Por qué hay un aumento de la violencia en Colombia

El malestar de los jóvenes ante la brutalidad policial ha desatado una ola de movilizaciones que han puesto al país en una nueva crisis

Colombia vive una inusitada ola de protestas que ha dejado en solo tres días un balance inquietante. Según el Ministerio de Defensa el balance de daños asciende a 11 muertos, 194 policías heridos, amén de numerosos destrozos con 60 comisarias atacadas y decenas de autobuses quemados.

La chispa que ha provocado estos desmanes fue un vídeo que se viralizó en Colombia que muestra como el abogado Javier Ordoñez, de 43 años de edad, era reducido por dos efectivos policiales en el suelo y sometido a varias descargas con un arma eléctrica pese a sus súplicas. Ordóñez, que según su familia fue detenido cuando salía a comprar alcohol, murió tras ser llevado a una comisaría en circunstancias que están siendo investigadas.

Este episodio de brutalidad policial desató la ira de cientos de jóvenes que se lanzaron a las calles para protestar contra la violencia de las fuerzas de seguridad en varias ciudades del país. La alcaldesa de Bogotá, la progresista Claudia López, se posicionó con los manifestantes y denunció el “uso indiscriminado” de la fuerza por parte de los agentes.

El senador Gustavo Petro, principal líder de la oposición y ex candidato en las elecciones presidenciales de 2018, en las que consiguió ocho millones de votos, ha llamado a los colombianos a participar de forma masiva en las marchas. De nuevo, una vieja herida se ha reabierto en la sociedad colombiana, que conecta directamente con las protestas masivas de noviembre y diciembre de 2019.

En ese momento, una buena parte de la sociedad de Colombia expresó en las calles un malestar que fue comparado la manifestado en las movilizaciones de Chile y Ecuador también el año pasado. En Colombia, como en el resto de países, esas protestas urbanas se vieron truncadas por la crisis del coronavirus y el largo confinamiento que ha mantenido a los colombianos recluidos en sus casas.

¿De dónde nace este malestar? ¿Existe un hilo conductor que une los sucesos de las últimas horas con la tradicional violencia ejercida en Colombia desde mediados del siglo XX. El analista y abogado colombiano Rodrigo Pombo explica que su país, a pesar de “tener la democracia más estable de América Latina, no ha sabido gestionar los debates políticos y acude fácilmente a la violencia para solventarlo”. Pombo asegura que “a la tradicional cultura de la ilegalidad y la criminalidad, basada en el narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando, se sumó en 2016 la brecha abierta por el plebiscito sobre los acuerdos de paz de La Habana”.

Aquella consulta deparó un inesperado fracaso para la política de pacificación emprendida por el entonces presidente Juan Manuel Santos, al ser rechazado el texto que pretendía ser el inicio del fin de la violencia de la guerrilla de las FARC. “Los acuerdos de La Habana tomaron jerarquía constitucional, y para lograr esa legitimidad se requería ir a las urnas, pero ganó el NO. A pesar ello, el poder político desconoció el mandato popular. Ahí Colombia se quebró”, explica Pombo, quien considera que el país está dividido en dos, “una polarización que se está viendo en el contexto de estas protestas”.

Pombo critica la postura de dirigentes opositores como Gustavo Petro, de los líderes comunales y dirigentes del ahora partido político de las antiguas FARC porque, dice, “validan la quema de comisarías y autobuses, igual que en el pasado validaron la extorsión y los crímenes de la guerrilla”. Y añade: “Rápidamente esta situación puede estallar en un conflicto interno. Sólo en los últimos meses han sido asesinados 150 líderes sociales”.

El analista Carlos Suárez habla de “un cóctel explosivo” que estalló el 21 de noviembre del año pasado con un paro nacional “por la vida y la paz”, convocado principalmente por las centrales obreras y los representantes del movimiento estudiantil que paralizó casi todas las ciudades colombianas. “Ese inconformismo es ahora mayor por las consecuencias económicas del covid. El paro está por encima del 25% y el fenómeno de la emigración venezolana nos está afectando más duro”, explica Suárez, que cree que la brutalidad policial que acabó con la vida del abogado Ordóñez “fue la excusa, pero desde la extrema izquierda se vuelve a agitar las aguas de lo que ellos llaman la protesta social, que se vuelve violenta”.

Otro elemento que late de fondo en los movimientos de calle de estos días son las masacres que se han producido en las últimas semanas en Colombia, en las que grupos de jóvenes han sido las principales víctimas. “En realidad esas masacres no son nuevas, siempre estuvieron ahí, pero ahora se han visibilizado en los medios de comunicación y las redes sociales”, apunta Suárez.

El Gobierno de Iván Duque asegura que detrás de esos “homicidios colectivos” se esconde el narcotráfico, pero diversos analistas apuntan a grupos de poder económicos y políticos y bandas criminales que pugnan entre sí por hacerse con el control de los territorios y las rutas de la droga abandonadas por las FARC tras su incorporación a la vida política, en un país donde el Estado no llega a gran parte del territorio debido, entre otras razones, a la difícil orografía. “El acuerdo de 2016 fueron puros titulares. Mientras las rutas del narcotráfico sigan en manos de las mal llamadas disidencias de las FARC, el conflicto seguirá vivo”, añade Suárez.

Pombo, como otros analistas conservadores, cree que detrás de las protestas urbanas del año pasado había una conspiración externa. “Esto viene orquestado internacionalmente. El primer paso lo dio Chile con una efectividad brutal. Colombia es un coletazo que empezó el 21 de noviembre”, la jornada del paro nacional en la que una variopinta multitud salió a las calles para quejarse por diferentes problemas como la reducción del salario mínimo, la implantación de los contratos por hora y la privatización de las pensiones dentro de un paquete de medidas liberalizadoras anunciadas por el Gobierno de Iván Duque.

¿Cómo se valora la respuesta del Gobierno? Carlos Suárez critica la pasividad de Duque, “un presidente desaparecido y sin narrativa al que le está estallando en las manos" la violencia en las calles. Advierte también de los pasos de la oposición: “Lo que estamos viendo es la segunda revolución que está pretendiendo armar Petro. Sin Petro, esto no tendría un caudillo azuzando a la masa. Hay disconformidad y desasosiego, pero eso siempre necesita alguien que le meta candela”.