Peter Sellars el hombre que susurra a los artistas

El director, con las protagonistas de «Iolanta»
El director, con las protagonistas de «Iolanta»

Buenos días, qué alegría veros de nuevo. Anoche estuvistéis maravillosos –se refiere a la función de «Lady Macbeth»–. Es Navidad, debemos disfrutar». Son las primeras palabras que se escuchan en el último ensayo de Peter Sellars con el coro del Teatro Real de Madrid para «Perséfone», de Stravinsky, que por primera vez en la historia se ofrecerá en un programa escénico conjunto con «Iolanta», de Tchaikovksy, a partir de mediados de enero. Constataremos que si alguna vez tuvo fama de «enfant terrible» no fue por dar un solo grito a su equipo artístico, sino por convertir al Don Giovanni de Mozart y a Leporello en dos negros de Harlem. Ha pasado por la dirección de la Boston Shakespeare Company, el American National Theater y el Festival de Los Ángeles. Su nombre ha colgado de las principales marquesinas operísticas del mundo y su montaje de «San Francisco de Asís», la ópera favorita de Mortier, está considerado como un hito de la dirección escénica lírica.

Collares y atuendo de colores
Con ese mismo pelo que tienen los personajes de cómic tras haber metido el dedo en un enchufe, sus collares étnicos al cuello y el atuendo conjuntado en varios tonos del mismo color, el director da indicaciones a los coristas con el mismo tono de las declaraciones de amor. «Fantastic, perfect», interrumpe a las contraltos, y, sin perder la sonrisa, apunta en inglés, que traduce su ayudante Marcelo: «Nos moveremos con facilidad, dejando cierto espacio entre unos y otros. Cuidado, no habrá patas en el escenario, todo está abierto, así que el sonido no será absorbido y se escucha todo». Pide que se repita la misma escena y mientras la multitud regresa a sus marcas aprovecha para felicitar a Andrés Máspero, director del coro del Real; lo hace con la misma efusión con que se interesa por el último corista. «Pocas veces he trabajado con un hombre tan inteligente –comenta Máspero–. La mayor parte de los directores hablan y hablan sin parar y no consiguen nada. Utilizan los ensayos para experimentar y el coro se va sin memorizar los movimientos. Él asocia una imagen a cada nota y así es mucho más fácil. Tampoco es nada habitual que un "regista"venga a los ensayos con la partitura, muchos llegan con los folletos del disco de la ópera», confiesa el veterano argentino, que también llegó por voluntad de Mortier. Sellars no concibe aislarse del pentagrama; pese a sus innovaciones, siempre tiene en mente lo que el compositor escribió: «Para mí no hay diferencias entre la música y el texto, son independientes, cada una aporta sus ideas, pero no pueden estar separados».

Dos obras sobre la crisis
«Que mis amigos, que no tienen dinero y estarán en el piso quinto, puedan veros», comenta al coro para incitar que sus movimientos sean más estentóreos. «Fantástico, pero íbamos un poco atrasados», dice al parar la coreografía y pedirles que empiecen una vez más. «Beautiful –precioso–, beautiful, beautiful, thanks –gracias–, thanks, thanks». Y así envía a los coristas al descanso. Se gira y comienza a hablarnos de por qué se le ocurrió un programa único con dos autores tan distintos. «Estas dos obras hablan del fracaso personal, que es algo que sienten muchas personas en esta crisis». «Iolanta» fue un desastre total en su estreno en Moscú, hasta que Mahler la interpretó en Hamburgo. Protagonizada por una mujer que acaba ciega, es un viaje desde la luz a la oscuridad. «Perséfone», creada en pleno auge del fascismo, es su contrario, un movimiento desde la oscuridad a lo luminoso, pues, según la mitología griega, vuelve de entre los muertos en primavera.

Es la primera vez que traslada su proceso creativo a España, donde hasta ahora sólo se había podido ver la versión de «Historia de un soldado», de Stravinsky, durante el Festival de Otoño de Madrid de 1999. Para alguien que sostiene que «el arte no es más que crear contextos, especialmente en mi país, Estados Unidos, que es el contexto del no contexto», no nos resistimos a preguntarle cómo le están afectando nuestras circunstancias concretas a su «work in progress»: «América y Europa están más cerca que nunca en la historia en un sentido un poco extraño. Durante los últimos diez años ha existido la imagen en EE UU de que España era el país que más estaba evolucionando de toda Europa, que finalmente se estaban empezando a hacer cosas que debían haber empezado antes. De repente, llega este desastre económico, que nos ha hecho acercanos», argumenta. «Tenemos un edificio así en el medio de la ciudad para hablar con compasión de temas como la crisis, no para herir a nadie, sino para comprendernos y ofrecer ternura», continúa el razonamiento. El murmullo nos recuerda que el descanso ha terminado.

«Bienvenidos otra vez, fantásticos artistas», vuelve a arengarles. Apunta ahora algunos gestos más que no se han hecho como quería en las repeticiones anteriores. Nunca pierde los nervios, nos confirma Fred, su asistente desde hace treinta años. Lo mismo dice Marcelo, que comparte mesa de dirección por primera vez con él en Madrid. «Logra que el trabajo se vuelva algo personal, que cada uno sepamos más cosas de nosotros mismos», precisa el ayudante. «¿Por qué no voy a estar contento? Trabajo con una música bella, con gente muy guapa, en un edificio precioso», nos ha comentado él antes con respecto a la actitud zen que se respira en sus ensayos.

«Ésta es la mecánica. Ahora deseo ir más allá: el sentimiento. Ésta es una ceremonia para traer a los muertos de nuevo a la vida. Quiero tener la sensación de que entramos en el cementerio en un día de lluvia...», una vez controlada la coreografía del coro, mientras cantan quiere que interioricen lo que va contando la letra.

Es casi la hora de ir a comer, Sellars lanza la última lección, ésta de vida: «Antes íbamos al teatro en busca de acción, ahora la vida es tan ruidosa, complicada e imposible, que el espectador llega al patio de butacas para pasar un tiempo en silencio y en paz. Por eso quiero que sintáis "Perséfone"como un descanso en vuestras vidas, para eso es fundamental la respiración. La mayor parte de los humanos están locos porque no respiran correctamente. Lo más importante en un escenario es la respiración y la mirada».

 

El detalle
LA DEVOCIÓN DE STRAVINSKY POR TCHAIKOVSKY
Que nadie espere al Tchaikovsky (en la imagen) dulzón de «El Lago de los Cisnes». «Iolanta» es un lamento, profundo, un año antes de su suicidio. Un grito desgarrado que no pasó por alto Stravinsky. Así lo cuenta Sellars: «Ésta es la última ópera de Tchaikovsky, con la que sobrepasó los límites de los teatros de ópera del momento. Stravinsky se fascinó con él en los años 30, después de que tuviera que acabar la partitura de ‘‘La Bella Durmiente'' para los ballets de Diagiliev, pues nadie la había puesto en escena por considerarla pasada de moda. Stravinsky vio que era todo lo contrario, ya que la estructura era muy vanguardista. No es de extrañar que por esa época creara sus ballets, basados en las últimas piezas para piano de su antecesor. Él compuso "Perséfone"con el sonido de Tchaikovsky en sus oídos».