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Lo veíamos venir

Tiempo de lectura 2 min.

24 de septiembre de 2011. 21:59h

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25/9/2011

Que la Audiencia Nacional evitara archivar el caso del chivatazo que impidió descubrir la trama de extorsión de ETA fue un gran paso. Después fueron diligencias, nuevas pistas y hasta filmaciones las que nos dieron la esperanza de que, por fin, varios años después, dejaría de ser un caso sin resolver. Como aquel soplo que favoreció a la banda terrorista tuvo lugar, casualmente, en plena etapa del mal llamado proceso de paz, no queríamos impunidad para los que tiraron por tierra el trabajo de tantos años que puso tantas vidas en juego. Más aún si lo hicieron quienes tienen que defendernos respetando las reglas del juego. Quisieron archivarlo, pero el juez Ruz lo sacó a la luz procesando a tres personas que dependían del Ministro del Interior, Rubalcaba en aquel momento, quien «ni sabía, ni contestó». Nadie asumía la responsabilidad ante la injusticia de que policías que luchaban contra ETA fueran procesados por seguir las órdenes de quienes no sólo no dieron la cara por ellos, sino que además se lavaron las manos. Se ha demostrado que existen indicios suficientes contra los tres acusados para considerar los hechos como un delito de colaboración con banda armada aunque, lógicamente, no compartiesen sus fines terroristas. Aun así, el presidente de la Sala Penal de la Audiencia Nacional y otros jueces no ven colaboración con ETA. Lo triste es que lo veíamos venir.

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