FC Barcelona

OPINIÓN: Astiazarán el poli malo de la Liga

 
 

El sujetavelas
En esta ocasión ha hecho de convidado de piedra. Todo estaba escrito, lo que iban a ceder los clubes y lo que iban a aceptar los deportistas.
Que la Asociación de Futbolistas tiene toda la razón cuando busca que a sus representados se les pague lo que se les adeuda nadie lo discute. Que los representados están en su derecho de cobrar aquello que firmaron en sus contratos está casi de más defenderlo. Lo que parece más dudoso es que la AFE convocara las reuniones para negociar con fechas y horarios antes de sentarse a hablar por primera vez con la Liga de Fútbol Profesional, es decir, que daba la sensación desde el principio, tal y como finalmente ha ocurrido, de que los futbolistas han intentado agotar todos los plazos posibles para tensar al máximo la cuerda y poner a todo el mundo nervioso. Es decir, que ofreciera lo que ofreciera la otra parte, se iba a llegar al abismo antes de desconvocar la huelga de la segunda jornada de Liga.
«¿Por qué no sucedió en la primera?», se preguntarán los lectores limpios de corazón. Muy sencillo: a los jugadores les convenía dar la sensación de que no iban en broma y a los clubes les parecía que el fin de semana previsto para el inicio de la Liga de esta temporada era todavía de veraneo, con los socios y aficionados aún en la playa y con pocas ganas de bajar de la sierra para ver un petardo de partido.
José Luis Astiazarán puede que sea un torpe consumado y un mal gestor, puede que lo haya hecho mal o muy mal en su trayectoria, pero en esta ocasión ha hecho de convidado de piedra. Todo estaba escrito, incluso lo que iban a ceder los clubes y lo que estaban dispuestos a aceptar los deportistas. Apenas el testigo necesario.

¿Está bueno el vino?
¿Qué patronal mantendría en la poltrona a su gestor con un tercio de los afiliados acogidos a la Ley Concursal? ¿Por qué lo aguantan?
No traiciono la confianza del dirigente, ya fuera de este circo, que me contó la historia protagonizada por José Luis Astiazarán. El «timo del embudo» es una divertidísima maldad que se permiten los sumilleres elegantes con los arribistas pretenciosos. Almuerzo entre directivos de dos clubes de Primera en un restaurante de lujo de la total confianza de un consejero del rival de la Real Sociedad, presidida por el hoy mandamás de la LFP. Le dan a probar el vino al invitado, a la sazón Astiazarán, que lo rechaza con una mueca de desagrado: «Está picado». Mirada cómplice entre cliente habitual y maitre. Timo del embudo al canto. Se vierte el caldo presuntamente picado en otra botella con la ayuda de un embudo. Astiazarán lo prueba de nuevo y asiente con satisfacción: «Esto es otra cosa».
El desbarajuste en el que se ha convertido la Liga es la penitencia que los clubes deben pagar por haber colocado a Astiazarán (y a su inefable cirineo, Javier Tebas) al frente del negocio. A no ser que la mayoría se haya conformado con tener como representante al mayordomo del Madrid y del Barcelona, cuyos intereses sí son defendidos lealmente por la LFP. Sin necesitarlo. ¿Qué patronal mantendría en la poltrona a su gestor con un tercio de los afiliados acogidos a la Ley Concursal? Pues todavía hay que aguantar al individuo dando lecciones e insinuando, por toda estrategia para acabar con la huelga, que el sindicalista en jefe se vendió en su etapa como jugador. En San Sebastián, los abuelos se agarran con fuerza la cartera nada más escuchar su nombre. ¿Por qué lo aguantan?