Comunidad de Madrid

Un arma contra el dolor crónico

La fibromialgia y la artritis reumatoide provocan un sufrimiento constante a quienes las sufren. Gracias al método pilates adaptado, logran mejorar su condición física y su estado de ánimo.

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Hace cinco años que Pilar dejó de un lado su trabajo para enfrentarse a lo más duro. El dolor. Ése que empieza en la punta de los pies y termina en la cabeza. El que eriza el pelo cada vez que te tocan. Porque la fibromialgia acompaña a quien la sufre el resto de su vida. «Me diagnosticaron hace dos años. Las manos, por ejemplo, las tengo fatal. Me han operado y es posible que tengan que hacerlo de nuevo», explica Pilar.
El término fibromialgia significa: «dolor en los músculos, ligamentos y tendones», es decir, en las partes fibrosas del cuerpo. Y el caso de Pilar se une al del tres por ciento de la población general que sufre dolor crónico. Pero, además, la fatiga intensa, las alteraciones del sueño, depresión, ansiedad, rigidez articular, cefaleas y sensación de tumefacción también están presentes en su día a día.
Sin embargo, cuando se propuso hacer frente a su enfermedad no cayó en la posibilidad de hacer pilates. «Siempre he sido muy elástica y he hecho deporte. Pensé que esos días habían acabado. Pero el año pasado me apunté a pilates y me encuentro mucho mejor», afirma. En un primer momento optó por el Tai Chi, pero «lo dejé porque no podía aguantar una hora entera de pie».


Autocontrol

Desde hace años tiene contracciones crónicas, «pero con el pilates la cosa mejora mucho. Estoy muy contenta, porque mi profesora es un encanto y me adapta los ejercicios; por ejemplo, los que se hacen con gomas, porque con las manos no puedo hacerlos». Los lunes y los viernes, durante una hora, se mete en su clase para controlar su cuerpo, relajarlo y disminuir su agonía, ya que, «gracias a estas sesiones semanales, el umbral de dolor disminuye», dice Pilar.
También acude asiduamente a la Asociación de Fibromialgia de Madrid (Afibrom), donde, además, recibe sesiones de fisioterapia de la mano de Luisa, terapeuta manual. Esta profesional afirma que «lo bueno del pilates es que se trabaja toda la cadena muscular y mejora la elasticidad, pero el profesor que trate a un paciente con fibromialgia debe saber de la existencia de la dolencia, ya que si no el afectado se puede hacer daño». Para Pilar, ha sido una de las mejores terapias, aunque cuenta cómo «por las mañanas es cuando peor te encuentras, porque te despiertas como un ovillo. Pero me he acostumbrado a hacer estiramientos antes de levantarme».
Lo mismo le ocurre a Dolores. En su caso, la responsable de su dolor es la artritis reumatoide que se coló en su vida hace ahora 17 años. «Pasé por épocas muy malas, pero las medicinas alternativas junto con las tradicionales y el pilates han hecho mi vida bastante más llevadera». Inflamación de las articulaciones, rigidez matutina y dificultad de movimiento son algunos de sus síntomas.
Aunque le costaba mucho moverse, Dolores sabía que era importante no caer en la inactividad, uno de los grandes problemas que presentan estos pacientes. Entre las consecuencias se incluye la pérdida de fuerza muscular y una disminución en la producción de cartílago que esta dentro de la articulación afectada, lo que acelera el progreso de la enfermedad. «Cuando me dolía mucho, mi marido me ayudaba a levantarme, me duchaba con agua caliente y me preparaba lo mejor posible», cuenta Dolores.
Pero si hay un efecto positivo, el mayor de todos y en el que coinciden quienes practican el «yoga occidental», es sin duda el emocional y anímico, es decir, aumenta la vitalidad, disminuye el estrés, la ansiedad, el cansancio y la tristeza. «Ahora recopilas todo lo ocurrido y te das cuenta de que hasta que el cuerpo no ha hecho "plof"del todo no sabes lo que tienes. Nunca vas a estar bien, pero cuando notas que mejoras... es un regalo», explica Pilar.
Pese a todo, Dolores cree que ha tenido suerte. «No he dejado que me venza la depresión; tengo esta enfermedad y trato de vivir con ella lo mejor posible», concluye.


SIETE AÑOS PARA UN DIAGNÓSTICO

El paciente se siente incomprendido, tanto por parte de los médicos como de la Administración.

El pasado 12 de mayo se celebró el Día Mundial de la Fibromialgia y, aunque no existe una estadística fiable al respecto, se estima que entre un millón y medio
y dos millones de
españoles –entre el 2,5 y el 5 por ciento de la población– padecen esta infradiagnosticada enfermedad.
Es una de las dolencias reumáticas que más
afectan a la calidad de vida. Casi el cien por cien de los afectados sufre trastornos digestivos, tres de cada cuatro muestran cuadros de fatiga, el 60 por ciento
es víctima de un sueño no reparador y un 40 por ciento presenta cuadros depresivos.
Puede ser uno de los procesos crónicos con mayor coste sociosanitario. Según un estudio
realizado por la Sociedad Española de Reumatología, en la actualidad, el tiempo que transcurre hasta que el paciente es diagnosticado es de siete años de media.
Su causa se desconoce.
Sin embargo, se cree
que puede originarse por infecciones virales o bacterianas, un accidente, una enfermedad con dolor prolongado o simultánea, como artritis reumatoide, lupus o hipotiroidismo,
una cirugía o un
trauma ya sea físico
o psicológico. Estos desencadenantes probablemente no provocan la enfermedad en sí, sino que parecen desencadenar
alguna anomalía
fisiopatológica latente
que ya estaba presente
en los pacientes.


DE INTERÉS PARA LOS ENFERMOS

Asociación de Fibromialgia de la Comunidad de Madrid C/ Rafaela Bonilla, 19A Local 28028 Madrid TELÉFONO: 913567145 web: http://www.afibrom.org