La Casa de Caridad un refugio también en vacaciones

Unas cifras que, lejos de disminuir, dibujan un escenario nada optimista. Así que la labor de la que se considera la ONG de los valencianos es cada vez más importante y a sus responsables no se les pasa por la cabeza el «cerrado por vacaciones» que tan a menudo se puede leer estos días de agosto.

La Casa de Caridad de Valencia no cierra por vacaciones
La Casa de Caridad de Valencia no cierra por vacaciones

Jorge Encinas es uno de los trabajadores sociales de la Casa, en la que lleva una década tratando de ayudar a los que más lo necesitan en el peor momento de sus vidas.
La mitad de ellos apenas supera los 40 años, es decir, se trata de jóvenes en edad de trabajar y que no encuentran el modo de salir adelante. De ahí la importancia de la ayuda sicológica que se ofrece en esta entidad y que también se mantiene durante el verano.

Porque, a pesar de que sea verano y la actividad en muchos sectores haya disminuido, el volumen de trabajo en esta ONG es similar al del resto del año. «El perfil del usuario es el mismo, gente sin recursos o con pensiones mínimas».

Matiza, no obstante, que el Ramadán y la campaña agrícola ha provocado un «ligero» descenso del número de usuarios en el comedores, que ahora rondan los 300 frente a los 350 que habitualmente atienden. También se ven menos niños, y eso pese a que la presencia de menores en el albergue de la entidad se incrementó el año pasado un seis por ciento.

Unos y otros se siguen comportando de manera civilizada. «No se producen incidentes, aunque en verano y por el calor, los usuarios, sobre todo los que padecen enfermedades mentales, están quizás un poco más susceptibles y saltan más fácilmente».

La Casa de la Caridad trata de mitigar las efectos de las altas temperaturas y además de mantenerles ocupados en los diversos talleres que organiza -búsqueda de empleo, apoyo sicológico- sigue con las actividades, como los partidos de fútbol o las excursiones.

Todo es posible, según Encinas, gracias a la labor del voluntariado. «El día que, por casualidad, necesitamos a alguien para el comedor, echamos mano de la lista y siempre viene alguien, a pesar de que sea agosto, nunca fallan»