Dos formas de entender el amor

Pese a sus diferencias, ambas se convirtieron en portavoces y defensoras acérrimas de sus parejas

Dos formas de entender el amor
Dos formas de entender el amor

MADRID-Si detrás de un gran hombre, hay una gran mujer. Los implicados en este caso no podían ser menos. Al igual que sus respectivas parejas, las vidas de Violeta Santander e Isabel Cepeda no se parecían mucho. La novia de Antonio Puerta no tenía una carrera profesional del todo definida, aunque trabajaba en El Corte Inglés vendiendo vestidos, precisamente, de novia. El elegir a parejas estables tampoco es un rasgo que destaque en ella. Según ella misma aseguró, mantuvo otra tormentosa relación con un hombre que sí que la maltrataba. Su espectacular belleza también ha podido marcar el desarrollo de su personalidad y, como en el caso de novio, tiene un gran apoyo familiar detrás. Aún así, se volvió a enamorar del hombre equivocado. Un varón con una enfermedad y una adicción a las drogas desde hacía años. Toda una bomba de relojería que se pasaba la vida entrando y saliendo de elitistas centros de desintoxicación. Pero no se rindió. No lo hizo mientras se curaba y no lo hizo mientras estuvo preso. En ese aspecto, Cepeda sí que se parece a Violeta. Ha luchado y ha aguantado al lado de su pareja en las buenas y en las malas. Sin embargo, su situación era bien distinta antes del 2-A. La mujer de Jesús Neira gozaba de cierto estátus social y era madre de dos niños pequeños. Una mujer «cultivada y sensata», según quienes la conocieron, y que pensó que el incidente la iba a dejar sin el padre de sus gemelos.
 En la actualidad, su figura se ha desdibujado . Se ha alejado de los focos al tiempo que su marido adquiría notoriedad pública.
Sacó fuerzas en un momento muy delicado para alzarse como portavoz de una injusticia en la que creía y que a punto estuvo de dejarla viuda. Por eso, «sus primeras declaraciones contienen más rabia producto de un momento de mucho estrés». Antes del 2-A, Cepeda poseía también cierto carácter, quizá no tan marcado como el de Jesús Neira, y también poseía un nivel cultural elevado. Ella manejaba los hilos de sus intervenciones y, al principio, las de su marido. No sólo tuvo que hacer frente a la Prensa sino también a los cuidados de su marido enfermo y la de sus hijos. Sus apariciones en los medios fueron disminuyendo hasta casi invisibilizarla. Ahora, todo vuelve a empezar para ella, en el mismo hospital.
Violeta, en cambio, ha cerrado página y con su luto podría enterrar el vaivén de sentimientos en los que ha vivido durante este tiempo. «Quizá sea la más débil de los cuatro. Vive en un muelle continuo de dolor y placer su relación con un adicto», según los psicólogos. Presenta menos formación cultural lo que la dota de menos recursos psicológicos para sobreponerse ante los golpes de la vida. Se puso en manos de profesionales para superar lo ocurrido y la indiscutible animadversión que siente España contra ella cuando niega los malos tratos de los que la defendió Neira.