Candidatos muertos

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El auténtico «gironazo» en el programa presupuestario decidido el pasado miércoles por Rodríguez Zapatero ha provocado ya la primera gran consecuencia a nivel político, a saber, unas próximas elecciones municipales casi imposibles para el PSOE. Es el precio, internamente dramático, que habrán de abonar los socialistas por no haber sabido, o por no haber querido, el presidente gobernar con perspectiva y gradualismo la mayor recesión desde la postguerra. Obviamente, si hubiera gozado de más y mejor memoria histórica (de la Transición) hubiera aprendido de los Pactos de la Moncloa que, si no se incluye adecuadamente, la variable económica siempre se venga de la política. Y la mentira también. Porque la sensación hasta de los votantes progresistas es la de haber sido sometidos a una estafa superior a la de la oferta de trabajo en Dubai; de haber asistido a una ocultación inicua de la realidad financiera de un país en el que no puede ser verdad que en diciembre se firme una subida salarial con los funcionarios del 0,3% y sólo cinco meses después los organismos internacionales obliguen a meter un tijeretazo del 5%. No hay, pues, ninguna caída camino de Damasco y sí mucho de lección espartana proveniente de Grecia. Pero, sea como fuere, en toda esta historia lo único cierto es que en las capitales de provincia, donde el empleo público supone la base y el sustento social, el «cabreo» que diría Cándido Méndez es creciente y por tanto Zapatero, al haber perdido tanto el tiempo, ha echado igualmente a perder a sus candidatos locales para 2011. Por ejemplo en la Sevilla de Torretriana y San Telmo el efecto se intuye tan demoledor que hasta podría aparecer más de un aspirante popular sobrevenido queriendo ocupar el destino reservado hoy por hoy a Zoido. Una silla consistorial, y no sólo en Sevilla, para la que el PSOE no encuentra candidatos y ni siquiera Susana Díaz tiene aún calendario.