Aquellos ministros «galanes»

Reaparece el «Diccionario de los políticos», de Rico y Amat

Ejercer la «oposición» es vivir en el «infierno donde padecen los ambiciosos, los pretendientes sin esperanza, los impacientes, los quisquillosos, los descontentizados, los engañados y otros muchos políticos que sería difícil de enumerar». Quien no esté de acuerdo con la definición, o no conoce en profundidad la vida política o la conoce en sus carnes. Sólo un aludido puede desdeñar el encanto cítrico del «Diccionario de los políticos» de Rico y Amat, publicado en 1855 y que parece escrito hoy en algunas de sus entradas.

Humor en la época de Isabel II
Manual jocoso de culto entre periodistas, bibliófilos y, bromas aparte, políticos, este diccionario creativo y literario, que analiza con humor la vida de la «res publica» en la España de Isabel II, vuelve a las tiendas españolas, publicado por Homologens y con prólogo y edición del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá y especialista en el siglo XIX Javier Paredes, quien lo describe como «una joya hitoriográfica» cuyas «referencias al siglo XIX se entienden estupendamente hoy». ¿Cómo no sonreír ante las definiciones de político, candidatura, destitución o ministro, el «primer galán del teatro político»? Aunque la prosa de Amat está ceñida a su momento, la especie parlamentaria y ministerial apenas ha evolucionado. Veamos: «Grupo de buitres que, separados de la bandada principal, vuelan por el espacio buscando alguna presa que devorar ellos solos». ¿Ya lo tienen? La respuesta es «fracción».

Hay referencias que sólo se entienden en su contexto, como la de «Espadón», que remite al jefe de las filas moderadas, Narváez, a quien apodaban el Espadón de Loja, o «Estatuto», que explica como «pastel de liebre amasado por las delicadas manos de una famosa pastelera», referencia que no se entendería sin las aclaraciones de esta edición que recuerdan que a Martínez de la Rosa lo apodaban Rosita la pastelera «por su habilidad para la componenda política». Y habrá quien crea que aún hoy el «Estado» no es más que un «criado a quien disfrazan con la ropa del amo. Es tan simple que le hacen creer que manda a todos cuando todos le mandan a él». La «libertad de imprenta» (con cambiar «imprenta» por «prensa» queda actualizada la cosa) es la «facultad de escribir... a gusto del Gobierno». Lo que nos lleva al cuarto poder, en el que los «periodistas» somos los «campaneros de las iglesias políticas». Y lo dice un periodista, Rico y Amat, que supo escapar del corral de esta profesión para ser además dramaturgo, historiador, jurista y... sí, político.


¿Qué significa «brujulear»? ¿Y «comunismo»?
Imposible abordar en un artículo los centenares de entradas del «Diccionario». Pero, como curiosidad, contiene todo un argot político –en la libérrima interpretación del autor, claro– que va desde «brujulear» a «comisión» («cuerpo sin alma, sujeto a la voluntad del que le dio vida») o «comunismo» («hermosa ilusión del que no tiene un cuarto»).


Ficha
«Diccionario de los políticos»

Juan Rico y Amat
Homolegens
304 páginas, 20 euros.