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Televisión pública por Andrés SÁNCHEZ MAGRO

Tiempo de lectura 2 min.

08 de enero de 2011. 21:53h

Comentada
9/1/2011

Televisión Española está a la deriva. El que fuera intelectual reputado además de Abogado del Estado y ministro Alberto Oliart, se ha empeñado en ser el enterrador de la televisión pública. El cacareado modelo de televisión a lo BBC, que llene los espacios que no cubren las empresas privadas, no deja de estar cada vez más lejos del actual Ente. Porque si la televisión de todos debe garantizar los espacios culturales y la defensa de la idiosincrasia hispánica, más allá de la cuenta de resultados, por otro lado zarandeada por la injustificada supresión de la publicidad, resulta incomprensible que en el Manual de Estilo se postergue la tauromaquia televisada.

Si hay una manifestación artística y cultural que vertebra la identidad de nuestro país, pese a quien le pese y a algunos políticos aventureros, es la Fiesta de los toros. La tele pública, que para algo se financia ya sólo con los Presupuestos Generales, debe atender a su programación y a su conservación. En el trasfondo de todo hay nuevamente ese programa radical que el actual Ejecutivo tiene para transformar a su aire la sociedad española. Cada vez menos bares, por obra y gracia de la Ley Antitabaco, unos ciudadanos más adocenados, unas políticas en nombre de la igualdad que son escuelas de adoctrinamiento y una sospecha hacia el espectáculo auténtico, bello y único, como es el taurino.

Oliart ha emborronado aquellos años de actividad cultural, que le emparentó con poetas y con las mentes más avanzadas de nuestro país.


Andrés SÁNCHEZ MAGRO

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