El rearme de la izquierda bolivariana en Iberoamérica

Con la victoria del delfín de Evo Morales, se dibuja un nuevo mapa político en el continente

AME3331. EL ALTO (BOLIVIA), 23/10/2020.- Seguidores del Movimiento Al Socialismo (MAS) participan en el cierre de campaña para las elecciones bolivianas el 14 de octubre de 2020, en El Alto (Bolivia). El expresidente boliviano Evo Morales insiste en que volverá en cualquier momento a su país, pero su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), que ha demostrado que puede triunfar en las elecciones sin él en la papeleta, parece no tener como prioridad su regreso, al menos públicamente. Tras la virtual victoria del exministro Luis Arce en las elecciones del pasado 18 de octubre, las declaraciones desde Argentina de Morales sobre su deseo de volver a Bolivia no se dejaron esperar, pero varios miembros de su partido han manejado un cauto discurso marcando distancia con la intención del expresidente. EFE/ Martín AlipazMartín AlipazEFE

El tablero ideológico de América Latina ha experimentado un nuevo reacomodo tras la victoria de Luis Arce Catacora y el Movimiento al Socialismo en las elecciones del domingo en Bolivia. La izquierda del continente sigue ganando fuerza y recupera un nuevo aliado, perdido transitoriamente tras la renuncia forzada de Evo Morales hace un año. La tendencia al alza da un respiro al eje Cuba, Venezuela, Nicaragua, aunque los nuevos líderes que han emergido tras las victorias en México y Argentina parecen más moderados y poco dispuestos a dar una batalla ideológica tan fuerte como la vivida en la primera década del siglo.

Los resultados definitivos conceden a Arce un 55,1% de los votos, frente al 28,8% de su rival, el ex presidente Carlos Mesa. Sus primeros gestos como mandatario apuntan hacia una política y unos modos más mesurados que los de su antecesor. Desde su exilio en Argentina y tras conocer la victoria del MAS, Evo Morales se apresuró a marcar los lineamientos de la política exterior de la futura Bolivia y apostó por el relanzamiento de Unasur, el organismo regional que aglutinó a la izquierda suramericana en su momento más poderoso, aunque pronto le pararon los pies desde sus filas. Arce confirmó que Morales no formará parte de su Gobierno y anunció que restablecerá relaciones diplomáticas con EE UU, las mismas que su antecesor canceló en 2008, cuando expulsó al embajador Philip Goldberg bajo acusación de conspirar con la oposición. Washington felicitó «al presidente electo» y señaló que «EE UU espera trabajar con el nuevo Gobierno elegido democráticamente en asuntos de interés mutuo». Lo esperado es que sea el vicepresidente David Choquehuanca, como Arce de carácter más conciliador, quien quede al mando de la nueva relación bilateral con la Casa Blanca.

Al mismo tiempo, Arce señalaba que también van a recuperar los lazos diplomáticos con Cuba y Venezuela, rotos durante el Gobierno interino de Jeanine Áñez. «Bolivia necesita abrirse a todos los países, no cerrarse como lo hizo este Gobierno. Se cerraron relaciones con Cuba, con Rusia, con China, no teníamos relaciones con Venezuela».

El aperturismo anunciado por Arce difícilmente derivará en un bloque tan definido como el formado en los primeros diez años de este siglo en torno a la Venezuela de Hugo Chávez y la Cuba de los Castro, con Lula da Silva en Brasil, la Argentina de Néstor Kirchner, Rafael Correa en Ecuador y Morales en Bolivia; en torno al Unasur y al ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

La izquierda bolivarianaTeresa Gallardo

Los líderes fuertes de la izquierda de hoy se mueven por otras prioridades, apuntan con más intensidad hacia lo interno y vienen lastrados por crisis económicas que dificultan cualquier proyección internacional.

En México, la segunda economía de América Latina, manda desde 2018 Andrés Manuel López Obrador, encajado en el bloque de la izquierda, aunque con muchos matices que le alejan del perfil clásico. Apuesta por la ortodoxia macroeconómica y cultiva la relación con el empresariado, igual que marca distancia con los movimientos sociales, el feminismo y aplica una política migratoria apegada a los deseos de EE UU. La política de AMLO mira hacia adentro y aunque ha tenido gestos con la Venezuela de Nicolás Maduro, como no reconocer a Juan Guaidó, su interés en liderar el bloque regional de izquierdas es nulo. El asunto de Venezuela responde a la aplicación de la doctrina Estrada de no intervención que México lleva a cabo desde 1930, más que a algún tipo de complicidad con el Gobierno bolivariano que le pudiese complicar su verdadera preocupación: la buena relación con el vecino del norte.

En Argentina, el regreso del peronismo en 2019 también queda lejos de la beligerancia de los años en el poder del matrimonio Kirchner. El presidente Alberto Fernández está volcado en capear una profunda crisis económica marcada por una enorme devaluación de su moneda, la elevada inflación, el aumento del desempleo y la pobreza; agravada por la dureza con la que ha golpeado el coronavirus. Esta situación le deja un margen de maniobra escaso en el desempeño regional, que además le ha generado tensiones al interior de su Gobierno. La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner apuesta por un posicionamiento certero que su jefe no comparte. Quedó patente en la votación de la resolución de la ONU que condena las violaciones de derechos humanos en Venezuela.

Finalmente Argentina votó a favor de censurar a Maduro a pesar de la oposición de sectores del kirchnerismo radical cercanos a Cristina.

La próxima partida se juega en Ecuador, donde una victoria del partido manejado por el expresidente Rafael Correa en las elecciones de febrero de 2021 daría un fuerte impulso a la nueva izquierda latinoamericana.