Grupos

Mujeres ricas

La Razón
La RazónLa Razón

Es un fenómeno ya comprobado que cuanto más míseros vienen los tiempos, más fascina a la plebe la exhibición de figuras adineradas haciendo alarde de derroches. Así triunfó la alta comedia en el siglo pasado en los peores tiempos de crisis, como una fórmula de evasión con teléfonos blancos y personajes mundanos con la cartera repleta y la sastrería de fábula. Ahora las televisiones quieren hacer ese juego tratando de deslumbrar a proletariado y burguesía, a dos velas, mostrando la vida estupendíiiisssima de unas supuestas ricachonas, nuevas millonetis, que entran al trapo de marca enseñando sus gastos y desgastes, su petarda existencia, sin que las pobres, que se sienten en la gloria, se percaten de que en el fondo las usan para terminar ridiculizándose.Cuestión de estiloScott Fitzgerald, al que atraía mucho el mundo de la gente con fortuna, encontrándole su lírica y a la vez su drama, decía «los ricos son diferentes», mientras que Hemingway, más tosco y prosaico le respondía: «Sí, porque tienen más dinero». Y aquí es donde podríamos buscar una cuestión entre las diferencias entre los viejos y los nuevos ricos, entre los buenos ricos y los malos . Empieza por una cuestión de saber hacer y saber estar, y termina con ese toque de distinción con el que se nace, o en algunos casos también se hace, que exige elegancia y discreción antes que petulancia y exhibicionismo sobrado.Por eso nos gustan los grandes millonarios que apenas hacen vida pública, como Amancio Ortega, o su ex mujer, Rosalía Mera, una dama que puede aparecer en la lista selecta de «Forbes» sin darse pisto ni dejar de trabajar. Empezando desde abajo con Zara, o con el subidón de Inditex y su Fundación propia. Quizá acaben fabricando ricas herederas que alimenten el apetito de los cazafortunas, pero aquellos tiempos de las Barbara Hutton o Vanderbilt han pasado, y ya no se llevan los braguetazos si hay bienes separados. Podremos seguir hablando de «Mujeres ricas» como mitos, pero a las de verdad, verdad, apenas las conocemos.