Copa del Rey

Opinión
Entre las muchas cosas que me intrigan, últimamente me tiene sin vivir en mí una aparentemente leve: ¿qué llevará el presidente de la Comunitat Valenciana, Carlos Mazón, en la mochila, esa que carga del hombro con aplomo y porte juvenil cada vez que lo veo en los informativos? Porque lo que nunca ha hecho es vaciarla y mostrar su contenido a las cámaras. En mis tiempos de agudo reportero de catástrofes y sucesos varios, yo le habría preguntado: Presi, ¿qué lleva usted ahí, en su inseparable mochila? ¿El bocata para el descanso en la limpieza del fango, agua milagrosa bendecida por la Virgen de los Desamparados, el walkie-talkie para comunicarse con la periodista de sus sobremesas, la muda de recambio por si no tiene tiempo de volver a casa por culpa de los atascos? Uno esperaba que, en su comparecencia en las Cortes valencianas, pondría sobre el atril la mochila y sacaría de ella la fregona presidencial o un mapa de hombre del tiempo del 29-O con sus isobaras y todo eso.
No llevó la mochila y ni tan siquiera sacó la maqueta de la Falla que probablemente será en marzo. Exhibió, eso sí, un rosario de horas, alarmas, embotellamientos y disculpas, y parece que no le acompañaron en el rezo de los misterios dolorosos ni Alberto Núñez Feijóo ni sus escasos fans del Partido Popular. Se irá con el rosario a otra parte si no deja Valencia limpia como la patena y cuajadita de infraestructuras. Leo: «Valencia, clave para resistir en la Moncloa. El desgaste del PP de Mazón devuelve el optimismo electoral al PSOE». Leo más: «El Gobierno ve en la Comunitat una oportunidad de oro a largo plazo». Con Mazón y su mochila les ha venido Dios a ver. El Apolo de la Moncloa es capaz de convertir el barro en votos de oro. Ni el Mago Pop.
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