La juez mandó a prisión al hijo de Ortega para que no huya y no vuelva a robar

La Razón
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Son cinco días ya los que José Fernando y dos de sus amigos llevan en prisión. En sus rostros se nota el peso de las sombras del «talego». Miedo, lágrimas, silencio y absoluta desconfianza hacia todos los que les rodean. «Los tres están como ratoncitos asustados. Se nota que éste no es su sitio. No son los típicos delincuentes», comenta a la salida de la cárcel un familiar de un preso que ha compartido espacio con los tres en el módulo.

La lógica indica que no tardarán mucho en salir de allí y respirar aire libre. «En mi opinión, es una medida desproporcionada», explicó en Espejo Público Esperanza Lozano, la abogada del hijo del torero. «Concurren claramente dos atenuantes que pueden rebajar la pena muchísimo, confesión y reparación del daño, y no tiene ningún sentido que esté en prisión». La letrada no lo dice públicamente, pero José Fernando reconoció haber bebido y haberse drogado el día del robo, lo que funcionaría también como atenuante.

No pensó lo mismo la jueza de guardia que los puso entre rejas. En un auto al que ha tenido acceso LA RAZÓN, afirma: «La elevada pena a la que se enfrenta genera por sí misma un palpable riesgo de que el detenido trate de sustraerse a la acción de la Justicia y en evitación de la reiteración en la conducta delictiva». A todo ello se opone su letrada: «Tiene domicilio conocido y también arraigo. José Fernando no va a huir. Y en cuanto a que vuelva a delinquir, hay que recordar que no tiene ningún tipo de antecedente. La lógica indica que debería estar en libertad y que la prisión provisional es una medida excepcional». Aunque la familia quiere abrazarlo cuanto antes, su círculo íntimo tiene la esperanza de que el susto de verse entre barrotes le haga reflexionar y enderezar su rumbo. Su padre no ha ido a visitarlo a la cárcel, pero sigue muy de cerca los acontecimientos. «Si va a verle le criticarán porque apoya a un delincuente, pero si no va, también, porque es un padre que no apoya a su hijo», dice en voz alta un amigo íntimo del diestro.

Mientras, la Guardia Civil detuvo a dos jóvenes más en relación con los hechos. A uno de estos dos últimos se le imputan los mismos delitos que a los que ya están en prisión: robo violento, robo de uso de vehículo, daños y lesiones. Al otro, encubrimiento. Sin embargo, desde un punto de vista penal, el delito de lesiones acabará convirtiéndose en una simple falta ya que la víctima sólo necesitó una asistencia médica para curarle las leves heridas que presentaba. De hecho, la consulta duró menos de diez minutos y le mandaron a casa con el alta.

Las familias de los demás detenidos también están que trinan. Aseguran que participaron en la pelea porque primero les arrojó un vaso la víctima, pero que ni le robaron ni quemaron el vehículo. «¿Qué es eso de las malas compañías de José Fernando? A lo mejor, la mala compañía es él», deja caer una persona cercana a uno de los detenidos. «Si la ha hecho, que la pague, pero a mí esto me parece demasiado».