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Un enigma

La Razón
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El mayor misterio que permanece sin resolver en España no es si Zapatero llegará vivo al día de difuntos o si Camps llegará muerto a la cita con el sastre, sino cómo es posible que aún no hayamos declarado este país «paraíso de los emprendedores». He aquí un enigma histórico que brindo a Javier Sierra: teniendo, como tenemos, dos partidos políticos mayoritarios que presumen de dejarse los cuernos para facilitar la tarea a los emprendedores, ¿qué maléfica conjunción astral tiene la culpa de que éste siga siendo uno de los países con más trabas, burocracia y falta de estímulos para fundar una nueva empresa? El último informe del Banco Mundial señala que, en una lista de 183 países (ordenada de más a menos facilidades) España ocupa el puesto 147, un desastre. En el último año hemos bajado tres puestos. De los países de la zona euro sólo ganamos a... ¡Grecia!
El emprendedor viene a ser el pequeño empresario de toda la vida pasado por la thermomix del lenguaje moderno. Son veinteañeros recién salidos de la universidad o treintañeros con una historia anterior de trabajadores por cuenta ajena. Apuestan por una idea, se autoemplean y –esto es lo esencial– arriesgan. Su mayor desafío no es tanto crear la empresa como mantenerla viva. Ahora están todos de enhorabuena porque gane Rubalcaba o gane Rajoy se abrirán para ellos las puertas del cielo. No hay otro colectivo que esté recibiendo estos días más mimo, más guiños y más promesas. No hay colectivo al que le estén contando más cuentos.
Los nuevos empresarios han escuchado a Rajoy prometer una «ley de emprendedores» que, como los antibióticos de amplio espectro, acabará de golpe con todos los obstáculos que ahora padecen. En un ejercicio de cálculo fabulado, más propio de tertuliano verborreico que de aspirante a presidir el gobierno de España, el líder del PP estima que hace falta un millón de nuevos emprendedores para sacar nuestro país adelante. La primera vez que se lo escuché me pregunté por qué un millón y no dos, o tres, o sólo medio. Luego pensé que, si Rajoy tampoco gana esta vez, siempre podrá ganarse la vida como analista de Moody's.
Los nuevos empresarios han escuchado a Rubalcaba afirmar: «Lo daré todo por ellos». Fue la frase más floja de su discurso inaugural y sonó a prótesis. «Lo daré todo» es expresión de futbolista recién fichado, no de esprínter con galones. Es revelador que estando en un foro con más de mil personas se refiriera el aspirante a los emprendedores en tercera persona, como si ninguno de los presentes pudiera serlo. Los emprendedores no son un colectivo estanco de perros verdes, sino gente corriente con opiniones e ideologías distintas que incluso acuden, en ocasiones, a los actos de proclamación de candidatos.
Rubalcaba y Rajoy se van a partir el pecho. Qué bravos. Llueven tantas promesas que urge investigar el enigma: si PP y PSOE coinciden en querer arropar a los emprendedores, ¿qué maldición desconocida les impide hacerlo?