Música

Norah Jones ya no tiene miedo

La neoyorquina ha encontrado su propio camino musical más fuerte, menos dulce

Norah Jones ya no tiene miedo
Norah Jones ya no tiene miedo

Norah Jones ha decidido pasarse al lado oscuro. O, como poco, a la senda del inconformismo. Tras actuar en Barcelona, presentará el domingo en Madrid su último trabajo, «Little Broken Hearts», la valiente y decidida apuesta por unos sonidos más crudos y menos amables que los que caracterizaron el inicio de su exitosa carrera. La audiencia no debe esperar ya a esa Norah Jones que cantaba con dulzura al piano canciones como «Don't Know Why» o «Sunrise». Al menos, no como línea maestra de su recital. Aquello ocurrió hace una década, cuando ella era la reina de algo cercano al «soft jazz» y vendía 18 millones de copias de «Come Away With Me», su primer trabajo.

Norah Jones nació el 30 de marzo de 1979 en Brooklyn y desde pequeña creció rodeada de las partituras de su padre, el popular Ravi Shankar, un virtuoso del sitar que influyó profundamente, entre muchos otros, en George Harrison. Pero a Norah Jones nunca le interesó demasiado la música de su padre. Se educó en la doctrina de músicos como Joni Mitchell, Carole King, Hank Williams, Billie Holiday, Bob Dylan, Beatles o Gram Parsons.

Curtida en plazas secundarias

Quien piense que Norah Jones tuvo acceso a una carrera más cómoda por su «noble cuna» está más que equivocado. Durante sus años iniciáticos como profesional se ganó sus dólares tocando en la recepción de los hoteles, bares, bodas, fiestas privadas y hasta en iglesias. Luego encontró un grupo estable junto al compositor y músico Jesse Harris. Con esa banda consiguió actuaciones en el precioso club de Manhattan The Living Room y a uno de esos conciertos acudió un cazatalentos, que a su vez le pasó una maqueta a un ejecutivo del sello de jazz «Blue Note». Ahí comenzó todo. Año y medio después, se puso a la venta «Come Away With Me» y el mundo entero saludó la llegada de una nueva estrella. O más bien el advenimiento de una «antiestrella». Más allá de su belleza exótica, Norah Jones se alejaba de los ídolos del momento. No disfrutaba posando, no llevaba una banda llena de percusionistas, no hacía música bailable… Ni siquiera alardeaba de padre. Más bien aparecía tímida y hacía música con aire «retro». Nada que estuviera de moda en ese momento. Pero arrasó en los Grammy de 1993 al ganar ocho trofeos, incluyendo el de mejor disco del año que arrebató al mismísimo Eminem.

Su siguiente álbum, «Feels Like Home» se movió bajo parámetros parecidos (propuesta estilística, éxito de crítica, ventas millonarias) y no fue hasta «The Fall» (2009) cuando Norah Jones decidió tomar un desvío en el camino. Fiel a su instinto de artista, decidió apartarse progesivamente de las formas más sencillas y cómodas de presentar su música. Inspirada en músicos como Tom Waits o Jeff Tweedy, de Wilco, comenzó a investigar con sonidos épicos y hasta cambió el piano por la guitarra eléctrica.

«Para este disco, simplemente tenía un sonido en mi cabeza. Quería que el ‘‘groove'', los ritmos, fuesen más potentes. Y también quería, sencillamente, hacer algo distinto. Llevaba mucho tiempo trabajando con el mismo grupo de músicos y me parecía que era un buen momento para trabajar con gente diferente», afirmó.

Muchos de sus seguidores más clásicos se decepcionaron con la «nueva» Norah Jones. Pero no había vuelta atrás. Y todavía más radical es su último trabajo, pues con «Little Broken Hearts» confirma que posee plena convicción en el viaje. «Ahora soy más adulta y eso se hace evidente en lo que escribo. Siempre me preocupaba por el arte de escribir canciones porque me consideraba muy nueva, pero ahora ya no tengo miedo de, sencillamente, intentar algo. Tengo la suficiente confianza para querer expresarlo, sacarlo ahí fuera y escucharlo», afirma. Y no es mal resumen de lo que entiende una artista por elegir el camino más difícil, quizá impopular, para seguir avanzando, para mantenerse viva mientras otros caen con más dinero pero menos prestigio.

Bendecida por la realeza del rock
Norah Jones nunca estuvo sola. Quiso y se hizo querer. Por eso su currículum se llena de múltiples colaboraciones. Muy pronto fue aceptada por los mejores y ella siempre se mostró abierta a cantar junto a músicos admirados y artistas. Por ejemplo, no se empequeñeció cuando Bob Dylan la invitó a cantar «I shall be released» en un concierto, o cuando hizo junto a Keith Richards una emotiva rendición de «Love Hurts» en memoria de Gram Parsons. La cantante de Brooklyn ha grabado numerosas colaboraciones y un buen testimonio es el álbum «Featuring», que recopila algunas junto a gente como Foo Fighters, Willie Nelson, Belle & Sebastian, Ryan Adams y Herbie Hancock. Además, es habitual que en sus conciertos incluya versiones, algo que probablemente haga en Madrid.
 

Cuándo: domingo, 23 de septiembre. 21:30. Dónde: Palacio de Congresos. Madrid. Pso. Castellana, 99. Cuánto: entradas agotadas.