Sarkozy hasta en el cine

«La Conquista» relata la lucha y la ambición de poder del presidente francés. No es la primera vez que se rueda la vida de un jefe de Estado, pero sí es la primera que se hace cuando aún está en la presidencia

La película   de Woody Allen con Carla Bruni competirá en mayo en las carteleras con la de Sarkozy
La película de Woody Allen con Carla Bruni competirá en mayo en las carteleras con la de Sarkozy

Es indudable que algo desprende Nicolas Sarkozy cuando el presidente de la República se encuentra convertido en personaje de cómic, tiene su guiñol en la televisión y hasta un muñeco vudú con su efigie. A partir de mayo, tendrá además su película. O mejor, una película sobre el animal político y su ascensión al trono, aunque, evidentemente, no sea él en persona quien la protagonice. Eso sí, y pese a ser una ficción, los personajes no son inspirados sino que cada uno responde a su nombre real. «Sarkozy se llama Sarkozy y Chirac es Chirac» cuenta a LA RAZÓN Eric Altmayer, el productor del filme. Si no es la primera vez que las cuitas de un presidente francés se llevan, noveladas, a la pantalla grande –Mitterrand tuvo su película a título póstumo–, sí es novedoso que alguien se arriesgue a contar las peripecias y vicisitudes de un hombre en su carrera hacia el poder, principalmente porque es un jefe de Estado en ejercicio.

Por méritos propios Sarkozy es una fuente natural de inspiración. Un diamante cinematográficamente hablando, pues reúne todos los elementos dramáticos necesarios para un buen largometraje aunque aquí no se trate expresamente de una biografía.
«Hay que dejar claro que no es un biopic sobre Sarkozy, o al menos no sólo sobre él», asegura Altmayer, que cita como modelo fílmico el hiperrealista «The Queen», de Stephen Frears, sobre la Reina de Inglaterra Isabel II, donde sólo los hechos cuentan. «Lo que hemos querido contar es cómo se desarrolla hoy en las democracias occidentales la conquista del poder, con todo lo que eso conlleva en un mundo ultra-mediático y muy mediatizado».

Y qué mejor ejemplo que Nicolas Sarkozy, que representa una generación nueva que ha transformado y desacralizado la función presidencial, que mantiene con la gente y con la Prensa una relación de proximidad y una obligación de transparencia llegando incluso a borrar en ocasiones la frontera entre vida pública y privada»


De ahí precisamente su título: «La Conquista» (La Conquête), que durante meses ha sido el secreto mejor guardado, pues de lo que se trata es de describir no sólo lo que el público ya conoce sino el reverso del decorado, las bambalinas de la política. Un ejercicio arriesgado, casi acrobático, en un país donde existe una cultura «casi monárquica» sobre la figura del presidente que lo hace intocable. «Me indigna el miedo y la autocensura que reina en Francia. Mucha gente nos ha dicho que si hemos realizado la película es porque hemos tenido la autorización y es falso. La hemos hecho de manera muy confidencial e independiente y la pregunta no es por qué hacer este tipo de filmes sino por qué no se han de hacer», remacha Eric Altmayer que reconoce que llevar al celuloide a Sarkozy ha hecho huir a mucha gente. Primero a los inversores. Aunque encontrar la financiación ha resultado difícil, han contado con un presupuesto de cinco millones de euros. «Modesto pero el resultado es muy vistoso», cuenta satisfecho. Algunos actores han ido abandonando durante el camino. El caso de François Cluzet, que debía encarnar al candidato Sarkozy con quien comparte no sólo cierto parecido físico sino gestualidad y que aceptó en un principio entusiasmado pero acabo renunciando tras leer el guión.

En su lugar aceptó Denis Podalydès, un habitual de las pantallas pero también del teatro. «Las semejanzas son menos pero ha conseguido encarnar totalmente el personaje, le da vida propia. Y eso que nunca ha visto ni conoce personalmente a Sarkozy», asegura el productor. El actor ha tenido que visionar horas de alocuciones y actos públicos para poder componer el personaje recreándolo en su imaginación.


