Irán

Día de las Fuerzas Armadas

La Razón
La RazónLa Razón

Hoy se celebra en Málaga un nuevo Día de las Fuerzas Armadas. Quizá una buena excusa para tratar de atraer algo de atención sobre una Institución que ha hecho del servicio a la sociedad española su razón de ser. Hace unos meses expuse en este medio mi deseo de que el Gobierno supiera defender la cohesión interna de nuestra Nación y su prestigio exterior. No estoy convencido que hayamos avanzado mucho especialmente en el primero de estos aspectos. Creo que la mayoría de los militares contemplan sobrecogidos cómo a una severa crisis económica se une otra política e institucional. Los partidos políticos muestran una tendencia centrípeta que está amenazando a su representatividad a la vez que la independencia jurídica, especialmente la del Tribunal Constitucional, está gravemente cuestionada. Menciono todo esto para señalar que es difícil defender en el exterior con las armas los intereses de una sociedad cuando se discuten cosas como las que se cuestionan a diario en España. Pero en fin, aunque sea con el alma en vilo, trataré de repasar brevemente lo que yo pienso están sintiendo los militares. Empezando por lo que no va mal, por lo operativo, revisaremos los diferentes teatros donde están desplegadas fuerzas españolas, cuyos esfuerzos no reciben, quizá, la debida atención por parte de nuestra opinión publica. En Afganistán se empieza a ver algo de luz al fin del túnel. El terreno en nuestra zona de responsabilidad se está asegurando cada día más gracias al titánico y meritorio esfuerzo de nuestras tropas contra una siempre dura oposición talibán. Aunque todavía es pronto para que el Ejército afgano se haga cargo de la seguridad y obtenga la confianza de la población, se está avanzando bastante, al contar ahora con más fuerzas desplegables. Si tenemos paciencia y algo de suerte, lo de Afganistán puede acabar dignamente.

El marco de la presencia de nuestras fuerzas en Líbano, donde ostentamos el mando militar, es de tal magnitud –Israel, Siria, Hizbula, Irán– que supera cualquier posible línea de actuación que nuestra diplomacia pudiera adoptar. La paralización de cualquier reacción sobre Siria, en agudo contraste con lo que se decidió para Libia, demuestra no sólo lo secundario del componente humanitario en la decisión de intervenir, sino también la magnitud de las fuerzas que actúan sobre la situación en la zona. Creo que de Líbano deberíamos salir paulatinamente antes de vernos inmersos en un conflicto que nos supere, especialmente si la Administración Obama sigue sin reaccionar ante la situación en Siria. En Libia los acontecimientos van más lentos de lo que parecía inicialmente, quizá por lo limitado del mandato político que han recibido las fuerzas de la OTAN. El liderazgo francés, la debilidad del objetivo estratégico y la inconsistencia de los rebeldes hacen que se avance lentamente, y sólo la asfixia económica y logística de las tropas de Gadafi puede llegar a ser determinante. Pero naturalmente en un plazo relativamente prolongado.

Está mejorando algo la firmeza internacional en la represión de la piratería en el Índico. Ha habido algún avance en el imprescindible apoyo legal a nuestras fuerzas marítimas y la seguridad privada a bordo de buques mercantes y pesqueros está demostrando una cierta eficacia. Algunas Marinas de Guerra, especialmente la india y también la norteamericana, están mostrando más resolución al utilizar unas reglas de enfrentamiento mas enérgicas que las que otros tenemos que sufrir habitualmente. Lejos todavía de solucionar la piratería con acciones cinéticas decisivas sobre la costa somalí, se está logrando que el precio que los piratas pagan por cometer sus fechorías sea un poco mayor. Si lo operativo, pues, va razonablemente bien, lo que pudiéramos denominar como orgánico y logístico no muestra un panorama tan positivo.

El proyecto de ley de derechos y deberes ha mejorado algo en cuanto al asociacionismo militar, pero no acerca de la libertad de expresión, aspectos básicos de esta ley sobre la que hay consenso político, que no es garantía de calidad, como demuestra los embates que la deficiente Ley de la Carrera Militar está recibiendo por parte de sus sufridas víctimas. Y es que continúa la tendencia a legislar sobre lo militar desde bases ideológicas determinadas y ante una cierta indiferencia de otros sectores políticos que quizá ven en este campo alguna posibilidad de mostrar el consenso que al parecer no es posible alcanzar en otras cuestiones. Pero por desgracia, consenso no siempre es sinónimo de calidad. Y qué decir del anteproyecto de ley sobre el régimen disciplinario, que incorpora figuras como las sanciones económicas mandando a su domicilio al infractor, lo que está muy alejado de la mentalidad militar tradicional. Siguen legislando para los militares sin contar mucho con ellos y sin tener en cuenta los resultados prácticos. La crisis económica también repercute naturalmente en las Fuerzas Armadas, que ven la mayoría de sus inversiones suspendidas o relantizadas y sus actividades de adiestramiento y formación muy afectadas. Sólo lo imprescindiblemente operativo recibe financiación. El nivel de descapitalización será evidente cuando la crisis económica se supere, pero en todo caso es muy serio.

Espero haber contribuido a dibujar los claroscuros donde se encuentran las Fuerzas Armadas, siempre tratando de desempeñar lo mejor posible las misiones que nuestra atribulada Nación les tiene asignadas.