La gata entre algodones

Álex Rigola se asienta en el tejado de zinc del CDN con su versión del drama de Tennessee Williams

Rigola reconoce haber visto el filme de 1958 dirigido por Richard Brooks «aunque no muchas veces». «A mí me encanta el segundo acto –aclara–, la gente siempre habla de Liz Taylor y Paul Newman, pero hay otro personaje que me maravilloso, que es el del pad
Rigola reconoce haber visto el filme de 1958 dirigido por Richard Brooks «aunque no muchas veces». «A mí me encanta el segundo acto –aclara–, la gente siempre habla de Liz Taylor y Paul Newman, pero hay otro personaje que me maravilloso, que es el del pad

No se extingue un incendio con dejar de mirarlo. Maggie, la «gata», cuyo marido, Brick, a duras penas oculta su homosexualidad entre alcohol y recuerdos de una juventud mejor, lo tenía claro. Tanto como que se puede ser joven sin dinero, pero no viejo sin él. Claro que estos hallazgos se deben al demiurgo: fue Tennessee Williams quien dio aliento a un drama sureño de secretos y fracasos en 1955 con un texto que es ya un clásico contemporáneo: «La gata sobre el tejado de zinc caliente». Con un título que prescinde de los artículos, llega al Centro Dramático Nacional la revisión que dirige Alex Rigola, una coproducción del Teatre Lliure y el CDN con Chantal Aimée y Joan Carreras en los papeles protagonistas, los que en el cine encarnaron, inolvidables, unos jóvenes Elisabeth Taylor y Paul Newman.

Contaba el dramaturgo que le atraían las profundidades del alma humana, aunque eso significara visitar las cloacas. Y Rigola confirma: «Ésta es otra bajada a los infiernos. Aunque sea una familia de clase muy alta, da igual tu poder adquisitivo. Está hablando de dos temas muy gordos: uno, la relación con los seres queridos, los padres e hijos o las parejas; el otro es la homosexualidad. Para mí, el primero es el principal: la relación con las personas que quieres y lo difícil que es comunicarse con ellas. Si es así, imagínate con los demás». Por si quedaban dudas, la escenografía del montaje (muy de cámara: se verá en la sala pequeña del Valle-Inclán), que «abre» las puertas de la mansión a los campos de algodón del negocio familiar en disputa, está coronada con una frase en un rótulo de neón: «Why is it so hard to talk?». El director abre su intimidad: «No tengo memoria de cuándo fue la última vez que le dije a mi madre: "Te quiero". Evidentemente, ella lo sabe, lo habré expresado de muchas formas. Pero mirarla a los ojos y hacer algo tan sencillo... Para mí es muy difícil. Y sé de mucha gente a la que le ocurre lo mismo». «En la pareja pasa igual: hay temas que parecen tabú. Y la obra es esto», añade el director. «El segundo acto, el más gordo, es una conversación entre un padre y un hijo para desbloquear algo en éste, pero lo más interesante es que es un intento de establecer conversación en el que las posiciones son imposibles: no hablan de tú a tú».
Hollywood maquilló la homosexualidad de Brick, insinuada de lejos. Aunque Rigola cree que está claro: «Cuando lees el original, el personaje es evidente que se enamoró de otro personaje, pero no es homosexual. Le gustan las mujeres. Y hay una cosa clara desde el principio: no miente, siempre dice la verdad. En todo caso, tiene una cierta bisexualidad». Y reflexiona el director del Teatre Lliure sobre la vigencia del conflicto en una sociedad en la que salir del armario empieza a ser algo normal: «Parece que hemos aceptado que dos personas del mismo sexo se puedan casar. Pero este señor es un jugador de rugby. Si lo trasladamos a la versión hispánica, me pregunto: ¿cuántos jugadores de fútbol de primera división homosexuales conozco? Cero. Y seguro que los hay. ¿Está resuelto el problema en este país? Si hay un miedo terrible a salir a un campo y que 50.000 personas te empiecen a gritar "maricón, maricón"si fallas un gol, se entiende que es un problema no resuelto por la sociedad. Hay que seguir hablando de ello».


El Rigola más reflexivo
En la carrera de Rigola hay pocos títulos similares, acaso tan sólo «El largo viaje hasta la noche». Nada tiene que ver esta «Gata» con sus «Julio César», «Woyzeck» o «Ricardo III». «Evidentemente, son textos más épicos, ésta se acerca mas a la introspección sobre el ser humano y sobre la familia, una de las posibles estructuras que van más allá del propio ego. Hay formas de abordar el teatro, pero hace tiempo ya que digo que sólo hay un tema en todas las obras de texto, que es el ser humano, cómo reflexiona, cómo funciona. Se pueden poner espejos para verlo más cóncavo o convexo, pero la historia es siempre analizar al hombre. El tema nunca es la ecología, sino cómo el ser humano reacciona delante de la naturaleza». Y añade: «Queremos saber más de nosotros para ser un poquito mejores». Así que, resume, «todo habla de la condición humana». Lo del «tejado de zinc caliente», explica el director, no tiene nada que ver con el erotismo de su propuesta, y es tan sólo una frase hecha con la que Williams hizo referencia al delicado equilibrio con el que Maggie camina por la vida, «pegando saltos, sin estarse quieta». El montaje, aclara, será «menos caliente que el original: nuestros actores no tienen las edades de los personajes. No es tanto un problema de pulsión sexual, sino que asistimos al final de una relación de pareja. Los originales deben de tener 25 o 26 años y los que sacamos nosotros están cerca de los 40: llevan como quince de una relación que se ha ido deteriorando y lo que se ve es un fresco del final». Y añade: «Es una relación imposible, tú ya sabes que no puede acabar bien y vas viendo cómo se destruyen al no abandonarse mutuamente. Para mí verlos es duro, agotador. Quien espere a una Liz Taylor juvenil no la va a encontrar».


El detalle
UN CLÁSICO DEL CINE

Rigola reconoce haber visto el filme de 1958 dirigido por Richard Brooks «aunque no muchas veces». «A mí me encanta el segundo acto –aclara–, la gente siempre habla de Liz Taylor y Paul Newman, pero hay otro personaje que me maravilloso, que es el del padre (Burl Ives)». Aunque, matiza, «yo preferí que mis influencias vinieran más que del cine, de las instalaciones: hemos decidido poner los elementos de la casa encima de un campo de algodón, que es lo que está en juego».



- dónde: Teatro Valle-Inclán. Sala Francisco Nieva. Madrid.
- cuándo: del 20 de enero al 27 de febrero.
- cuánto: 15 euros. Tel. 91 505 88 01.