Paul Rusesabagina, el héroe de “Hotel Ruanda” que está entre rejas

Detenido en Kigali e imputado por terrorismo, su familia denuncia un secuestro

Paul Rusesabagina era, en 1994, el director del Hotel de las Mil Colinas, un establecimiento de lujo en Kigali, la capital de Ruanda. Su historia (con algo menos de violencia, como él mismo matizó) fue retratada en la película «Hotel Ruanda», la historia de un hombre hutu, casado con una tutsi, que salvó a más de 1.200 personas que se hospedaban en su hotel usando su influencia frente a los militantes hutus.

Casi veinte años después del genocidio que conmocionó al mundo con sus 800.000 muertos entre abril y julio de 1994, el «héroe» está en la cárcel, imputado por trece cargos, entre ellos asesinato, terrorismo, financiación de terrorismo, incendio intencionado y formación de grupos terroristas. No parece que su defensa vaya a ser sencilla.

Pero ¿cómo ha llegado a sentarse ante un tribunal en su país natal si vive exiliado entre Bélgica y Estados Unidos desde 1996 y además sabe, según su hija, que «en Kigali lo quieren muerto?» Su familia habla de secuestro, el Gobierno ruandés lo niega y agradece la detención a la «cooperación internacional».

Las escasas explicaciones del régimen de Kigali no resultan muy convincentes. Parece que habría llegado desde Dubai en un avión privado el pasado 31 de agosto, tras cuatro días de silencio ante su familia. «No se puede hablar de secuestro, vino voluntariamente», insiste el régimen, aunque deja abierta la posibilidad de que quizás, solo quizás, Rusesabagina no supiera realmente el destino del avión en el que embarcaba. Sea como sea, su detención ha posibilitado que Ruanda ofreciera a la prensa la imagen que deseaba: Rusesabagina esposado, escoltado por la Policía, acusado de haber financiado y creado grupos terroristas decididos a derrocar a Paul Kagame. Los cargos que se le imputan están relacionados con el brazo armado del Movimiento Ruandés para el Cambio Democrático (MRDC), del que es líder.

Así que el héroe aclamado, que ha viajado por el mundo impartiendo conferencias relatando el horror, que ha emocionado hasta las lágrimas a personalidades y ciudadanos de a pie, se encuentra a sus 66 años en su tierra, encarcelado, en mal estado de salud y en el papel de villano.

Nada es casualidad, claro. El régimen de Kigali no encaja muy bien las críticas y ha sido acusado en más de una ocasión de acallar las voces en su contra con métodos que, digamos, no son propios de una democracia. Y resulta que el héroe alertó de un nuevo genocidio, esta vez de tutsis contra hutus y eso no agradó a Kagame, tutsi, que dirigió a los rebeldes tutsis retomando el control y provocando el éxodo de más de dos millones de hutus.

Un “cínico aprovechado”

El caso es que a Rusesabagina no le duró demasiado su aclamación como héroe, título que logró con el éxito de la película, en 2004. Es verdad que llegaron la «medalla de la libertad» entregada por el presidente George W. Bush, la publicación de su libro autobiográfico «Un hombre corriente», traducido en varios idiomas, los encuentros con Barack Obama, con Muhammad Ali... Pero también, escasos años más tarde, muchas voces en su contra.

Un periódico alemán lo describió como un «cínico aprovechado» que se ha enriquecido gracias al genocidio, que pidió dinero a sus huéspedes a cambio de mantenerlos con vida.

Tampoco todos los supervivientes del genocidio de 1994 le tienen admiración, muchos consideran que se aprovechó de la matanza con fines comerciales y que ha vendido su leyenda a Hollywood, que ni la película ni su biografía reflejan la realidad. El «héroe» no lo desmiente, pero tampoco lo confirma. Y sigue siendo héroe pero controvertido, si es que ambas palabras tienen sentido juntas.