Gracias Real Madrid

Es notorio que a mí el fútbol me importa un bledo. Ignoro cuáles son las razones de tan insólito comportamiento, pero puedo dar fe de que ya estaba arraigado en la infancia.

La RazónLa Razón

Recientemente un coronel, antiguo compañero de clase, me comentó que sus recuerdos de infancia me incluían apoyado en una pared del patio del colegio leyendo un libro mientras el resto de los niños se dedicaba a darle patadas a un balón. No exageraba. Mi padre intentó aficionarme al futbol llevándome a ver partidos los domingos por la mañana y no sólo no consiguió su objetivo sino que tuvo que darme por imposible viendo con horror cómo en cierta ocasión pretendí salir de casa con un libro para leer mientras me encontrara en el estadio. Últimamente, Luis Herrero insiste pertinazmente en convertirme al futbol e incluso cuenta con apoyos como José Luis Garci y algunos otros futboleros ilustres, pero adelanto que ninguno ha avanzado un ápice. Ni siquiera eché un vistazo a los partidos del campeonato del mundo… con eso ya digo bastante. Cuento todo esto porque, con seguridad, alguno se sorprenderá sabiendo que mi natural indiferencia hacia el balompié se vio totalmente quebrada con la victoria del Real Madrid sobre el Barcelona. Bueno, en realidad, de lo que yo me alegré fue de la derrota más que merecida del Barça y de la cara que se le puso a ese señor de mandíbula semi-mussoliniana que se llama Artur Mas y que, al parecer, sólo piensa en cómo vaciarnos los bolsillos a los españoles. No es que me alegre de la desgracia ajena, no. Lo que pasa es que he calculado el dinero que nos hemos ahorrado con la victoria del Real Madrid. De entrada, en todas esas embajadas de Cataluña fantasmagóricas, absurdas y derrochonas que se pagan con el dinero de todos los españoles no habrá celebración de la victoria del Barça. Un dineral, sin duda, porque los nacionalistas superan en gasto a los mismísimos socialistas. Tampoco se dedicará dinero público a informes sobre las razones de la victoria del Barça –que, lamentablemente, es más que un club– sobre el centralismo de Madrit. Tampoco veremos manifestaciones subvencionadas de un par de docenas de personas insistiendo en que TV3 tiene que verse en Valencia siquiera para no perderse las victorias del futbol barcelonés. A lo mejor hasta nos libramos de una exigencia de compensación económica para el Barça que ha decidido no ser la imagen de España y que, por esa decisión propia, ha dejado de ingresar nuestros dineros. Y a lo económico únase lo político. Ningún nacionalista majadero –difícil encontrar un pleonasmo mejor– gritará «mueras» al rey que entrega la copa para que luego lo absuelva la justicia. Ya se sabe que en España te llamas Federico Jiménez Losantos y te sientan en el banquillo por criticar a Gallardón, pero deseas en un mitin la muerte del jefe del estado y te otorgan un cargo o, por lo menos, una subvención. Así que, a fin de cuentas, nos hemos ahorrado un dineral, algo que debería alegrar, en primer lugar, a los catalanes porque la deuda de su región es casi el 30% de la total de 17 CCAA y no están para más dispendios como no lo estamos nosotros. O sea que a mi el futbol… pues como siempre, pero ¡gracias, Real Madrid!