Siete días de guerra en Nagorno-Karabaj

Los combates entre Armenia y Azerbaiyán se recrudecen. El conflicto avanza con bombardeos en las principales ciudades

Una semana desde que comenzara el conflicto armado entre Armenia y Azerbaiyán en Nagorno-Karabaj, continúan los combates. Stepanakert, la capital del enclave separatista, disputada por Azerbaiyán y Armenia, volvió ayer a ser atacada con cohetes, según informó el Ministerio de Defensa armenio. Bakú por su parte aseveró que Armenia había atacado varios objetivos civiles, incluyendo las ciudades de Tartar, Horadiz y Ganja. Rusia y Alemania insistieron ayer en que las partes lleguen a un alto el fuego para iniciar el diálogo, sin suerte.

Los primeros proyectiles cayeron sobre Stepanakert, de cerca de 50.000 habitantes, sobre la 06.30 hora local (02.30 GMT), con intervalos de unos diez minutos.

Luego se intensificó el bombardeo contra las afueras de Stepanakert, donde la niebla dificulta la acción de los drones de las fuerzas armadas azerbaiyanas. Este domingo, la capital karabají fue atacada tres veces con cohetes. El portavoz del Ministerio de Defensa armenio, Artsrun Hovhannisyan, afirmó que en los ataques de ayer las fuerzas azerbaiyana emplearon sistemas de cohetes Polonez y Smerch, que dañaron considerablemente las infraestructuras de la ciudad.

“No estamos ahora en estado de guerra con Azerbaiyán, no hemos dejado de estarlo desde hace 26 años”, puntualiza Artak Beglaryan, Defensor del Pueblo de la república de Artsaj (o Nagorno-Karabaj) en una conversación por WhatsApp con esta periodista. Con ello se refiere a que las negociaciones de paz entre el Alto Karabaj y Azerbaiyán siguen en punto muerto desde que terminó la guerra en 1994. Beglaryan perdió la vista de niño al pisar una mina antipersona, por lo que conoce bien de cerca las consecuencias de la guerra.

“Nuestros derechos están a menudo restringidos y en ocasiones son violados por la condición de ser un estado no reconocido o vinculado con el conflicto. En particular, me refiero a los derechos a la libertad de movimiento, los problemas con los visados, o de no poder usar nuestro aeropuerto debido a Azerbaiyán”, denuncia el Defensor del Pueblo.

La escalada actual en la línea de contacto en el territorio secesionista del Alto Karabaj ha superado a los enfrentamientos fronterizos de 2016, conocidos como la “guerra de los cuatro días”, los más fieros que se recuerdan desde el alto el fuego de 1994.

Ni Baku ni Ereván ceden

Ambos bandos se acusan mutuamente de haber iniciado la escalada e inflan las bajas del campo enemigo, lo que complica a la hora de conocer el numero real de muertos. Además, hasta la fecha todos los esfuerzos diplomáticos han fracasado ya que ni Baku ni Ereván están dispuestos a ceder. Aún así, una pequeña ventana se abre a la diplomacia por parte del gobierno de Ereván que estaría dispuesto a trabajar con el grupo de mediación de Misk- Rusia, Estados Unidos y Francia-, para un alto el fuego. Sin embargo, para Azerbaiyán la solución del conflicto exige la retirada armenia del este enclave separatista.

“Es una guerra total. Azerbaiyán está usando tecnología militar como drones para matar a civiles y ha invitado a mercenarios musulmanes a luchar contra nosotros” advierte Beglaryan, que asegura a LA RAZÓN que al menos siete civiles han muerto en los últimos días en bombardeos o ataques de drones del ejercito azerí. También han resultado heridos cuatro reporteros internacionales por bombardeos del lado azerí.

Además, la diplomacia rusa y francesa, que se presentan como mediadores del conflicto, han asegurado que Turquía ha enviado mercenarios sirios y libias a luchar en las filas azeríes.

Para entender la actual escalada militar entre Armenia y Azerbaiyán hay que retroceder a tiempos de la Unión Soviética. El óblast (provincia) autónomo de Nagorno-Karabaj fue creado en tiempos soviéticos, dentro de las fronteras de Azerbaiyán, en el vivía una mayoría armenia cristiana frente una minoría musulmana azerí. Cuando la URSS se derrumbaba en 1990, Azerbaiyán y Armenia se proclamaron repúblicas independientes y en 1992 el Alto Karabaj se autoproclamó independiente también, aunque ninguna nación lo ha reconocido como estado.

Guerra por la independencia

La guerra por la independencia de Nagorno-Karabaj (1988-1994) dejó 30.000 muertos, 25.000 de ellos musulmanes azeríes, y una herida abierta que todavía no ha cicatrizado. Parte del éxito de la contienda se lo deben a los ejércitos armenio y ruso que ayudaron a los rebeldes separatistas a expulsar por la fuerza a más de un millón de azeríes que vivían en el Alto Karabaj y en la embestida aprovecharon para ensanchar un poco más los límites del territorio armenio. Hay al menos tres localidades en las lides con Azerbaiyán que han sido ocupadas ilegalmente por Armenia.

La última escalada en la línea de contacto del Alto Karabaj ha traído a la memoria colectiva los fantasmas del pasado. Desde niños aprenden que están en una guerra existencial contra su vecino. Se trata de unas sociedades militarizadas en la que se aprende en la escuela a ensamblar y desensamblar un fusil, y a los 18 años tanto chicos como chicas tienen claro que quieren servir al país.

El miedo a una guerra abierta en la región sur del Cáucaso, donde pasa gran parte del crudo que llega a Europa ha puesto en alerta a la comunidad internacional. El peligro también está en si se encona el conflicto, lo que podría dar paso a una guerra regional de potencias que enfrentaría a Turquía y Rusia.

El Alto Karabaj es en su un territorio montañoso que carece de recursos naturales como gas y petróleo, pero está estratégicamente situado por lo que tanto Armenia como Azerbaiyán tienen gran interés y no quieren cederle el territorio al otro. Este estado de facto, no reconocido internacionalmente, sobrevive gracias a la cooperación política y económica con Armenia y el dinero que llega de la diáspora armenia.

Sus capitales Ereván (Armenia) y Stepanakert (el Alto Karabaj) están conectadas por una serpenteante carretera por la que llegan todos los bienes y mercancías al enclave separatista. Los lazos son tan fuertes con Armenia que el Alto Karabaj comparte los mismos colores en la bandera nacional con la diferencia de una franja blanca en el borde que simboliza el territorio independizado. Sin embargo, cualquier intento de progreso, de desarrollo queda limitado a sus fronteras no reconocidas.

Para el Alto Karabaj luchar ha sido siempre una cuestión de supervivencia, pero ahora muchos jóvenes sueñan con un futuro diferente: quieren que su generación siente las bases para el reconocimiento internacional. Pero la situación actual aleja el sueño de ser una nación reconocida, por el momento. “Estoy preocupado por la economía y el desarrollo de las infraestructuras en nuestro estado. Necesitamos un progreso en las negociaciones de paz entre Azerbaiyán y Armenia para poder salir adelante. Los estados deberían escucharnos, pero Azerbaiyán tiene el petróleo y nosotros sólo las montañas”, explica a LA RAZÓN Galstyan, estudiante en la facultad de Ciencias Políticas de Stepanakert.