«Ahora podrá crear Venecuba»

La Razón
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Madrid- La revuelta estudiantil es el último foco de resistencia al régimen del presidente venezolano, Hugo Chávez. Milagros Paz combate el chavismo más intolerante desde que ingresó en la Facultad de Comunicación Social. Amiga personal de Flavia Araujo, la estudiante asesinada a balazos hace un mes en el campus de la Universidad de Zulia, da una prueba más de la ceremonia de la confusión en que ha sumido Chávez al país. Aunque la Fiscalía insistió en afirmar que Flavia fue abatida por opositores, el hecho es que cayó a manos de pistoleros del oficialismo.

La situación de terror que se vive en las universidades venezolanas es incluso peor que en las calles, ya que los pistoleros chavistas campan a sus anchas por los campus amparados en la autonomía de las facultades, donde –denuncia Milagros– llegan a guardar sus armas.

«Lo importante no es perderse un examen o un semestre si nos jugamos perder un país», afirma. Por eso, están dispuestos a seguir combatiendo pacíficamente con el apoyo de miles de desempleados, un detalle que desmonta la acusación del líder venezolano, empeñado en referirse a ellos como «hijos de papá». «Sí, yo soy hija de mis papás, pero no engañan a nadie: ellos son los nuevos ricos».

El movimiento estudiantil rechaza la reforma constitucional sometida ayer a referéndum porque no contiene los temas que preocupan a los venezolanos, como son la delincuencia y la inseguridad –48 muertos al día en las calles–. «La reforma no es necesaria salvo para el Gobierno, todos los cambios se resumen en uno: que Chávez se quede en el poder para siempre», explica Milagros Paz.

En parecidos términos se expresa Juan Manuel Hernández, miembro de la opositora Primero Justicia. «Chávez pretende crear una cortina de hierro sobre Iberoamérica. La reforma se compone de cinco bombas: la reelección indefinida; la reorganización territorial; la eliminación del derecho de propiedad privada, copiada del artículo 21 de la Constitución cubana, ya que no habrá juicio previo para la expropiación en un país donde los tribunales están controlados. La cuarta bomba es la creación del poder popular que no nace del sufragio y al que se le asigna por el dedo de Chávez el 5% de los presupuestos. En definitiva, un poder paralelo al servicio del Gobierno. Y la última bomba es el estado de excepción que les permite eliminar el derecho de libertades e información por tiempo indefinido. Se están preparando por si la economía salta por los aires».

A estas habría que sumar la amenaza del propio Chávez de entrar en la carrera nuclear. «Ya hemos entrado en una carrera armamentista, con Rusia como proveedor. Ahora habla de la energía nuclear cuando el país dispone de recursos energéticos inagotables. Lógicamente no tendría uso civil. Quiere tener dos armas supremas: el petróleo y un programa nuclear».

Ambas al servicio del castrismo, ya que con la nueva Constitución podría anexionarse otro país y crear «Venecuba», un proyecto ya avanzado como se comprobó en su reciente gira europea, cuando el caudillo venezolano sobrevoló España en un avión de Cubana de Aviación.