Leonor y Sofía, ellas tienen la palabra

Amén del lío político, la princesa y la infanta centran la atención del posado veraniego de Marivent con el apoyo de sus padres. Las niñas se mostraron resueltas y siempre sonrientes.

La reina Letizia y sus hija, la princesa Leonor y la infanta Sofía en los jardines del Palacio de Marivent / Efe
La reina Letizia y sus hija, la princesa Leonor y la infanta Sofía en los jardines del Palacio de Marivent / Efe

Cigarras. Chicharras. Cocuyos. Chiquilichis. Tococos. Cocoras. Ñes. Cícadas. Ñakyras. Sinónimos a granel. Llámenlas como quieran. Nada poéticos ni regias para referirse al bicho que se coló en el posado mallorquín del verano. Pero la naturaleza en agosto es así de agria, aun cuando se trata de los jardines del Palacio de Marivent con olmos de atrezo. Matraca de fondo y treinta grados húmedos a la sombra para la real foto. Insectos de jardín que se las traen, tanto, que la frecuencia de la vibración llega a los 86 Hz. Lo justo para ejercer de hilo musical machacón y colarse como un ruido en las grabadoras que impedía escuchar en la lejanía a los Reyes y a sus hijas. La chicharra no canta, molesta, se tengan o no tapones piscineros en los oídos. Aún con todo y con eso, se lograban adivinar las palabras tanto de Don Felipe sobre el lío político como de Doña Letizia sobre veraneos varios, y se vislumbraban las frases de la princesa Leonor como de la infanta Sofía. Porque ellas también tomaron la palabra. La princesa de Asturias, que el 31 de octubre cumplirá 14 años, y la infanta, que tiene 12. La una se enfrenta en septiembre a tercero de Educación Secundaria. La otra, da el salto a la ESO. Y los focos en esta cita vacacional de agosto con los medios, son para las dos. No en vano, desde que los Reyes comenzaron sus vacaciones en Palma el pasado miércoles han sido ya cinco las apariciones públicas de la heredera a la Corona y su hermana.

En ediciones anteriores del verano balear y comparecencias varias en otros escenarios, ya habían tenido alguna que otra intervención pública. Pero ayer sabía a puesta de largo. Más interrogantes que nunca para ellas, que sonreían hasta la saciedad. Y respondían con cierta timidez a las preguntas y repreguntas sobre su campamento en Estados Unidos. Repetían experiencia. Y no parecen haber regresado descontentas. «Ha sido muy divertido, más que el año pasado», repetían las dos, que hicieron hincapié en el hechizo del que ya conocían a muchos de sus compañeros de la escuela internacional de verano. «Hemos aprendido a navegar», confirma la princesa Leonor. Al unísono ambas encogen los brazos al ser interpeladas por si en el deporte de la náutica ya habían logrado la pericia paterna: «No lo sabemos». Entonces, el Rey sale al quite: «No solo han estado con la vela, también han practicado otros muchos deportes». Con el grado de satisfacción mostrado por un campamento desconocido para el común de los mortales, cabría pensar que el año que viene tripitirán. «Tenemos que hablar», asevera Don Felipe. «Todavía queda un año», deja caer justo después.

Pregunta para la Reina, que cumple quince años de vacaciones en la isla. Tiempo de evaluar, justo en la estancia con más presencia pública de las que la memoria deja. Y lo que se avecina en la semana entrante. «Estoy cada vez mejor. Esta mañana hemos estado en el mercadillo de Pollença, un pueblo precioso que no conocíamos nosotros, pero tampoco Doña Sofía», relata Doña Letizia. Y sepulta toda duda sobre si en algún momento en estos tren quinquenios junto a Don Felipe le ha resultado incómodo este veraneo oficial. Entre tema y tema, refuerzo positivo. Gestos de apoyo. De Doña Letizia, que incluso bromea con Sofía sobre su altura. Pero también de Don Felipe, con su mano en la espalda de Leonor. Para que se sientan arropadas. Seguras ante la coral de cámaras y reporteros. A las adolescentes, de vez en cuando se les escapaba la mirada hacia el director de comunicación de la Casa del Rey, Jordi Gutiérrez, que correspondía. Y ellas tomaban la palabra algo más seguras. Con la perenne sonrisa durante los once minutos que incluyó paseo, saludo mano a mano a los treinta medios acreditados en el arcén y posado sobre césped justo delante de los juncos.

Fiel a Mint&Rose

Se hace el silencio. Salvo por las chicharras, que siguen a lo suyo. Momento de hacer un escáner. De arriba abajo. Doña Letizia, con vestido midi de estampado floral en tonos rosas y blancos y fiel a sus alpargatas de Mint&Rose con cuña de color beige. Eso sí, más bronceada que nunca para haberse estrenado esta semana en las playas de Mallorca. Mono de color blanco para la princesa y bermudas a rayas con blusa blanca para la infanta. Hay quien comenta de fondo que el «sorpasso» entre una y otra ha tenido lugar este invierno. Qué más da. Por su parte, el Rey, una camisa estampada de flores, con unos «chinos» azules.

Fin del repaso. Y del posado, porque el Rey alza la voz como epílogo. «No sé si podéis tener vacaciones como nosotros. También tenéis derecho a unos días», empatiza, aunque se topa con una reivindicación periodística: «Algunos somos autónomos y lo tenemos díficil». Don Felipe asiente con la cabeza e incluso se disculpa por dar algo más de carga: «Esta semana tenemos una cuantas actividades tanto el lunes como el miércoles».

Para poner broche de oro a la jornada los Reyes, la Reina Sofía, Leonor y Sofía cenaron en la terraza de un restaurante a pie de calle en Portixol (Palma).