ojos petróleo y su sempiterna hambre en unas manos que no cesan de arañar el viento. Dueña de una indomable sinceridad, responde como un animal caliente con los labios convertidos en un instrumento de memoria.

–Si pudiera retroceder... ¿volvería a sincerarse en canal con Boris Izaguirre?

–Hay momentos en que me pasó, pero repetiría porque me ha servido de terapia, y todo es verdad.

–Fue portada de «Le Monde» y objeto de doctorados... ¿Por qué dicen que le hace daño a la televisión?

–Será porque algunos creen que tanta exposición no es buena, pero creo que, en el fondo, hay envidia.

–¿Qué no ha contado nunca y piensa llevarse a la tumba?

–Más cosas de las que os creéis y que no revelaré jamás.

–¿No teme que, tras este cambio, sin el resorte de sus cabreos, deje de interesar a la audiencia?

–No lo creo. Salgo a la calle y noto el cariño. Desde los taxistas a una señora del pueblo que no reconoce a sus hijas porque tiene Alzheimer y a mí sí.

–Siempre la tildan de futuro «juguete roto»...

–¡Pero si lo llevan diciendo 14 años! Yo digo en el libro que quería aprovechar el tirón hasta que pasara la fiesta, pero ahora es mi profesión. Yo ya no seré un juguete roto, porque el público me respalda, saben que soy de verdad, que pienso como ellos y que no se me ha subido a la cabeza.

–¿Y por qué «pagan» por ver a alguien que podría ser la vecina del cuarto?

–Por eso, porque es la voz que no se oye en la tele. Por eso a muchos les gustaría que me rompiera, pero se joden, que no lo van a conseguir (risas).

–Encarna como nadie el mito de Cenicienta...

–Bueno... Puede ser. No digo que no

–Sólo falta el príncipe...

–Espera, que está de camino... (risas).

–El «rollito» de este verano... ¿fue para ponerse a prueba?

–No hija, ¡por pura necesidad física! (risotadas). Porque corría el peligro de que se me olvidara...

–¿Se siente manejada por el medio?

–Yo sé que cuatro compañeros han «petado» uno a uno... El espectáculo nos puede llevar al límite, pero tienes que saber hasta dónde quieres llegar. Y ahora lo he aprendido a la perfección.

–Siete meses de plena dedicación a usted misma...

–Voy a un terapeuta tres veces por semana, otras tantas veces me hacen análisis clínicos y tengo un seguimiento constante. Estoy muy orgullosa.

–¿No hubo un ingreso en la clínica de López-Ibor, como se comentó?

–No. Y no por temor a que saliera una foto en el psiquiátrico, sino porque consideré que el problema lo podía llevar yo sola en casa, con los míos.

–¿Y qué ha leído en este tiempo?

–Me encanta leer. Estos meses me ha fascinado «Los renglones torcidos de Dios».

–Oí en el Metro decir a una señora que el suyo ha sido el romance más rentable del couché...

–Pero es que lo mío fue una historia de amor, que no sabía que derivaría en esto. Se sienten identificados conmigo.

–Habla de su «problema» con todo tipo de eufemismos...

–No quiero decir adicción ni nombrar la palabra droga, porque duele. Además ya he contado que cada día sólo me obsesionaba tener para «ponerme» el día siguiente, ¿se puede ser más clara?

–¿Su hija sabe algo?

–Jamás ha sabido nada y no leerá el libro. Cuando tenga edad suficiente se lo contaré. Diga lo que diga la gente, está curada de espanto y no hará caso a nadie.

–¿Su adicción fue lo que le hizo apartarse de su marido?

–Ese y otros muchos problemas más. Las interferencias de la gente, su falta de voluntad...

–¿Y se sigue viendo a escondidas con el?

–En absoluto. Lo juro por Dios, digan lo que digan. Y no quiero volver a saber nada de él

–¿Y tampoco ve a su hija, para quien ha sido como un padre?

