Un Retiro espiritual

En la capital se respira diferente, no sólo por el aire cálido que rodea la almendra central. Es un aire de ilusión, entusiasmo, alegría, «de esperar a lo inesperado» y sobre todo, de espera paciente. «Tenemos ganas de saber cuál será el mensaje del Pontífice», explican un reducido grupo de chilenos que espera para disfrutar de un refrescante viaje a bordo de las barcas de El Retiro, uno de los principales atractivos del madrileño parque donde se han instalado la mayoría de las actividades que la Jornada Mundial de la Juventud prepara en paralelo a los encuentros oficiales con el Papa.

CONFESIONES. Cientos de peregrinos se pasaron por los confesionarios del Parque del Retiro
CONFESIONES. Cientos de peregrinos se pasaron por los confesionarios del Parque del Retiro

Una bandera de Honduras ondea cerca del Palacio de Cristal. La preceden numerosos peregrinos vestidos de azul que no dudan en retar a un grupo de brasileños para demostrar «quien mueve mejor las caderas». Como en cada encuentro, los latinos prueban que el ritmo les pertenece, a pesar de los intentos de norteamericanos y africanos por entonar cánticos que les identifiquen. Al margen de la acreditación, a la «generación JMJ» se la reconoce por sus sonrisas y por su curiosidad. «¿De dónde sois?», preguntan un grupo de mexicanos a unos albaneses que portaban su bandera roja con el águila negra en el centro. No se entienden por el lenguaje oral, pero los gestos son suficientes. Las dos nacionales han ocupado el único resquicio de sombra que queda cerca de la carpa de discapacitados.

Hasta el sábado, los peregrinos con problemas físicos o psíquicos podrán acudir a esta instalación –construida da cerca de la Rosaleda– para recibir asistencia o compartir sus experiencias. Seni tiene 20 años y ha bajado desde la ciudad alemana de Sttutgart para «sentir la atmósfera de Madrid», comenta la invidente. Llegó el lunes a Madrid y durante toda su estancia la acompañará una voluntaria de la organización. En este caso, Olga no se despega de ella. Sin salir de la carpa nos encontramos con Pablo Pérez, responsable de comunicación de la Fundación Juan XXIII: «Ayudamos a las personas con discapacidad intelectual». Él es el responsable de los chicos que, a partir de septiembre, locutarán el programa de Radio Círculo de Bellas Artes: «Radio o lo que sea». La Fundación sólo lleva dos años impartiendo cursos para discapacitados, pero, a pesar de su escasa trayectoria, han entrevistado a varias autoridades. «Mi hijo habló con Esperanza Aguirre», exclama orgullosa la madre de uno de los locutores. Sus programas se emiten desde ayer y hasta mañana como apoyo a la carpa de discapacitados. «Diariamente, en el salón de actos, se escuchará el testimonio de uno de los enfermos que ha viajado con nosotros a Lourdes y que explicará su experiencia», asegura Aurora, una de las voluntarias de la Hospitalidad de Lourdes, que, dos veces al año, peregrinan a esta localidad del sur de Francia para honrar a la Virgen: «Cada año se unen más jóvenes», añade. Todos los «stands» quieren dar voz a los «diferentes».

Hervidero espiritual

A mediodía, el recinto es un hervidero por el calor y por la gran cantidad de jóvenes que pasean por sus jardines. Un grupo de kuwaitís preguntan, perdidos, «Where can we have lunch? (¿Dónde podemos comer?)». Explican que de su país sólo han viajado 60 peregrinos. «La mayoría de los habitantes son musulmanes. Por eso venimos pocos», explican. «Somos de origen indio. Hay pocos católicos nativos», añaden.

Al margen del ambiente festivo, la espiritualidad también se palpa y se ve. Ayer comenzó la Fiesta del Perdón, que reunirá a más de 8.000 sacerdotes de todas partes del mundo. Ellos son los encargados de absolver a todos los peregrinos que decidan pasar por los 200 confesionarios que se han dispuesto en uno de los paseos del parque. Se hablará en siete idiomas y más de 300 voluntarios se encargan de su buen funcionamiento. José Antonio es uno de ellos y, hasta las dos de la tarde, «han pasado más de 100 peregrinos, pero esto es un goteo constante», afirma. Los sacerdotes que realizarán este oficio se han acreditado previamente y donan el tiempo del que disponen. Juan Carlos viene de Venezuela y sale exhausto del recinto: «He estado tres horas confesando. Ha sido una mañana muy intensa, no podría cuantificar cuántos peregrinos han pasado por mi confesionario», en él se ha hablado en italiano y español: los idiomas que maneja este sacerdote. Si se le pregunta por el tipo de pecados, arquea las cejas. «Los problemas que me han planteado son muy diferentes, depende de su cercanía con la fe», añade. Gonzalo Raimundo es español y ha concedido la absolución a 20 jóvenes que hablaban italiano, español o portugués. Como explica el párroco, «los que se acercan buscan en la confesión su tranquilidad de conciencia». Su sentir va más allá: «La vida es como un arco gótico, se descompensa con el materialismo», concluye.

Las casetas de la Feria Vocacional sustituyen las conocidas casetas de la Feria del Libro por congregaciones en busca de nuevas vocaciones. «Evangelizar rezando», se puede leer en una de ellas. Los jóvenes se acercan a los diferentes «stands» con dos sentimientos encontrados: curiosidad y miedo. «Nos preguntan de todo, pero sobre todo lo que les llama la atención es nuestra forma de vida, cómo vivimos nuestra fe», explica la madre Ana, una de las hermanas que se ha desplazado a Madrid de la Congregación de la Presentación a María.

La puesta en escena de las diferentes asociaciones seduce hasta a los más indecisos. Una de ellas cuelga el reclamo: «Salta con nosotros». Ofrecen a los que se acercan unos saltadores mientras les explican las bases de su congregación. La hermana Christenmaria ofrece unas galletitas saladas o como las llaman en Alemania, de donde es originaria su agrupación (Hermanas de María de Schöenstatt), unos «pretzels». Ha viajado con 30 hermanas: entre ellas, dos de Polonia y una española. «Es una experiencia fantástica. Los jóvenes que se acercan escriben en un papel sus intenciones y nosotras, después se las ofrecemos a la Virgen».

Desde la experiencia

Diez casetas más adelante se presentan los Legionarios de Cristo, que explican a los transeúntes cómo cada uno recibió su llamada. «Muchos nos miran con recelo, pero cuando les contamos nuestras experiencias se quedan atónitos», asegura el hermano Maximiliano, que no supera la veintena. Ayer fue el primer día grande del Retiro pero los organizadores esperan que el goteo no cese. El paseo del Papa por El Retiro, el próximo sábado, clausurará todas las actividades.


José Luis Garci: «Son las Olimpiadas de la Iglesia»
El director José Luis Garci forma parte del paisaje del Retiro. Ayer se encontró con varios peregrinos durante su paseo matutino. «Es curioso ver cómo viven la fe con tanta intensidad. Si tuviera que recomendarles una película sería ‘‘Qué verde era mi valle'', de Ford. Es una película con mucha emoción». «No entiendo que la gente critique este evento. Es estupendo para toda la gente y a Madrid le viene muy bien. La capital está abierta para todas las aficiones. Además, desde que han llegado, el Retiro está más limpio que nunca», explica.