la otra cara del triunfo «tory»

William Scott Lucas, profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de Birmingham

Una bandera inglesa y otra británica ondean frente al palacio de Westminster en Londres. (AP Photo/Thanassis Stavrakis)
Una bandera inglesa y otra británica ondean frente al palacio de Westminster en Londres. (AP Photo/Thanassis Stavrakis)Thanassis StavrakisAP

Reino Unido está ahora en una espiral en la que se está haciendo daño a sí mismo, y no estoy seguro de si se va a poder recuperar. El titular después de las elecciones generales del jueves es el de una mayoría absoluta para los conservadores de Boris Johnson, por un total de 78 escaños, lo que le permite llevar a cabo el Brexit, y, por lo tanto, la salida de la Unión Europea.

Lo más importante es que ni los laboristas, que han sufrido la mayor derrota en unas elecciones desde 1932, ni los nacionalistas escoceses del SNP han conseguido mínimamente hacerle frente en las urnas, a pesar de que estos últimos han obtenido un total de 48 de los 59 escaños posibles en Escocia.

La historia de fondo abarca la cuestión de la «identidad inglesa» y su animosidad hacia la figura de Jeremy Corbyn con su discurso sobre los servicios públicos, la seguridad, la estabilidad económica, y, por otra parte, los hechos. La campaña de los conservadores se basó en el engaño, con Johnson como máximo responsable, en torno a la simplicidad del «Get Brexit Done» (llevar a cabo el Brexit).

El primer ministro mintió acerca de su plan sobre el Brexit, diciendo falsamente que no existía una barrera aduanera entre Irlanda del Norte y Reino Unido. Ha tenido también una actitud engañosa en cuanto a las garantías que otorgó para una rápida resolución del acuerdo alcanzado con la Unión Europea, y en cuanto a los acuerdos comerciales entre Reino Unido y Estados Unidos. Tampoco ha llevado a cabo promesas como la de construir 40 hospitales –ninguno de los cuales ha sido construidos, siendo reformados únicamente seis de ellos– o la de contratar a 50.000 enfermeros y enfermeras más. Mintió en cuanto a las negociaciones con Estados Unidos mediante las cuales empresas norteamericanas se beneficiarían de los acuerdos alcanzados con el NHS (Sistema Nacional de Salud ). Tal y como pasó con los enfermeros, 20.000 nuevas plazas de policías están sin cubrir. Las mentiras, sin embargo, no se limitan a Boris Johnson, ya que sus ministros no contaron toda la verdad sobre los niveles de mendicidad y sobre las cantidades pagadas por los National Insurance (Seguros Nacionales), que fueron más bajas de lo previsto. Todo esto no impidió el éxito conservador

Alrededor del mantra del «Get Brexit Done», tal y como pasó en el referéndum de permanencia en la UE de 2016, estaba la explotación de la «identidad inglesa», que no británica. Esto es una invocación en el siglo XXI de un Inglaterra contra Europa, de la reforma de Enrique VIII contra el continente, de Isabel I contra la Armada Española, de las dos guerras mundiales para vencer a Alemania.

El silbato fue a parar a los ciudadanos británicos, enfadados, ansiosos, y frustrados después de una década de austeridad y recortes en los servicios: no nos culpen a nosotros, culpen a Europa. Para aquellos que sucumbieron ante la voz de alarma de los que proclamaban la inundación de inmigrantes en Reino Unido: culpen a Europa. Cuando el Gobierno sembró el caos ante la falta de planes en torno al Brexit, derrocando ilegalmente el Parlamento: culpen también a Europa.

Sin embargo, culpar a Europa no cubrirá el «shock», al que se suma el coste económico de asumir el Brexit. Los problemas con los suministros –incluyendo la comida y la medicina– el transporte, y las barreras a las exportaciones y las importaciones serán evidentes dentro de poco. La dilatación de las negociaciones con la Unión Europea, si es que acaba llegándose a un acuerdo comercial, magnificará más aún la fractura latente en Reino Unido. Así que la auto inflicción de daño de Reino Unido solo llevará a un punto, la ruptura total de Gran Bretaña.

Ignorados por gran parte de los medios centrados en Londres, están los resultados al norte de la frontera. Con casi el 80% de los escaños, el Partido Nacionalista Escocés (SNP) reclama el mandato para celebrar un referéndum por la independencia. El Gobierno de Boris Johnson se niega, pero la insistencia de los nacionalistas escoceses auguran un enfrentamiento no sólo constitucional, sino cultural también. Tal y como dijo la líder del SNP, Nicola Sturgeon, recientemente: «Esto no se trata de pedirles permiso a Johnson o a algún político de Westminster. Se trata de un derecho democrático del pueblo escocés a determinar su futuro».

A su vez tampoco se trata de una cuestión exclusivamente escocesa. Prácticamente ignorada por Inglaterra se encuentra la realineación política de Irlanda del Norte, 20 años después de los acuerdos de Viernes Santo. Por primera vez, los partidos nacionalistas han obtenido más diputados que los unionistas. La ventaja es sólo de nueve a ocho, con la alianza centrista ganando sus escaños, lo que deja una Irlanda del Norte que no puede ser asumida únicamente como un complemento de Inglaterra.

El Brexit se ha encargado de ampliar la brecha. Al igual que Escocia, Irlanda del Norte votó por permanecer en la UE por amplia mayoría. El DUP, que lideró los esfuerzos de aquellos partidarios a abandonar la Unión Europea, se ha sentido traicionado por el engaño que ha perpetrado Johnson en cuanto a la existencia de la barrera aduanera en el trato conseguido con los Veintisiete en Bruselas.

El referéndum de 2016 no fue el inicio de este lesivo periodo para Reino Unido. Durante mucho tiempo Gran Bretaña ha sido una unión que ha escondido sus divisiones, su consenso cultural fue arrebatado en 1987 por el «No hay sociedad» de Margaret Thatcher.

Ahora la base para el desarrollo político y económico de Reino Unido, como miembro de la Unión Europea, ha sido desechado, incluso antes de que el país pudiera recomponerse después del periodo marcado por la austeridad tras la Gran Recesión económica de 2008. Reino Unido se está aislando del resto de la comunidad internacional, tomando parte del bando de Estados Unidos en contra del resto de líderes.

No lo sé, aunque me temo que éste es el principio del fin del progreso en Reino Unido. No lo sé, aunque temo que éste sea el inicio del fin de Reino Unido. No obstante, lo que sí sé con certeza es que, después de vivir aquí durante 35 años, este es el principio de mi final en Inglaterra.