Copa del Rey

Di María maestro

La Razón
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En el fútbol hay partidos en los que basta una buena jugada para que, independientemente de la calidad del espectáculo, el aficionado salga del estadio reconfortado. En los toros bastaban unas verónicas de Curro Romero para que aplaudieran béticos y sevillistas. Ayer, en el Bernabéu, incluso los seguidores levantinistas tuvieron que alabar la jugada de Di María que acabó con el gol de Benzema.
El fútbol suramericano siempre se ha caracterizado por el pase «cortita y al pie» y, además, ha contado con grandes extremos. Uno de sus mejores cronistas, Dante Panzeri, dejó escrito que «el mundo siempre necesitará democracia y extremo izquierda». Se puede añadir que vale tanto el de la derecha, porque en esa zona jugaron Garrincha, Corbatta y Basora, por ejemplo. En el lado contrario, Gorostiza, Gainza, Gento, Collar y Chiggia, entre otros grandes.
El extremo era, tradicionalmente, algo medroso. Quizá por ello algunos fueron pasando hacia el centro y desde allí mostraron su calidad técnica. Cada día quedan menos especialistas. Di María es casi excepción. La jugada que hizo salvando la oposición de tres defensas es para guardarla. El modo en que dribló con el balón en los pies y burló al último oponente con un quiebro de cintura, merece el mejor de los recuerdos. Ha sido uno de los mejores fichajes del Madrid. Argentina, que en el Mundial no hizo papel brillante, tiene asegurado en el futuro la admiración de los aficionados con hombres como Messi, Agüero y Di María. Con éste tiene el Madrid profundidad en el ataque. Lo que hizo ayer debe enseñarse en las escuelas.