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Un Museo para España

La decisión de trasladar el Museo del Ejército del antiguo Palacio del Buen Retiro al Alcázar de Toledo fue, en parte, una decisión inducida por ese provincianismo, tan español, que consiste en fiarse de los consejos de historiadores hispanistas extranjeros, en este caso John Elliott, que –sin merma de su valía profesional, su amor a España y su inmenso saber– se dejan mecer de vez en cuando por los sueños de reconstruir un país imaginario, a la medida de sus fantasías académicas. El coste en energías, en dinero, en esfuerzo y en problemas de todas clases, ha sido gigantesco, sin duda desmesurado, pero una vez realizado, como por fin está a punto de serlo después de diez años de trabajos, habrá que darlo por bueno.
El antiguo Museo del Ejército, al lado del Casón del Buen Retiro y del Museo del Prado, era una institución excepcional. Combinaba la suntuosidad decorativa del antiguo Salón de Reinos con una de las colecciones de historia militar más ricas del mundo, como corresponde a España, de las mayores potencias imperiales de la historia de la humanidad. Poseía piezas bellísimas, absolutamente únicas, y tenía además algo muy característico, que era un cierto carácter próximo a lo familiar. El Ejército español que allí se tenía la oportunidad de conocer no era sólo una institución poderosa y heroica, un motivo de orgullo, un ejemplo de disciplina y tecnología.
También era algo más humano, pero no menos valioso, formado por los recuerdos de muchos de quienes, compatriotas nuestros o no, se sacrificaron, a veces hasta el final, por nuestro país, por su grandeza, por su libertad. Probablemente esta faceta, tan conmovedora, se habrá perdido en el nuevo Museo. Era algo casi irremediable aunque tal vez dentro de un tiempo pueda recuperarse, al menos en parte.
Lo importante, por ahora, es que las instalaciones del nuevo Museo son, por lo que se sabe, dignas de las mejores instituciones museísticas del mundo. Parece que nuestro Ejército va a estar dignamente representado en el maravilloso edificio del Alcázar. Los criterios de exposición serán pedagógicos y científicos, y permitirán comprender y explicar a todos, en particular a los más jóvenes, la gloria de la que somos herederos, que nos ha formado como personas y a cuya altura tendrán que estar si quieren hacer una aportación al mundo de la que puedan sentirse orgullosos, como tuvieron derecho a sentirse orgullosos sus antepasados.
Además, las autoridades ministeriales han dado marcha atrás en algunas de las decisiones más sectarias con las que habían flirteado en un principio. Estará presente el recuerdo de los jóvenes de la División Azul y se evocará como se debe el martirio de los resistentes al Ejército del Frente Popular. Así, sin dogmatismos, sin rencores, sin intentar manipular políticamente la historia, es como se empezará a anudar la urdimbre de la nación española, que ahora parece tan estragada y sin embargo está más a flor de piel de lo que muchos, por cobardía, por pereza, por dejadez, han supuesto durante tanto tiempo.