–Pues no. Ni ha llamado. Pero, tampoco lo hace su padre.... Es el sino de mi Andrea.

–Según un sondeo, si se presentara a unas elecciones quedaría como la tercera fuerza política...

–Ja, ja, ja. Me da orgullo, pero soy sensata y jamás lo intentaría. Pero por fantasear, lo primero que haría sería meter en la cárcel a todos los etarras y los violadores que están soltando. La doctrina que se han sacado de la manga no entiendo por qué la cumplen los políticos: Señores, que somos españoles, no del país que la ha dictado.

–Del libro se desprende que es monárquica, católica, liberal de derechas y del Atleti...

–Todo sí, menos lo de liberal de derechas. Ya no soy de nadie. Los he votado a todos y no han hecho lo que decían que harían. Y del Atleti, ¡hasta la medula!

–¿Y de «la Leti», también?

–Siempre lo he sido, pero ahora, después de la fiesta de LA RAZÓN, hasta la muerte. Ya me llamó una vez el secretario de la Casa Real para darme las gracias por unos zapatos que le envié a la Princesa.

–Y a Rajoy, después de conocerle, también en el periódico, ¿no le va a votar? Mire que no le habló a través de plasma...

–La verdad es que fue encantador. Le dije: «Cómo nos la ha jugado Bárcenas...», y me contestó: «Sí, sí que lo ha hecho».

–Y ahora que se ha codeado con la Princesa, el Presidente y la Vicepresidenta...

–¡Me encantaría conocer al Rey! Y al Papa, que me parece que lleva mucha razón en lo que dice.

–En la tele hay mucha de esas sustancias de las que no quieren hablar... ¿No le da miedo volver a esos platós de Dios?

–Lo tengo ya clarísimo. He dicho muchas veces que no, desde que me recuperé y la vida que llevaba antes no me merecía la pena

–¿En qué ha cambiado?

–No tenía vida y ahora la tengo: madrugo, paseo con mis amigas, voy al cine, disfruto de mi hija, me estoy sacando el carné de conducir... ¡Estoy frita de hacer test! ¡Hasta los cojo...!

–¿Con Lydia Lozano, mejor?

–Sí, pero porque la que ha cambiado he sido yo.

–Y a «los Kikos», ¿les quiere de verdad o lo dice por temor a represalias?

–Les quiero de verdad. ¿Yo, miedo? Además, al Hernández le adoro.

–Y Mila Ximénez...

–Con ella he hablado mucho y su historia me toca. Estar a solas con ella es un privilegio.

–¿No tiene miedo cuando hablan en los descansos o si van de cena y habla más de la cuenta...?

–¿Por si me «venden»? No. Yo sé a quien le cuento mis cosas.

–Si tuviera delante a la Infanta Cristina ¿qué le diría?

–¡Que se divorcie! Por ella, por la Familia Real y por todos.

–Hay momentos memorables en el libro, como cuando habla de que va a casa de la vecina en bata o que su madre se lava las bragas a mano y las tiende en el porche...

–¿Quién no ha hecho eso alguna vez? Además, si es verdad, lo cuento. Se han hecho todos muy finos y tienen más cuento que Calleja.

–Siempre le preguntan algo malo de «la Campanario», ¿sabría decirme algo bueno?

–Para mí no tiene nada bueno. No quiero decir nada de ésta. Así de clarito te lo digo, no tengo nada bonito que decir

–¿Hay un patrón común en todos los hombres de su vida?

–No, y el próximo, si llega, ¡por Dios que no se parezca a ninguno! Tienen que venir muchos, y si tienen miedo a salir en las revistas, ya los esconderemos, ¿verdad, Toño? (dice a su representante).

–Belén, ahora más que nunca: ¿¡Arriba la Esteban!?

–Totalmente, y de corazón, ¡ahora más que nunca!

-Apago la grabadora y me da el número de su terapeuta, por favor...

Ficha

«AMBICIONES Y REFLEXIONES»

Belén Esteban

ESPASA

308 páginas. 18,90 euros.