Cuando sea mayor

La Razón
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Muy contra mi corazón, como allende dicen, me veo enredado en esta fiesta de cumpleaños de la niña de los Aroca, y aquí ya media hora vagando por el jardín, oyendo la ristra de chuminadas al caso, hasta que vemos a la niña, Ofelia, que se va con un amiguito de su edad, esa edad peligrosa de los 9 años, hacia la rosaleda de la fuente; conque me pongo a escuchar detrás de la enramada: –Oye, Ofelita, a ti ¿te gusta esto de cumplir años? –Mmmm, me gusta la fiesta, la tarta, los regalitos... –Te gustarán antes de que lleguen; porque luego, cuando han llegado... –¡Venga ya, Moncho! Es que tú ¿no quieres cumplir años? –Pues mira, si se pudiera, si me dieran a elegir... –¿Te quedarías como Peter Pan? –Déjate de cuentos: como ahora, te digo. –Mmm. ¿Qué pasa ahora? –Nada, no. Bueno... Pero tú, de verdad ¿te quieres hacer mayor?, ¿ser así como tu mamá? –¡Ja!, bueno, quizá un poco más alta. –¿Para qué? –Pues porque así me saldrían más novios, altos. –Bobaditas. Y, si te digo, Ofe, que yo te quiero lo mismo aunque te quedes así de baja... –¿Eh? Pero ¿qué es esto, Moncho? ¿Me estás haciendo una declaración? –Bueno, sólo así, al pasar, de paso. –Y es que tú ¿sabes qué es eso de «querer»? –Pues claro que no lo sé. Y tú ¿lo sabes? –No: igual de poco que tú. Y en cambio, ya ves, los mayores sí que parece que lo saben. –Los mayores, Ofelita, son unos mentirosos, ¿no te has dado cuenta? –Sí, sí que me he dado. –Y ¿para qué hacerte mayor?, ¿para decir las mismas mentiras que ellos? –No sé. Pero ahora, mira, te voy a dar un beso. –¿Qué? ¿De veras? –Sólo así, como tú dices, de paso; sólo con las puntitas de los labios. –Bueno. [Beso] –Bueno, te has pasado un poco, ¿no? –Y ahora, ¿qué?, ¿quieres volver a la fiesta, seguir cumpliendo años? –Pocas ganas, la verdad. –Yo ahora ya nunca quiero hacerme mayor, y ¿tú? –No, Moncho, yo tampoco quiero.