Insultos a la Iglesia con dinero de todos

La Razón
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Madrid - La sede del Instituto Cervantes en Alcalá de Henares acoge desde el 14 de diciembre de 2007, y hasta el 2 de marzo de este año, la exposición «Frente al Fascismo. Nueva York y la Guerra Civil española». Poca objetividad se puede pedir a una muestra organizada por los herederos directos de uno de los dos bandos en conflicto, en concreto, la «Fundación Pablo Iglesias» y el «Archivo de la Brigada Abraham Lincoln», pero sí parece conveniente reclamar que no se utilice el dinero de todos para subvencionar insultos gratuitos contra la Iglesia española. Más aún, cuando en la portada del catálogo oficial figuran los logotipos del Ministerio de Cultura (Gobierno de España), la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y el propio Instituto Cervantes, cuyos presupuestos se nutren de los impuestos de todos. Sería un trabajo tedioso y, por lo ya visto, inútil, tratar de aclarar o contextualizar muchas de las aseveraciones vertidas por los ilustres colaboradores de la exposición. Como, por ejemplo, cuando se simplifica la opinión de los Estados Unidos en julio de 1936, obviando que el bando de Franco dispuso a crédito de millares de camiones y de millones de toneladas de combustible norteamericanos, que fueron una de las grandes bazas de su victoria.

Pero estos asuntos son meras cuestiones académicas frente a la afirmación del prologista de la exposición, Edgar L. Doctorow, escritor de cabecera de la izquierda norteamericana, que suelta la siguiente perla: «Al igual que en la década de 1930, cuando la Iglesia puso su peso espiritual al servicio de los falangistas, los terroristas musulmanes reciben ahora el apoyo de los clérigos musulmanes que sostienen la interpretación más reaccionaria del Corán».

Ya que en la portada del Catálogo figura el Ministerio de Cultura, no estaría de más que se incluyera una cronología básica del periódo, que debería empezar, no por la quema de iglesias en mayo de 1931 y la promulgación de una Constitución sectaria que expulsaba a la Iglesia de la vida común; sino por la nota hecha pública por el Nuncio en el mes de abril de 1936, en la que recomendaba a los fieles obediencia y colaboración leal con las nuevas autoridades republicanas.