El fiscal de EE UU defiende la represión policial en los disturbios de Portland

William Barr califica las protestas en esta ciudad como “un asalto al gobierno de Estados Unidos”

El fiscal general de EE UU, William Barr, ha acudido al Senado para informar y responder por el despliegue de agentes federales en ciudades como Portland, vandalizadas durante semanas y, al mismo tiempo, vehículo de las furiosas políticas sonajero de un Donald Trump que al igual que sus oponentes parece obsesionado con transformar todo en guerra cultural. El fiscal calificó las protestas en Portland como “un asalto al gobierno de Estados Unidos”.

Barr ya declaró hace unos días que su departamento había iniciado una investigación para determinar qué había sucedido en el el caso de los manifestantes detenidos en Portland, esposados por agentes de paisano e introducidos en coches sin identificación. La oposición recibió a Barr acusándolo de poner los instrumentos de la justicia y los recursos del departamento de Justicia al servicio de los intereses electorales del presidente. Propaganda antes que salvaguarda de la ley y respeto por los derechos civiles.

Sus correligionarios responden que el fiscal ha sido siempre exquisitamente proporcionado en el uso de la fuerza y que nunca antepone los anhelos del presidente a los derechos del pueblo americano y las obligaciones del cargo. Ni en el caso de la presunta trama rusa para influir en los resultados electorales de 2016 ni en el escándalo por las presiones al gobierno ucraniano ni en el caso de las protestas raciales surgidas tras la muerte de George Floyd a manos de la policía.

En el caso de Portland y otras ciudades los agentes fueron desplegados por el gobierno, y comprenden entre otros a miembros del Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras de los Estados Unidos (CBP por sus siglas en inglés). Trump había argumentado que intenta atajar la destrucción de propiedades de titularidad federal.

Sus críticos responden que con los agentes del CBP no hace sino exacerbar las tensiones. La policía de Portland, entre tanto, muy crítica con su alcalde, Ted Wheeler, ya explicó que las autoridades no estaban respondiendo con firmeza frente a la «violencia», los «saqueos» y la «destrucción» de «nuestra gran ciudad».

«Les pedimos que dejen de dar permiso a esas pocas personas que, amparadas la violencia y el caos, desvían de forma egoísta la atención de los llamamientos por la justicia social y racial, que necesitan ser escuchados». Barr se ha referido a una de las reivindicaciones más incendiarias de los últimos tiempos, la proclama para retirar los fondos a la policía.

En su opinión resulta crucial que «la policía se financie adecuadamente y que obtenga más recursos». Sin esos recursos será imposible adoptar muchas de las reformas exigidas tras lo sucedido en Minneapolis. No menos policía sino mejor policía.

En cuanto al envío de agentes federales, fue claro: su departamento temía que si no aplicaba políticas quirúrgicas y contundentes los disturbios violentos, lejos de apagarse, acabarían por incendiar muchas más ciudades. «En un lugar como Portland», dijo, «donde no contamos con el apoyo del gobierno local, teníamos que tomar partido y defender esta propiedad federal».