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Prudencia y firmeza

Tiempo de lectura 4 min.

11 de enero de 2011. 01:19h

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11/1/2011

La banda terrorista ETA anunció ayer un alto el fuego «permanente, de carácter general e internacionalmente verificable», y su «compromiso firme» con lo que denomina «un proceso de solución definitivo» y con el final de «la confrontación armada». Una lectura responsable del retórico comunicado, que se ha convertido en el estertor de los grupos terroristas que ha conocido Europa, no deja lugar a la duda sobre la necesidad de valorarlo con recelo y prudencia. De hecho, otra vez vuelve a incidir en el diálogo y la negociación como llaves para llegar a «una solución a la violencia». Algo por lo que un Ejecutivo democrático y un Estado de Derecho no pueden transigir. Además, insiste en sus viejas condiciones: territorialidad y derecho de autodeterminación. Dos cuestiones insuperables, ya que la banda asesina vuelve a poner sobre la mesa el trágala de un proyecto político que busca la destrucción de España y la creación de un ente formado por el País Vasco y Navarra, además de los territorios franceses, en un estado socialista que nos retrotrae a los peores momentos de la Guerra Fría. El documento es también todo un gesto de desprecio a las víctimas, a aquellos que han sufrido durante décadas su zarpazo. Ni el menor atisbo de pedir perdón por el mal realizado. En sus líneas se las ignora de manera consciente. Ante tanto desvarío, el ministro del Interior y vicepresidente primero, Alfredo Pérez Rubalcaba, aseguró ayer que el anuncio de tregua de ETA «no es una mala noticia, pero no es la noticia», pues lo único que se espera de la banda es que anuncie su abandono de las armas. Unas palabras que coinciden en su espíritu y su forma con las de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, al asegurar que el comunicado de la banda es sólo una «pausa» porque dice lo mismo de siempre, ya que no renuncia  a su actividad, tampoco se arrepiente de nada y no pide perdón a las víctimas. Esa coincidencia en la valoración del comunicado de ETA por parte de los dos partidos mayoritarios es la mejor garantía de que los asesinos no lograrán doblegar a los demócratas, unidos como están, desde hace años para precipitar su fin. Respecto a lo verificable que puede ser este anuncio de ETA, cabe decir que se puede comprobar el envío o no de cartas de extorsión, pero comprobar las armas de las que dispone la banda es bien distinto. No hay registros de sus compras de armas en el mercado negro, por lo que sólo cabe creer en su palabra. Algo a todas luces suicida. Más bien parece que los asesinos buscan tiempo hasta que su franquicia Batasuna, o como quiera que sea el nombre con el que se registren ante el Ministerio de Interior, antes de las elecciones de mayo, intente de nuevo asaltar las instituciones. El único comunicado aceptable que los españoles esperan de ETA es el anuncio de los terroristas de que abandonan las armas y asumen sus responsabilidades ante la Justicia y la sociedad. Todo lo demás es, para ellos, ganar tiempo que, antes o después, acabará de forma abrupta, la cual, cuando a ellos les vuelva a interesar, como en ocasiones anteriores, con un asesinato o una bomba.
 

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