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La Roja y el rojo

Tiempo de lectura 2 min.

14 de julio de 2010. 02:05h

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14/7/2010

En «estepaís» la educación para la ciudadanía de la Transición consistió mayormente en el odio a la bandera española, una aversión que se nos inoculaba por tierra, mar y aire (en la escuela, en los medios de comunicación y a través de las relaciones sociales). La bandera española, durante treinta años, ha ondeado tímidamente en algún que otro cuartel, ministerio o ayuntamiento, además de hacer de fondo «pop» para los retratos oficiales del Rey. Pero, por lo general, casi todos aprendimos bien la lección del alabado «espíritu de la Transición»: que la bandera española es cosa de fachas, símbolo de la «derechona» más carca y rancia, y una flagrante horterada de colores chillones.

Aunque, de repente, el lunes pasado el Estado Español (paráfrasis u onomatopeya o eslogan, o lo que sea, con que muchos siguen designando a «estepaís» llamado España) se llenó de banderas españolas. Un océano de banderas. Ahora venden banderas hasta en la peluquería china de mi barrio.

El espectáculo de pendones al aire ha sido abrumador. Juguetón. Insólito. Una ya sospechaba que las cosas importantes de la vida se reducen al fútbol y poco más, pero no terminaba de creérselo y fantaseaba con que todavía existen asuntos que también tienen su trascendencia: la ciencia, el arte, la economía, la política, la filosofía... Hoy no me cabe duda de que todas esas disciplinas son las asignaturas «marías» de la existencia terrícola, y que sólo importa el fútbol y punto pelota.

La llaman «La Roja», a la selección española. Me ha sorprendido lo estupendos que son los chavales que la componen, su concepto de equipo tan sofisticado, pero disciplinado y natural, la ausencia de egos en sus filas, lo sanos que se les ve, libres de envidias, rivalidades y malos rollos entre ellos. Son el ejemplo de una juventud trabajadora, con sentido de la unidad, desprejuiciada, amistosa, hermosa, triunfadora. Hacen una piña, se les nota en los gestos que se tienen afecto, que son conscientes de que, lo que hacen, no podrían conseguirlo solos, de uno en uno, sino que forman parte de un cuadrilla bien ensamblada, una máquina tan poderosa que ni la eficacia alemana ni la marrullería holandesa los pueden parar. Han hecho historia futbolística. Y le han llevado la copa triunfal a ZP que, si pasa a la historia, desde luego no será por poseer las mismas cualidades que «La Roja» (unión, elegancia, compromiso, talento, eficacia, sobriedad... Etc.).
 

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