«Entre nosotros» el verano ya calienta

Su segundo largometraje le ha proporcionado a la alemana Maren Ade una lluvia de premios, entre ellos el del Jurado en la pasada Berlinale. La directora, de 34 años, estrena esta cinta basada en las relaciones de una pareja que acaba de comenzar su relación

Brigitte Bardot y Michel Piccoli en «El desprecio», de Jean-Luc Godard
Brigitte Bardot y Michel Piccoli en «El desprecio», de Jean-Luc Godard

Siempre quiso ser cineasta, pero vió complicado su ingreso en la escuela de cine de Múnich. Tiró por la producción, pero su verdadera vocación siguió latiendo hasta que apostó por ella y empezó a filmar. «Los árboles no dejan ver el bosque» fue su primer largometraje, que rodó con 160.000 euros en 25 días, y con él empezaron a llegar los premios. Maren Ade, a sus 34 años, dirige sus filmes y escribe sus guiones, se considera muy perfeccionista y emplea cuatro años en cada proyecto: «Soy como esos animales que van cavando en la tierra hasta que dan con lo que quieren», dice con una eterna sonrisa. Su segundo filme, «Entre nosotros», gran premio del jurado a la mejor película en la Berlinale, se centra en los pequeños detalles de una relación amorosa por la que hay que luchar.–¿Se ha sentido más cómoda en este rodaje que en el de su ópera prima?–En parte sí porque ya sabía cómo iba a ser todo, pero como dejo bastante tiempo entre cada proyecto, siempre tengo la impresión de que arranco de cero.–Después de que su debut sorprendiera en los festivales de Toronto y Sundance y de su éxito con «Entre nosotros» en el Festival de Berlín, ¿siente presión por cumplir las expectativas?–No, me he tomado el éxito como algo positivo que me ayuda a conseguir financiación y a estar más segura con lo que hago, hace que me relaje un poco, pero no demasiado (risas). Sólo siento presión cuando busco un tema para un proyecto nuevo, porque tengo que encontrar algo que me llene por completo, ya que voy a pasar mucho tiempo con él.–¿Cómo surgió la historia de Gitti y Chris?–En un principio sólo eran ideas sueltas. Estaba interesada en hacer un filme sobre los pequeños detalles que rodeana a una pareja y quería mostrar a dos personas que fueran muy diferentes entre sí, pero que mantuvieran una relación de igual a igual. Conforme fui escribiendo sobre ellos se presentó la historia por sí sola. Siempre es así, se trata de mi forma de trabajar, empiezo por los personajes y la trama viene después.–En su filme habla de los papeles que culturalmente rodean a las parejas. ¿Es el miedo a salirse de ese patrón lo que las pone en peligro? –Ésa es la cuestión que trata de resolver la película. Cada personaje se plantea esta pregunta por separado, porque tienen miedo de no gustar al otro, precisamente por no seguir dichos parámetros. El problema radica en que intentan ser quienes no son y es ahí donde se pierden a sí mismos. –¿Es un problema generacional, ahora que la búsqueda de la pareja perfecta se eterniza? –Sí, totalmente, porque ahora tenemos más libertad para elegir con quién estar y cambiamos mucho de pareja, algo que tiene su lado positivo, pero también negativo, ya que nos cuesta más averiguar con quién estamos o quiénes somos.–Los cuatro protagonistas provienen del mundo del teatro, ¿Quiso que fuera así por alguna razón?–No, no busqué expresamente que hubieran trabajado en la escena, simplemente resultó así, pero sí que es cierto que los actores que sólo hacen cine y televisión no me interesan tanto. Sus trabajos sobre las tablas les ayudó mucho a interpretar mejor a estos personajes porque están acostumbrados a comunicar con su cuerpo y yo quería mostrarlos desde un punto de vista muy físico. Me gusta trabajar con los actores y sacar de ellos cosas nuevas que no se hayan visto aún en el cine, aunque es algo muy difícil de conseguir.–De todos los elementos cinematográficos, ¿Cuál es el más importante para usted?–Lo que más me interesa transmitir al público es la profundidad de los personajes, para mí son lo más importante de una película. Me fascina mostrar esos pequeños detalles que uno percibe que tienen una gran importancia vital, pero que en realidad no la tienen. Son simples matices sin un valor especial, sentimientos totalmente magnificados.–¿Revolotea por su cabeza algún nuevo proyecto?–Aún estoy en fase preliminar, en busca de una buena idea entre las muchas que tengo...–¿Su cabeza descansa en algún momento?–Si tengo un proyecto me centro en él, no puedo pensar en nada más. Pero cuando no tengo nada, rápidamente me pongo a buscar algo para no estar parada, así que no. Siempre necesito tener algo entre manos para poder plasmar mi visión del mundo.

La vuelta a los clásicos«Me encantan las películas clásicas de Bergman, Godard y Antonioni que se centraban en las relaciones sentimentales. En ellas, la pareja se pasa todo el metraje hablando», confiesa la directora de «Entre nosotros». Y no hace falta que lo jure. Su cinta recuerda indudablemente a «La noche», de Antonioni; «Secretos de un matrimonio», de Bergman («La vimos todo el equipo juntos», confiesa la realizadora); «El desprecio», de Godard; e, incluso, a «Viaje a Italia», de Roberto Rossellini. Son, en definitiva, historias pequeñas que no necesitan un gran desarrollo argumental ni tramas paralelas, sólo un conflicto de pareja en ciernes que, con todas sus visicitudes, resulta suficiente para hacer la trama consistente. Pero no sólo de clásicos vive Maren Ade. La realizadora de «Entre nosotros» también revela su gusto por «algunos filmes de nuevos directores que puedo ver en los festivales. Por ejemplo, admiro a Apichatpong Weerasethakul, que ha recibido este año la Palma de Oro en Cannes». No le gusta para nada que la engloben dentro de «la nueva escuela de Berlín», «término inventado por los críticos», dice.