La última oportunidad de Merkel

Como prioridades de su Presidencia de la UE, la canciller alemana se ha marcado salir juntos de la crisis y fortalecer a Europa en el mundo

La carrera política de Angela Merkel transcurrió vacilante durante sus casi quince años como canciller. Al principio, su pragmatismo hizo que sus primeras negociaciones se saldaran con un abrumador éxito hasta el punto que muy pronto fue celebrada como «Angela Europa» pero, poco después y con la irrupción de la crisis del euro, su reputación quedó en entredicho y los países endeudados la acusaron de tal frivolidad que incluso los manifestantes en Atenas la llegaron a comparar con Hitler. Un guión parecido sucedió en 2015 con la crisis de refugiados.

Alemania asume hoy la Presidencia de la UE y Merkel, justo cuando se encamina al final de su carrera política, tendrá la oportunidad de compensar viejos fracasos e intentar acrecentar su figura en los libros de historia como la gran líder europea. La tarea se encomienda ardua. La presidencia germana arranca en medio de la histórica crisis del coronavirus y en un momento en el que toda Europa mira a Alemania, y especialmente a Merkel, como el redentor que pueda salvar al continente de la pandemia. «No puedo recordar una presidencia que se haya enfrentado a tantas expectativas y problemas», aseguró el ex jefe del grupo parlamentario socialdemócrata en el Parlamento Europeo, Udo Bullmann.

Pero no solo se espera que un gran paquete económico saque a la economía de la recesión. Se debe superar la pandemia, el Brexit, alcanzar un nuevo objetivo climático, resolver la disputa actual sobre la migración y, sobre todo, fortalecer a la posición de Europa en el mundo. Merkel portará la batuta de la orquesta y, si tiene éxito, podría llegar a ser la «Reina de Europa».

Pero también hay complejas tareas internas por resolver y la canciller deberá preparar todo en la Cancillería para dar la bienvenida a su sucesor. Si se cumplen los pronósticos, la canciller abandonará la política en un año, pero antes debe intentar no solo mantener unido a su partido y la posición de su país, sino preservar la unidad de toda la UE

«Somos conscientes de que hay expectativas particularmente altas asociadas a la presidencia de Alemania», aseguró la canciller. «Queremos satisfacer estas expectativas trabajando con ímpetu para que todos salgamos bien de la crisis juntos y al mismo tiempo preparar a Europa para el futuro», continuó. Entre otros retos, Merkel quiere impulsar la digitalización y comprometerse para que Europa fortalezca su capacidad de actuar en la política exterior. La mandataria sostuvo que el objetivo es que la UE se presente y actúe de manera unida y uniforme, en particular en las relaciones con socios estratégicos como China, Rusia, Turquía y EE UU. «Nuestra tarea será trabajar como un intermediario honesto para lograr compromisos y soluciones entre los Estados miembros», agregó.

No obstante, la solidaridad y la ayuda mutua es ahora su bastón de mando. Un giro de 180 grados de la dirigente alemana, quien se mostró intransigente con Grecia cuando estuvo al borde de la bancarrota. Hasta ahora criticada por su apego a la ortodoxia presupuestaria y su extrema prudencia, Merkel podría utilizar la presidencia para dar forma a un legado que podría silenciar las voces que en otro momento le acusaron de falta de valentía política. De hecho, acaba de romper el tabú alemán sobre solidaridad financiera proponiendo junto con Macron un paquete de estímulo europeo de 500.000 millones de euros. Ambos, que se reunieron el lunes en el castillo de Meseberg, al norte de Berlín, propusieron que se financie con deuda europea mutualizada.

Antídoto contra el populismo

La iniciativa allanó el camino para un plan que se usaría para subvencionar a los países más afectados por el virus. Un cambio de rumbo que probablemente se sustenta en la comprensión de que la UE realmente podría poner fin a la crisis. «Trabajaremos con decisión para contrarrestar el peligro de que una profunda grieta se amplíe permanentemente en toda Europa», aseguró la canciller antes de insistir en que los grupos radicalizados «solo esperan a que despierten los miedos sociales para propagar la inseguridad».

Alemania, con un PIB de alrededor de 3,5 billones de euros era, con mucho, la mayor potencia económica de la UE antes de la crisis y ahora puede bombear miles y miles de millones a su propia economía gracias a sus sólidas finanzas. En contraste, los países particularmente afectados por la pandemia, como Italia y España, podrían rápidamente quedarse sin dinero. Una situación que podría repercutir en los mercados y en la estabilidad política de Alemania. «Nadie debería ser ingenuo», advierte Merkel, «las fuerzas antidemocráticas, los movimientos radicales y autoritarios solo esperan que las crisis económicas sean usadas con un fin político».

Sin embargo, la UE tiene otra piedra en el camino: las estancadas negociaciones post Brexit, que no han permitido progresos reales pese a que el plazo tope se acerca, y con él el riesgo de un devastador «new deal».

Merkel tampoco oculta que quiere que Europa asuma “más responsabilidades” a escala global frente a los “bloques” chino y estadounidense.