Internacional

34 segundos: el tiempo de un yihadista para “juzgar” y asesinar a un cristiano

Prosigue la matanza de creyentes en Nigeria

Por repetido, no puede convertirse en algo habitual que pase inadvertido como un hecho más ante el que hay que permanecer indiferente.

Los yihadistas, que son antes terroristas que musulmanes, pero que matan y destruyen en nombre (dicen) de esa religión y de su dios Alá, llevan a cabo una estrategia criminal que busca la desaparición del cristianismo. Allí donde pueden. Ahora es en Nigeria, Burkina Faso...el año pasado en Sri Lanka, Filipinas....antes en Francia. Su proyecto es erradicar todas las religiones salvo la musulmana.

El número de ataques que ha sufrido el cristianismo motivos de religión ha crecido de forma espectacular en los últimos años. Es una realidad a la que no se le puede volver la espalda.

La agencia Amaq, de Daesh, ha publicado un vídeo, de 34 segundos de duración; en el que se ve cómo un terrorista embozado, pistola en mano, después de pronunciar una soflama, le descerraja un tiro en la cabeza a un cristiano. Uno menos, pensarán los yihadistas y algunos que ocultan su alegría por estas cosas.

El crimen se cometió después de que los “soldados del Califato” secuestraran al cristiano entre las ciudades de Ono y Gokana, en la región de Brno, en el noreste de Nigeria.

Los terroristas tuvieron tiempo de ponerle el mono naranja con el que visten a los cristianos antes de degollarles o matarles a tiros, en una sucesión de crímenes que parece interminable.

Que en pleno siglo XXI, alguien sea asesinado en función de sus creencias religiosas por una banda de fanáticos que quieren llevar al mundo al siglo VII, es algo que hay que combatir por todos los medios.

En esta lucha, además del esfuerzo que se hace desde occidente, con el despliegue de tropas y el gasto de importantes cantidades de dinero, tienen que jugar un papel importante los musulmanes que no aprueban estas conductas. Es verdad que enfrentarse al terrorismo, sobre todo si proviene de los propios, es complicado y peligroso, pero es preciso un mensaje, claro y permanente, en el sentido de que estos individuos, lejos de actuar en nombre de Alá, están pecando contra Él. De lo contrario, no habrá solución para este problema.