La venganza de Trump contra Merkel

La retirada de tropas se enmarca en el deterioro de las relaciones transatlánticas

Un comentarista de la revista alemana «Der Spiegel» escribió que «quien quiera sobrevivir en la corte de Donald Trump debe dominar el arte de vender incluso la decisión más absurda del presidente como un acto de previsión estratégica». Y en esa máxima el cronista apuntó directamente al secretario estadounidense de Defensa, Mark Esper, como el principal cortesano que, en los doce meses que lleva de mandato, consiguió dominar esa disciplina.

El miércoles, cuando explicó la decisión de Estados Unidos de retirar unos 12.000 militares del contingente que tiene desplegado de forma permanente en Alemania, Esper aseguró que la intención de la Casa Blanca es «fortalecer la OTAN» y «disuadir a Rusia», allí donde sea más necesario, en el marco de un ajuste más amplio con el que Estados Unidos pretende adecuar su potencia militar a «la nueva era de competición por el poder».

Sin embargo, es evidente que la retirada de tropas se enmarca en el deterioro de las relaciones transatlánticas y, en concreto, en las críticas del presidente estadounidense a Alemania por lo que considera un exiguo gasto en defensa. Trump quiere castigar a los alemanes. En su opinión, son «culpables y unos delincuentes» porque durante años no han cumplido sus compromisos financieros con la OTAN. «Se ha beneficiado y se ha aprovechado de Estados Unidos, en el comercio, en el Ejército y en todo lo demás, durante muchos años», aseguró el presidente de Estados Unidos. Pero hay más. El anuncio de reducir masivamente el número de tropas estadounidenses en Alemania es la venganza de Trump contra Angela Merkel.

Para el presidente norteamericano, pocos jefes de gobierno despiertan tan pocas simpatías como lo hace la canciller alemana Angela Merkel. Un aversión que no obstante, es mutua. Sin embargo, uno de los absurdos de la «estrategia» de Trump es que algunas de las tropas ahora serán reubicadas en Bélgica e Italia; es decir, en dos países que cumplen, aún menos que Alemania, con sus compromisos de la OTAN.

El Gobierno de Merkel lamentó que la decisión adoptada por Washington haya sido adoptada de forma unilateral y aseguró que «toma nota» de un plan que, según Berlín, aún puede «modificarse» y cuya implementación coordinará con la OTAN, con las regiones donde están las bases afectadas y con Washington.

«Los planes no están cerrados y pueden tener que ser aún readaptados», afirma un comunicado conjunto de los ministerios alemanes de Defensa y de Asuntos Exteriores, emitido tras conocerse la decisión.

Una respuesta que, para numerosos analistas, fue «demasiado suave» y cuya finalidad pudiera sostenerse en la cercanía de las elecciones presidenciales en Estados Unidos y en la posibilidad de que Trump pueda abandonar la Casa Blanca. Por otro lado, la ministra germana de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer, anunció el viernes que el Gobierno federal «apoyará» a las regiones afectadas por la decisión de Estados Unidos.

«En lo concerniente a los desafortunados planes de retirada de tropas estadounidenses, invitaré a los primeros ministros de los estados federados después del verano para discutir cómo (el Ejército alemán) puede apoyar a las regiones afectadas», dijo Kramp-Karrenbauer. Al mismo tiempo, se mostró partidaria de «avanzar más rápido en la política europea de seguridad y defensa», anticipando que Alemania utilizará su semestre de Presidencia en el Consejo de la UE para perseguir este objetivo.

«La verdad es que la buena vida en Alemania y Europa depende cada vez más de cómo aseguramos nuestra propia seguridad», dijo la conservadora alemana.

Las relaciones entre Berlín y Washington se encuentran en un punto crítico por varias razones. En paralelo a que Berlín no contribuye con el 2% de su PIB a defensa –la meta que se han fijado los países de la Alianza–, está la construcción del gasoducto «Nord Stream 2», el cual una vez concluido llevará gas desde Rusia a Alemania, sin pasar por terceros países. Este proyecto, que está a punto de ver la luz, es contrario a los intereses de Estados Unidos, que busca vender su gas y directamente afecta a Polonia, quien a su vez prefiere comprar gas estadounidense. Al imponer sanciones a las empresas involucradas, Trump intentó torpedear este proyecto con todos los medios a su alcance.

Estados Unidos tiene desplegados actualmente unos 52.000 efectivos en las bases alemanas, de los cuales unos 34.500 son soldados en activo y el resto son empleados civiles del Departamento de Defensa. En ningún otro lugar de Europa hay más soldados estadounidenses.

Vinieron como vencedores en la Segunda Guerra Mundial y se convirtieron en aliados como una fuerza de contención frente a la Unión Soviética. Sin embargo, todo se complicó con la llegada de Trump a la Casa Blanca. El anuncio de retirada preocupa especialmente a los tres «Länder» afectados –Baden Württemberg, Baviera y Renania Palatinado–, los tres en el sur del país. Especialmente afectado es Stuttgart –capital de Baden-Württemberg–, donde está el comando central de las tropas estadounidenses en Europa, que ahora se trasladará a Bélgica.

Polonia, el primer país europeo que visitó Trump como presidente, celebró el anuncio de Washington, ya que previsiblemente parte de esas tropas se trasladarán a territorio polaco. Algo que, según la Prensa alemana, sería complejo ya que esa posibilidad iría en contra del acta fundacional Rusia-OTAN de 1997, el cual prohíbe la implantación permanente de Fuerzas Armadas de la OTAN en las fronteras con Rusia. Considerando que Polonia tiene una frontera común con el enclave ruso de Kaliningrado, el riesgo de una confrontación frontal entre Estados Unidos y Rusia se incrementaría significativamente.