Literatura

Cataluña imposible

La Razón
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El periodismo de Eugeni Xammar puede ser una droga muy peligrosa. Sus artículos periodísticos, como corresponsal de cafés, mundos y utopías, especialmente en los años veinte y treinta, enganchan desde la primera línea. Un paladar tan exquisito como el de Josep Pla sabía apreciar cada uno de sus reportajes, hasta el punto de proclamar tiempo después que Xammar «me ha enseñado más que todos los libros juntos».
De esta obsesión por Xammar no hay ningún medicamento que logre desenganchar. Por eso es normal que los adeptos intenten justificar –como si eso fuera necesario– el por qué de la devoción xammariana. El último en hacerlo es Quim Torra en un gran libro: «Viatge involuntari a la Catalunya impossible».
La Cataluña a la que se refiere el ensayo es la que surge en los años 20 y 30, fecha en la que se hacía un periodismo combativo en las páginas de «Mirador» o «La Publicitat». Torra acabó enfermo de Xammar y dejó la comodidad de la abogacía por la complejidad de dejarse las horas buceando en hemerotecas. Ahora es editor y navega contra viento y marea desempolvando incunables del periodismo, una labor propia de ser premiada como mínimo con una Creu de Sant Jordi.
Xammar decía que «tratándose de las cosas de Cataluña, yo no tomo precauciones». Con frases así, es normal tener seguidores.