Murcia

Rubalcaba abre la campaña

La Razón
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El candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha abierto la «caja de Pandora» preelectoral como si de la propia campaña oficial se tratase, y lo primero que ha encontrado en ella es una capucha, una especie de «pasamontañas» que usa bien a menudo en sus negociaciones con ETA como en los ataques que dedica día sí, y día también, al PP. Lo vimos con Francisco Camps y cómo la asunción de responsabilidades políticas por parte del líder valenciano le llevó finalmente a dimitir, aunque en su caída arrastrara a la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), independientemente de las presuntas corruptelas que se hubieran podido cometer en la entidad por parte de sus máximos dirigentes. Del mismo modo, lo vemos ahora, igualmente, cuando ordena a los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) tomar el Palacio de San Esteban, sede del Gobierno murciano, y la Consejería de Sanidad. Ya sabemos que Rubalcaba no es el actual titular del Ministerio de Interior, sino mucho más, porque quien le sustituyó en el cargo le debe la vida y hacienda, por no decir su libertad en relación al «caso Faisán».
Pero metáforas aparte, aunque todos sepamos que la realidad siempre supera la ficción, Alfredo Pérez Rubalcaba abre su «caja de Pandora» con el solo ánimo de torcer la voluntad de las encuestas, de dar un golpe de timón en ellas, de recuperar su aureola de «hombre malo» u «hombre del saco» que tanta fama como buenos augurios electorales le ha dado. Necesita el golpe de timón como el aire que respira, porque el hombre tranquilo y pacífico que nos ha trasladado estos últimos meses no ha hecho más que hundirle en las encuestas. Necesita revestirse de malignidad, extender el miedo entre los suyos y el temor entre quienes le observan, que a estas alturas ya somos todos. No puede competir en bonhomía con Mariano Rajoy, pero el gallego tampoco en la maldad que destila el cántabro. A Rubalcaba sólo le preocupa una cosa de manera especial, y eso no es otra cosa que evitar como sea la afrenta de ser el candidato socialista que peor resultado cosechó en la historia. Hasta el fundado de AP y hoy furibundo militante socialista, Jorge Verstringe, podría lograr un resultado similar al suyo.
Por todo eso y muchas cosas más -como reza el bolero-, Alfredo Pérez Rubalcaba ha sacado al dóberman de la perrera socialista, y no precisamente con el ánimo de que reparta lengüetazos. De ahí la toma ayer de la sede del Gobierno de la Región de Murcia y de la Consejería de Sanidad para buscar papeles con los que incriminar a un alcalde y a varios funcionarios presuntamente vinculados a una trama de corrupción urbanística. Rubalcaba no necesitaba que todo un convoy de agentes de la Guardia Civil viajara de Madrid a Murcia para entrar a saco en el Palacio de San Esteban o en el Departamento de Sanidad. Bastaba con que hubiera utilizado el procedimiento ordinario para estos casos, es decir, solicitar a Presidencia y a Sanidad la documentación que buscaban. Y punto. Pero no, se necesitaban unas cuantas alharacas, un poco de ruido, unos cuantos uniformes de color verde y los medios de comunicación apostados a las entradas y salidas de esas sedes gubernamentales. Posteriormente vendría el informativo de TVE, un poco de salsa con una noticia insustancial de Camps y la puesta en escena ya estaba completada. ¿Cuántas más escenitas de éstas nos esperan de aquí al 20-N?. Porque, digámoslo con claridad, hasta el fiscal jefe de Murcia, Manuel López Bernal, parece haberse sentido ofendido por el «puenteo» que le han hecho, aunque le avisaran con horas de antelación. Porque, digámoslo con claridad, esa operación a bombo y platillo se podría haber llevado a cabo en agosto, o en septiembre, no a un mes escaso de las elecciones generales.
Alfredo Pérez en estado puro. No hay más que ver con detenimiento la imagen de alegría que irradian los dos dirigentes socialistas (Rubalcaba-Chacón) en la fotografía que ilustra este texto. Será por aquello que dicen de que la familia que se pelea unida permanece unida hasta que se produce el asesinato. Y para ver las cosas desde todos los prismas y desde todas las aristas posibles no hay más que ver el sepulcral silencio que guardaron ayer los socialistas, tan habituados ellos a saltar a la yugular del adversario por un quítame aquí. Es más, no sólo silencio sepulcral, sino respeto a la presunción de inocencia. ¡Sin duda, les está pasando algo! ¿Bueno?, pero algo al fin y al cabo. Tal vez tenga que ver en ello que nadie de la administración regional esté involucrado en un asunto que sólo afecta a una trama de funcionarios y poco más.
Por lo que hace a la operación de la Guardia Civil nada que objetar. A la Justicia se le debe dejar hacer su trabajo, respetando todos los preceptos que marcan nuestras leyes, respetando la inocencia del acusado hasta que no se demuestre lo contrario, con el objetivo final, qué es lo que cuenta, de que se imparta justicia y se imponga el imperio de la ley. El resto son zarandajas, excusas de mal pagador o estar en campaña electoral, que es de lo que nos ha advertido Rubalcaba con esta operación de mascletá fallera.