También la vida privada
Según algunos periodistas, parece que el presidente se habría interesado ya por el resultado de su doble en la pantalla grande. Aunque oficialmente el Elíseo no ha reaccionado a la existencia del filme es evidente que los servicios jurídicos van a estar muy atentos a su estreno. Sobre todo en lo tocante a la esfera personal y a la relación con su ex esposa Cecilia Ciganer-Albéniz.

«Hemos tomado muchas precauciones», nos explica Patrick Rotman, guionista de la película, escritor, historiador y autor también de sendos documentales sobre los ex presidentes Chirac y Mitterrand. «Aquí sólo tratamos los aspectos privados en la medida en que tienen importancia política. No se puede hablar de la conquista del poder de Sarkozy sin referirse a su vida privada que ha desempeñado un rol determinante entre 2004 y 2005, con la marcha, separación y posterior regreso de Cecilia, etc... Y todo eso se vio en las portadas». Productor y guionista aseguran no haber recibido ningún tipo de presión por parte del entorno presidencial ni durante la escritura del guión ni durante el rodaje que se condensó en ocho semanas en París y en varios castillos de la región.


Un género literario
Para narrar esos cinco años de pertinaz combate, entre 2002 y 2007, de luchas intestinas en su propio clan, contra Jacques Chirac y Dominique de Villepin –sus principales rivales–, de dura travesía personal del candidato con su entonces esposa pero también principal consejera política, y pieza fundamental para su llegada al Elíseo, Rotman ha manejado decenas de discursos e intervenciones oficiales, leído multitud de libros sobre Sarkozy –un nuevo género literario en sí mismo– y consultado las notas de varios periodistas.

¿Es entonces una ficción donde todo es verdad? «Es una ficción donde todo es verdadero y falso al mismo tiempo», replica Rotman, que reivindica el arte de hacer algo falso a partir de datos ciertos, de una investigación seria y documentada. «No es un documental porque le hemos dado un punto de vista. De hecho el filme se podría haber llamado ‘‘La historia de un hombre que valora lo que gana en función de lo que ha perdido… o lo que ha perdido en función de lo que ha ganado"», apostilla Altmayer, que niega en cualquier caso se trate de una obra partidaria ni partidista, ni a favor ni en contra de Sarkozy. «No es una película panfletaria ni una hagiografía», matiza su guionista, sabedor de la inevitable interpretación subjetiva del público.

Lo que está claro es que esta tragicomedia que es «La Conquista» –en palabras del propio Rotman–, dirigida por el francés Xavier Durringer, y que ya está dando mucho que hablar en los círculos políticos y periodísticos, va a servir de preámbulo al arranque este otoño de la precampaña presidencial de 2012. Aunque asegura su productor que el estreno, previsto en un principio en otoño, se ha adelantado cinco meses precisamente para que no se convierta en un elemento de la campaña que pueda ser instrumentalizado.

Pero lo más cómico del asunto es sólo obra del destino. Azar del calendario, el matrimonio elíseo rivalizará en cartelera el próximo mes de mayo. La película sobre Nicolas Sarkozy coincidirá con el estreno de «Midnight in Paris» la última cinta de Woody Allen, que inaugurará el festival de Cannes, y en donde Carla Bruni hace sus pinitos en el séptimo arte con un papel secundario que a decir de las malas lenguas, no presagia que le lluevan nuevos papeles a la primera dama de Francia.



Moreau hará de Bettencourt
Un culebrón tan jugoso como el de la familia Bettencourt no podía escapar al cine. Y nadie mejor que Jeanne Moreau para encarnar a Liliane Bettencourt, heredera y principal accionista del grupo L'Oréal cuyas desavenencias con su hija Françoise han salpicado a lo más alto del Estado.
La actriz francesa, musa de Truffaut e icono de la Nouvelle Vague interpretará a sus 83 años a la anciana millonaria en el película «Porque yo lo valgo». De momento no sabe quién le dará la réplica en el papel del fotógrafo François-Marie Banier. El dandy que recibió de su protectora dádivas por valor de mil millones de euros sólo a cambio de una divertida compañía.