Los teatros de Barcelona hablan español

La Razón
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No es por darle gusto al polémico Wert, que parece atado con «superglue» al ministerio. Y Barcelona no perdona la presunta "«españolización» de una tierra tan nuestra, en la que el 60 por ciento de sus habitantes son hispanohablantes, no lo olvidemos, y sus principales diarios aún se imprimen en el idioma del antaño imperio. Pero aún hay algo más evidente que ridiculiza las pretensiones secesionistas: hasta ahora resultaba desesperante ojear la cartelera teatral en una ciudad que siempre fue paladín escénico, con genios tan incombustibles como Nuria Espert, Marsillach, Ulloa, Guitar, Martínez Soria, Guillén y Gemma Cuervo, Julieta Serrano y tantísimos que harían del listado algo interminable. Uno se desesperaba buscando a qué función asistir, qué títulos castellanos resultaban tentadores y, por respuesta, una cartelera casi en blanco. Ahora, sus cuarenta teatros han cambiado las tornas y María José Balañá, digna heredera del emporio familiar de su padre Pedro, ofrece óptimos espectáculos en castellano en sus locales, quizá oliéndose lo que se avecinaba. Y aunque otros tan estelares y capaces como Poliorama y Victoria están copados por Dagoll Dagom y Tricile, otros igualmente amplios y tradicionales son regocijo hispanoparlante: Lolita abarrota el Condal del Paralelo. Largas colas se forman en este teatro, como ya sucedió en su reestreno madrileño, en donde Loles León, nacida en la Barceloneta, debutó parodiando cuplés como «La Rabanera». Yo la ví y aplaudí aunque me impactó más en «Más Sofocos», con la colaboración de la Campos en un vídeo –aunque no deja de animar los estrenos aupada en inverosímiles tacones de marca; ella no recurre a la sevillana Mary Paz, ya firme competidora de Pilar Burgos–.

Además de los sofocos de Loles y Lolita, un dúo finalmente ajustado, el humor invade los escenarios condales. Y nada menos que con Los Morancos de Triana. Han incorporado a Montoro y al Rey a su galería de imitaciones en el espectáculo «Positivo 2» en el Apolo, donde ponen chupa de domine la actualidad nacional. Jorge Cadaval me contaba que «la Duquesa Cayetana celebra tanto nuestra parodia que siempre dice: "Anda, Jorge, haz de mí, que me río oyéndote"». Inefable la noble, que encaja como nadie el toque festivo del dúo. Pero ahí no para la cosa, porque Bertín Osborne –que hace poco se llevó un susto cuando su hija Eugenia, embarazada de gemelos, estuvo a punto de perderlos tras coger frío en una cacería–, insiste con Arévalo en «Dos caraduras en crisis». El cantante jerezano vuelve a lanzar disco de rancheras cuyas ventas destinará a su fundación para las lesiones cerebrales, como la que tiene su hijo Kike. Él reaparece en el cómodo Borrás de la Plaza de Urquinaona, donde todavía recuerdan el dúo insuperable de la Espert con Amparo Rivelles en «La brisa de la vida», mal dirigidas por Lluís Pasqual, que no captó el sentido humorístico que en Londres bordaron Maggie Smith y Helen Mirren. El lío ibicenco abarrota en el «Principal» y lástima que no pueda decir lo mismo de «The Hole», creado por Paco León y que no acaba de cuajar en la ciudad condal. Allí no digieren a «La Terremoto de Alcorcón».