El pistolero de Tucson pretende eludir la pena capital

Jared Lee Loughner se quedó mirando fijamente a la sala del tribunal de Phoenix, la capital de Arizona, cuando compareció ante el juez para escuchar los cargos de los que se le acusan. A su lado, su abogado Judy Clarke, que representó al terrorista de Oklahoma City, Timothy McVeigh, le susurró algo al oído inmediatamente después de sentarse.

Un muchacho pasa ante un altar en memoria de Christina Taylor Green, la niña de 9 años fallecida en la matanza
Un muchacho pasa ante un altar en memoria de Christina Taylor Green, la niña de 9 años fallecida en la matanza

El joven de 22 años, que apareció con el traje de prisión color beige y custodiado por doce agentes, ofreció una imagen escalofriante a los estadounidenses, que pudieron verle por primera vez desde el sábado, cuando tuvo lugar el tiroteo en el supermercado Safeway de Tucson. Estaba esposado.

La sesión se prolongó durante 17 minutos y sólo se le escuchó cuando el juez le preguntó si había entendido todos los cargos de los que se le acusan, aunque el departamento de Justicia ya ha advertido que presentará más. «Sí», contestó Loughner entonces.

La fotografía que ha publicado el comisario del condado de Pima de este chico, sonriente, con la cabeza afeitada y una cicatriz hecha el día del tiroteo, resulta terrorífica. Y sólo los comentarios que el joven de 22 años ha escrito en internet y sus macabros vídeos de YouTube parecen prueba suficiente de que el acusado de matar a seis personas y herir a otras 13, entre ellas la congresista Gabrielle Giffords, tiene problemas mentales. Pero, todo esto no va a ser suficiente para que Clarke construya su defensa basada en la posible locura de su cliente y pueda escapar a la pena de muerte.

Mientras los expertos especulan con que Loughner podría sufrir esquizofrenia paranoica, todo indica que el fiscal Patrick Cunningham buscará el máximo castigo.

Después de que la defensa de John Hinckley lograra probar con éxito su locura en el intento de asesinato del presidente Ronald Reagan, el Congreso decidió ponérselo más difícil a los abogados que basan su estrategia en la falta de salud mental de los clientes. Además, Arizona ha modificado la ley para que un acusado no pueda ser absuelto en un juicio por esta circunstancia. De esta forma, la fiscal del condado de Pima, Barbara LaWall, explica que «la persona ingresa en un hospital y si recupera la salud mental, es trasladada a prisión».

A 150 kilómetros al sur de donde Loughner escuchó esposado los cargos de los que se le acusan, la congresista Gabrielle Giffords seguía ingresada, en el Centro Médico Universitario de Florida. Un hombre controla allí la entrada y salida de vehículos, donde una veintena de periodistas tiene tomada la zona. En el césped de la entrada se han depositado velas, flores y mensajes. «Que Dios te bendiga, Gabby», se puede leer en la mayoría, junto a imágenes de la vírgen. En la ciudad, reina un silencio sombrío. El paisaje urbano se limita a casas estilo colonial español y no hay altos edificios. Sin embargo, aquí vive un millón de personas. Pero cualquiera que camine tiene la impresión de estar en un pueblo grande donde nunca pasa nada. Y así fue hasta el sábado.

Ayer, el neurocirujano jefe Michael Lemole ofreció una rueda de prensa desde su hospital para atender a la masa de periodistas que se ha apostado en su centro médico. «Respira por sí misma, pero tenemos que tener en cuenta que la congresista Gabrielle Giffords va a su ritmo. Y no al nuestro. Su recuperación llevará tiempo», indicó mientras intentaba contener a los reporteros, ávidos de un resquicio de noticia exclusiva.

El director Peter Rhee informó ayer de que se había llamado a dos de los mejores especialistas del país. El médico militar Geoffrey Ling, coronel que trabaja en el Departamento de Defensa y especializado en trauma cerebral; y el doctor James Ecklud, que es presidente del departamento de neurociencia del hospital de Inov a Fairfax en Virginia, según explicó.

Hoy el presidente Barack Obama se trasladará a la ciudad, donde está previsto un funeral en memoria de las víctimas del sábado en la Universidad de Arizona. Todos los ciudadanos de Tucson acudirán. Después intentarán volver a la cotidianeidad, aunque no dejarán de preguntarse cómo es posible que haya tenido lugar una cosa así.