Operación disfraz

Dirección: Rodrigo García. Guión: G. Close, John Banville y G.Prekop, según el relato de G.Moore. Intérpretes: G. Close, J. McTeer, M. Wasikowska, B. Gleeson. GB-Irlanda, 2011. Duración: 113 minutos Drama

Un hombre no se viste de mujer, se traviste. Una mujer no se viste de hombre, se camufla. El cine ha insistido en hacer esta distinción sexista para denunciar precisamente una situación sexista: que en aquellos tiempos en que el sexo débil era débil y vapuleado la estrategia de camuflaje era una opción para sobrevivir. Para entendernos, «Albert Nobbs» está más cerca de «Yentl» que de «Boys Don't Cry», aunque la energía que irradia el personaje es menos expansiva que la de Barbra Streisand. Como Yentl, Nobbs ha escogido por voluntad propia su disfraz transgenérico, aunque no para acceder al conocimiento que sólo fue privilegio de los hombres sino para que lo dejen tranquilo, para que lo confundan con el marco de una puerta y pueda seguir ahorrando con el fin de cumplir su sueño de montar un estanco en la Irlanda de fines del siglo XIX.

Glenn Close, que interpretó a Nobbs en el off-Broadway hace tres décadas, ha querido levantar este proyecto durante los últimos quince años. Sorprende ese deseo tan vehemente teniendo en cuenta el poco interés que despierta el personaje. Está, por supuesto, el reclamo del disfraz, pero la pasividad y la irritante inocencia de la visión del mundo de Nobbs sólo despiertan en el espectador piedad e impaciencia. Close lo encarna poniendo un ojo en Chaplin y otro en Keaton: su cara de palo es como un folio en blanco que nadie quiere estrenar. Es un papel difícil, desagradecido, que esconde una paradoja: valoramos su interpretación porque consigue que el personaje sea un cero a la izquierda.

Tiene sentido que Close contratara a Rodrigo García para llevar a buen puerto «Albert Nobbs». Su reputación como excelente director de actrices le precede. El problema es que ni Close ni García, que no ha sabido combatir el academicismo del material de base, se han dado cuenta de que la verdadera película estaba en el personaje de Hubert Page (espléndida Janet McTeer), a la vez alma gemela y némesis de Nobbs. Es él el que encarna la complejidad de este conflicto de identidad y la fuerza para saber enfrentarse a él.