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Javier de Felipe, el gurú de la neurociencia: “Un cerebro liberal y otro conservador tienen diferencias neuronales”

Le preguntamos qué pasa por la cabeza de nuestros políticos

La portavoz de Unidas Podemos, Irene Montero (d), y la diputada Yolanda Díaz (i)
La portavoz de Unidas Podemos, Irene Montero (d), y la diputada Yolanda Díaz (i) FOTO: Salvador Sas EFE

Javier de Felipe (Madrid, 69 años) es uno de los neurocientíficos más reconocidos del mundo. Lleva décadas estudiando el cerebro y desnudando su belleza natural, pero es ahora cuando dice que por fin empieza a entender algo. Trabaja la anatomía del cerebro a escala microscópica en el Centro de Tecnología Biomética de la Universidad Politécnica de Madrid, pero hoy no vamos a su despacho. De camino al Museo de Ciencias Naturales, donde impartirá una conferencia a propósito de su último libro «De Laetoli a la Luna», le pedimos que vuelva la vista a la Carrera de San Jerónimo, donde debaten teóricamente las señorías de nuestro país. Sin embargo, el espectáculo es bochornoso: insultos, crispación y malos modos. ¿Qué está pasando por sus cabezas?

Sería entretenido, siguiendo el criterio de un grupo de científicos de Harvard, colocar a un lado a los políticos que siguen el patrón mental que llamaron Trump, un acrónimo formado por los rasgos amenazador, reaccionario, despiadado, maquiavélico y partidista; y al otro a aquellos que encajan en su contrapunto, Gandhi. Generoso, afectuoso, educador, empático, humanista e interpersonal. De Felipe cree que el asunto es mucho más complejo. Su reserva nos impacienta. ¿Qué puede ser? ¿Acaso nuestros políticos han perdido definitivamente el norte? De Felipe comprende la fascinación que despierta este tipo de elucubraciones, pero nos avanza que para entender exactamente cómo se acalora el cerebro de Irene Montero, por ejemplo, o cómo surgen los argumentos de Rufián, necesitaría estudiar la anatomía de su corteza a escala microscópica. «Para hacernos una idea de su complejidad, un solo milímetro –la cabeza de un alfiler– contiene 25.000 neuronas y mil millones de sinapsis». Es de agradecer que siempre encuentre la metáfora exacta o una fábula que nos ayude a comprender toda la sabiduría que acumula. Cuenta que un elefante al ser palpado por seis ciegos acabó confundido con un abanico, una pared, una cuerda, una rama de árbol… según la parte que tocaron. La parábola nos hace sospechar que nuestro cerebro como ciudadanos toma demasiados atajos cuando contempla el panorama.

¿La política se lleva en las venas?

No hay nada en vena, ni siquiera el flamenco, aunque suene bonito. Todo está en el cerebro y el del político es igual que el de cualquier otro ser humano. Para mí es como el «trozo de madera que un día descubre que es un violín», del poeta Arthur Rimbaud. La corteza cerebral, a pesar de ser realmente pequeña, nos ha hecho superiores y nos ha convertido en lo que somos, los seres que dominan el planeta y que viajan al espacio.

¿Qué determina que se desate en un líder la furia o gobierne en calma?

Al nacer nuestro cerebro funciona casi como un sistema automático que nos permite respirar o alimentarnos. Enseguida se va conectando a partir del entorno familiar y las experiencias, que van creando circuitos y conexiones por las que circulará la información a lo largo de la vida. Ahí se va decidiendo cómo reaccionamos, qué nos asusta o qué nos enfada. Por eso, cuando una ruta, por lo que sea, se tuerce, los psicólogos y psicoanalistas trabajan para reconducirla.

Si nos diseccionasen el cerebro, ¿se vería nuestra ideología?

Las imágenes neuronales muestran algunas diferencias entre un cerebro liberal y otro conservador que hacen que se activen distintas regiones ante ciertos estímulos. Hay muchos factores que intervienen, no solo biológicos, pero insisto es un órgano anatómica y fisiológicamente plástico. Esto nunca hay que dejar de tenerlo en cuenta.

¿La edad nos vuelve conservadores? ¿Yolanda Díaz situaría su partido a la derecha?

No hablaría en términos tan abstractos. Hay conceptos que están por encima de colores y banderas, como la libertad, la tolerancia o la paz. Son los que moldean nuestro cerebro si nos permitimos pensar, reflexionar, leer y rebatir ideas. Más que la edad, es la persona con las decisiones que va tomando. Un cerebro adulto que se sigue enfureciendo cuando se le rebaten las ideas, que se siente insultado cuando otro expone sus creencias, es un cerebro que no se ha cultivado, no ha meditado sobre nuestra existencia o la inmensidad del universo. La frase de Unamuno «¿Qué sentido tiene todo si todo a la postre es nada?» debería hacernos reflexionar.

¿La educación puede modular un cerebro?

Los políticos deberían tener en cuenta la fuerza de la educación y del pensamiento filosófico para madurar el cerebro y hacernos menos manipulables. Todo lo que aprendemos, vemos y pensamos influye en la flexibilidad mental.

¿Esa plasticidad se puede aplicar al sexo? ¿Qué opina del borrado de género?

El sexo es meramente una cuestión biológica. Está programado desde muy temprano en el desarrollo cerebral. También la orientación sexual está definida antes de nacer.

¿Nuestros políticos aprenderán a usar el cerebro de manera más inteligente? ¿Aún podemos confiar?

El cerebro es más humano y civilizado a medida que avanzamos en cultura, educación, ciencia y derechos humanos. Todo evoluciona en positivo. Esto me hace ser optimista. Piense en las cruentas luchas de gladiadores de los romanos. La gente se divertía con el sufrimiento humano más atroz. Aunque hay países que todavía hacen cosas bárbaras, cada vez son menos.