El muro de silencio de la violencia de género: 18 víctimas cero denuncias

El Gobierno reconoce su preocupación por este «cambio de tendencia»

MADRID- Cuando a finales de año quedaba contrastado que el número de mujeres asesinadas por violencia de género había descendido se abría una puerta a la esperanza, pero los primeros datos del año 2012 nos devuelven a una terrible realidad. El problema de la violencia de género es un fenómeno que todavía está oculto en la sociedad española. De ello se desprende que ninguna de las 18 mujeres asesinadas por sus parejas desde el 1 de enero hasta el pasado fin de semana había denunciado su situación.
El Ministerio de Sanidad, con Ana Mato al frente, ha puesto como uno de sus «propósitos irrenunciables» para esta legislatura lograr avances en esta materia. Una de las mayores preocupaciones de la ministra es el silencio que, según sus palabras, es el mayor cómplice de los malos tratos. De hecho, Juan Manuel Moreno, secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, reconoció ayer su «preocupación y sorpresa» por este «cambio de tendencia» pues, según dijo, «estos casos solían estar precedidos de un contacto previo con la Policía o los servicios sociales».
A pesar de las cifras de las 600.000 denuncias presentadas en los últimos cinco años, de que el 77% de las denuncias en los juzgados de Violencia sobre la Mujer sean condenatorias o de las más de 17.000 órdenes de alejamiento dictadas, algo no funciona. De hecho, la macroencuesta de violencia de género 2011 refleja que más de dos millones de mujeres han sido maltratadas por sus parejas sentimentales, de las que 600.000 sufren esta lacra hoy.
¿Qué estamos haciendo mal? ¿En qué nos estamos equivocando? La ley integral, la apertura de juzgados especializados, el aumento de la asistencia social, de las ayudas y las campañas publicitarias de concienciación no han logrado los resultados esperados.
El mes pasado la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica, Inmaculada Montalbán, denunciaba la presencia cada vez más escasa de la violencia de los medios de comunicación en el último año, algo que, en su opinión, es fundamental para la concienciación de la sociedad. La denominación más acertada es la que están utilizando las asociaciones de mujeres para definir la situación: «un muro de silencio».
Marisa Soleto, presidenta de la Fundación Mujeres, considera que esta situación es el reflejo de «la disfunción en la protección de las víctimas» durante los últimos años. La lectura positiva que hace es que en este tiempo «se ha mejorado la protección de las mujeres que denuncian», pero, en cambio, «todavía existe una cantidad importante de mujeres que siguen teniendo miedo a que el sistema no haga nada por ellas». Para Soleto, la solución pasa por «generar confianza en las mujeres, en usar los mecanismos de protección necesarios y que la sociedad esté más implicada». Las cifras de 2011 no son relevantes, según la presidenta de Fundación Mujeres –«es algo coyuntural, en el que el azar es importante», dice–, pero reflejan «la reiteración del desprecio al riesgo» que hay entre estas mujeres. Por ello, considera que «hay que trabajar más en la sensibilización social», sobre todo, en el entorno de las víctimas.

Falta de credibilidad
Una de las posibles causas de esta desconfianza en las instituciones es que, según han denunciado algunas asociaciones de mujeres, «no tienen credibilidad. Las polémicas por las denuncias falsas o las opiniones que defienden que la ley integral discrimina al hombre han hecho mucho daño». En este punto, se hace imprescindible la ley, que depende de la credibilidad y el respeto de la sociedad y del uso que los operadores jurídicos hacen de ella».
María Dolores Luque, presidenta de la Asociación de Familias de Violencia de Género, coincide con Soleto en que «la mayoría de las víctimas no quiere ver que hay peligro. Cada vez hay más denuncias, pero no tiene que ver con la realidad. Son muchas más. Depende de la edad que tengan, si tienen hijos, su situación económica... o simplemente por vergüenza». Luque también ha detectado que vuelve a haber un muro en torno al maltrato: «El silencio ha vuelto otra vez», afirma.
En este sentido, Ángela Cerrillos, presidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, «lo más difícil es romper el muro de silencio». Las causas son varias, pero destaca que «en los juzgados no hay respeto por las víctimas porque se pone el solfa su credibilidad debido a que la violencia de género se produce en ámbito de la intimidad y aportar pruebas es muy difícil».
Cerrillos no se muestra optimista con la situación y defiende que «los mensajes negativos juegan en contra, hay una ofensiva tendente a demostrar que las denuncias son falsas». Por ello insta a los jueces a que «miren con más atención las denuncias. La formación de los magistrados no es la solución única, la actividad instructora es nula o escasa y una buena instrucción lograría obtener pruebas que la mayoría no pueden aportar».
Respecto a los recortes denunciados por los grupos de la oposición, considera que no es ya tanto «una cuestión de medios sino de la voluntad de aplicarlos».
La representante de Themis tiene claro que el papel del anterior delegado para la Violencia de Género, Miguel Lorente, es una de las claves para entender la realidad actual. «Lorente, con la campaña que puso en marcha para que los medios no se hicieran eco de los sucesos le dio más armas al maltratador».
«Miedo aterrador» es como califica Ana María Pérez del Campo, presidenta de la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas, la situación de las mujeres maltratadas, que «son ignoradas por la sociedad y que se han visto perjudicadas por la poca efectividad en la aplicación de la ley».
«Se las acusa de presentar denuncias falsas, se las interroga como si fueran responsables del daño que han sufrido», lamenta. Pero, además, denuncia que «no cabe la legítima defensa porque si la mujer se defiende de las agresiones también la condenan. Estamos en una sociedad machista que, a pesar del paso de los años, no cambia. Es una cuestión de déficit democrático».


Descargas para inmovilizar a su ex pareja
La Guardia Civil detuvo ayer a un hombre como presunto autor de un delito de homicidio en grado de tentativa, después de que tratara de estrangular a su ex pareja sentimental, tras aplicarle descargas eléctricas para inmovilizarla en un descampado de la localidad de Bollullos Par del Condado (Huelva). Después de quedar inconsciente, la mujer despertó sola, tras lo que llamó a la Benemérita para denunciar lo ocurrido.