Los días más oscuros de Brasil

El gigante latinoamericano supera los 1.000 muertos diarios con un presidente negacionista sobre la pandemia y sin ministro de Sanidad

Brasil es el epicentro de la pandemia en América Latina y vive los peores días de la expansión del virus. Ha registrado el récord de muertes diarias y de nuevos contagiados y ya figura como uno de los países más afectados del mundo. Mientras, el presidente Jair Bolsonaro afronta la crisis con el puesto de ministro de Salud vacante después de una polémica desatada por el uso de un medicamento en pacientes de covid-19 no recomendado por la comunidad científica.

Este martes Brasil registró 1.179 fallecimientos diarios por covid-19, superando por primera vez la barrera del millar y suma un total de 17.971 decesos, según los datos oficiales. La cifra de nuevos contagiados también fue la más alta, 17.408 en un solo día y eleva la cuenta total a 271.628 afectados, lo que sitúa a Brasil en el pódium de países más golpeados del mundo, únicamente superado por Estados Unidos y Rusia en número de casos.

En medio de esta situación crítica el presidente Jair Bolsonaro sigue tomando medidas cuestionables que mantienen en alerta a los organismos internacionales y a sus vecinos de la región, que temen una expansión del virus desde Brasil. Bolsonaro se ha salido con la suya y ha conseguido aprobar una medida que autoriza el uso de la cloroquina en la gran mayoría de enfermos de covid-19. Este medicamento, utilizado contra la malaria y enfermedades reumatoides, no cuenta con avales científicos que certifiquen su efectividad para combatir la covid-19 y por el contrario puede producir graves efectos secundarios, principalmente alteraciones graves del ritmo cardiaco.

Este miércoles el Ministerio de Salud Brasileño aprobó un protocolo que indica que también los pacientes leves pueden ser tratados con cloroquina si el médico lo indica, aunque a la vez recuerda que no existen ensayos clínicos que lo avalen como una medicina adecuada.

El medicamento de la discordia, que se ha situado al centro de la discusión política, es una fórmula similar a la hidroxicloroquina que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció estar tomando para prevenir enfermarse, a pesar de que ningún médico se lo prescribió. Al momento de anunciar las nuevas normas sanitarias Bolsonaro bromeó sobre el tema. “Los de derecha toman cloroquina, los de izquierda Tubaína (por una marca de refrescos)”.

Esta decisión fue la que empujó al exministro de Salud Nelson Teich a dejar el cargo el pasado viernes cuando llevaba menos de un mes en el puesto. Días atrás ya lo había desautorizado al decretar la apertura de gimnasios y peluquerías sin avisarle, un ejemplo más de la pulsión de Bolsonaro por abrir la economía cuanto antes por encima de criterios sanitarios, bajo el argumento de que el hambre mata más que la enfermedad. Teich había sustituido a Luiz Henrique Mandetta, que también fue despedido por Bolsonaro tras pronunciarse a favor de las cuarentenas, una medida que el presidente rechaza.

Tras la última renuncia el Ministerio de Salud brasileño está descabezado y Bolsonaro no ha nombrado un nuevo titular. Por el contrario ha puesto al frente de forma interina al general Eduardo Pazuello, quien a pesar de su situación provisional ha iniciado un proceso de militarización de la institución nombrando a nueve oficiales del Ejército como altos cargos del ministerio.

Pelea con los gobernadores

Con un Bolsonaro descreído y ansioso por la reapertura, los gobernadores de los estados han decretado cuarentenas poco efectivas que están llevando al límite el sistema sanitario en las zonas más afectadas. Sao Paulo, foco rojo del coronavirus en el país tiene las unidades de cuidados intensivos llenas al 90%, y la demanda de camas sigue creciendo, según alertó el alcalde de la mayor urbe del país. Al igual que en otros países de la región, los datos oficiales están en cuestión y algunos expertos afirman que la cifra real de contagiados es mucho mayor a la ofrecida por el gobierno. Para colmo, previsiones apuntan a que el pico de la epidemia no llegará hasta julio.

La Amazonía es la otra zona que más preocupa. La Organización Panamericana de la Salud ha advertido de la rápida propagación del virus en la zona selvática fronteriza entre Brasil, Colombia y Perú. Manaos, la capital regional del lado brasileño tiene unos índices de contagio muy altos, así como otras grandes ciudades como Leticia e Iquitos. El mayor temor ahora es que el virus se extienda a pequeños pueblos aislados.