“El ganador de las elecciones no es necesariamente elegido presidente"

De los últimos tres presidentes de Estados Unidos, dos fueron elegidos con menos votos que su contrincante por el particular sistema electoral estadounidense

El presidente Donald Trump tras un acto electoral en Martinsburg (Pensilvania)
El presidente Donald Trump tras un acto electoral en Martinsburg (Pensilvania)LEAH MILLISREUTERS

En el país que vio nacer a la primera democracia moderna, con permiso de San Marino, se da la paradoja de que el ganador de las elecciones no es necesariamente elegido presidente. De los últimos tres presidentes de Estados Unidos, dos fueron elegidos al cargo habiendo recibido menos votos que su contrincante. Esto se da por el sistema electoral del país, y es que Estados Unidos es una república presidencialista en la que, sin embargo, la elección del presidente se parece más a la de un primer ministro en un sistema parlamentario. Esto se debe a que los estadounidenses no votan directamente al candidato, sino a un cuerpo intermedio que es quien luego elige al presidente. Este cuerpo es el Colegio Electoral de Estados Unidos, y en el caso de la primera elección de George W. Bush en 2000, y la de Donald J. Trump en 2016 eligieron al candidato que menos votos había recibido.

En 2000, Al Gore ganó en número de electores superando en medio millón a Bush. Sin embargo, éste ganó Florida por 573 votos, llevándose la totalidad de los delegados del Estado en el Colegio Electoral. Al ganar un Estado, aunque sea por unos cuantos cientos de votos, los delegados de ese estado en su totalidad van al ganador. En 2016, Clinton superó a Trump en casi tres millones de votos, pero perdió en número de delegados. En su caso también perdió Florida por un ajustado margen.

El Colegio Electoral es un órgano blindado por la Constitución. En el Congreso de Estados Unidos se han registrado hasta 700 propuestas para modificar o eliminar este órgano de elección intermediario sin éxito. Mientras que los resultados electorales suelen coincidir con la dirección del voto del Colegio, se ha dado hasta en 5 ocasiones que este no fuera el caso. Y es que, aunque en principio el reparto de delegados se hace de manera proporcional a la población del Estado, la realidad es que los Estados más pequeños están sobrerrepresentados.

De este modo, California con una población 39,5 millones obtiene 55 delegados, mientras que otros 22 Estados con una población total de 37,8 millones tienen 96. Wyoming obtiene un delegado por cada 193.000 votantes, California recibe uno por cada 718.000. Por otro lado, muchos de los Estados están considerados como baluartes de cada uno de los partidos ya que no suelen cambiar su voto. Esto hace que los candidatos se centren en aquellos estados denominados morados, por la mezcla del rojo republicano y el azul demócrata.

Estados cuyo resultado electoral está en el aire y que otorgan un buen puñado de delegados. Así en 2016 Trump consiguió imponerse por un estrecho margen a Clinton en los Estados clave como Florida, Iowa, Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin que le otorgaron 99 delegados de un total de 538, que fueron suficientes para inclinar la balanza en su favor y traspasar el umbral de los 270 que otorgan la mayoría absoluta necesaria para ser elegido a pesar de no haber conseguido tantos votos como la antigua primera dama.

Las elecciones se decidirán en unos cuantos Estados clave. Presten atención a lo siguientes: Pensilvania, Wisconsin, Michigan, Ohio y Florida.